EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (16) ¿Quién está vivo?

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—En efecto, David. Y yo te agradecí tu respuesta, aunque mi mujer no se quedó muy conforme.

—Vale, pues vayamos al asunto. ¿Puedo saber por qué te has escapado a toda velocidad de este escenario?

—Pues es obvio, amigo. Como me causaste dudas con tu mensaje, simplemente, quise asegurarme. Eres una persona de autoridad, al menos en lo tocante a los asuntos de la mente, por eso me quedé algo confuso con lo que expusiste.

—¿Asegurarte? ¿De qué?

—Vaya, hombre. ¡Qué flaca memoria! Me acusaste nada más y nada menos de estar muerto. ¿Te parece poco?

—Pues claro que lo dije. Si no ¿qué hacemos los dos aquí, conversando como gente que dejó atrás la materia?

—Caramba, ahora que lo mencionas, me temo que eres tú el que permanece en la confusión, vecino. Mira, me he acercado con prontitud a mi casa y he podido comprobar que me encontraba en mi habitación durmiendo tranquilamente con mi mujer al lado, ambos en la confortable cama de metro y medio de ancho que compartimos.

—Vale. ¿Y qué? Eso no demuestra nada. ¡Cuánta gente hay que se despide del mundo terrenal mientras que duerme! Una despedida dulce, por cierto, no la que me sucedió a mí en mi propio coche. Estás cadáver, amigo, y no lo quieres asumir porque te produce incomodidad, como le ocurriría a cualquiera. Yo, al menos, ya he pasado por ese trance y no me coge de sorpresa como a ti. Tu salida debe estar reciente y por eso, te encuentras tan desorientado. ¡Venga, acéptalo! Andrés, tú y yo somos ahora compañeros de duelo. En cualquier caso, permanecemos aquí y desde este momento, te ofrezco todo mi apoyo. Ánimo y que no te dé vergüenza reconocer ciertos hechos. Es duro, pero el primer paso post mortem debe ser la aceptación. Te lo digo por experiencia.

—Ja, ja, ja… —expresó el empleado de banca con hilaridad mientras que se llevaba sus manos a la boca del estómago y balanceaba su figura hacia atrás y hacia delante—. Lo siento por ti, psicólogo, pero estás muy equivocado, je, je. Estoy igual de vivo que tú, al menos en cuanto a pensamiento, pero, eso sí, yo aún tengo el sustento de un cuerpo de carne y huesos.

—Tú deliras, vecino. Estás en el típico estado de aturdimiento que sigue a la muerte —comentó David mientras que apuntaba a Andrés con el dedo índice de su mano derecha—. Confiesa ahora mismo que te has despedido de tu familia, de tu hogar y hasta de la oficina de tu banco. Tus amigos te echarán de menos y tus seres queridos te extrañarán, lo mismo que a mí. Es más, puede que exista alguien que incluso se haya alegrado con nuestra desaparición. De todas formas, seamos justos. Mi intuición me dice que no hicimos mucho mal en vida; por eso digo, que serán más los que nos extrañen que los que se recreen con nuestra pérdida.

—En fin, no sé cómo convencerte. Como comprenderás y a esta hora, muy cerca del amanecer, no voy a discutir contigo en mitad de la calle.

—Tranquilo, no creo que nadie nos escuche. Nadie va a llamar a la policía porque estemos hablando en este tono, incluso de noche.

—Mira, psicólogo, te diré una cosa. Como soy un hombre prudente, hace un momento me escapé a mi domicilio y tomé mis precauciones.

—¿Precauciones? ¿Eh? ¿Acaso te has contagiado con algún virus? ¿Después de fallecer? ¿Qué tontería es esa que me estás contando?

—Es muy sencillo. Me cercioré de que mi organismo estaba respirando. Ya sabes que la gente se muere cuando deja de respirar. Por cierto, también observé cómo mi cabeza efectuaba ligeros movimientos, así como mis ojos. Como podrás suponer, si hubiese abandonado mi cuerpo para siempre, tal y como te sucedió a ti, no habría cogido aire ni me estaría moviendo en la cama. ¿No te parece?

—¿De veras? —respondió David mientras que efectuaba un gesto de rascarse la cabeza, como queriendo entender lo que su vecino le acababa de transmitir—. Perdona, pero, ¿estás seguro de esa afirmación?

—Por completo, amigo. Oye, escúchame, una cosa es que, por desgracia, tú te hayas ido en un lamentable accidente y otra bien distinta, que yo sigo aquí, entre los «vivos». No desesperes; tú también lo estás, aunque de un modo diferente. Además, todo esto es muy fácil de verificar, querido experto en las ciencias de la conducta. En algo más de una hora, yo acudiré a mi puesto de trabajo en el banco, como todos los días laborables del año. Tú, en cambio, no sé lo que harás, pero seguro que no acudirás a esa clínica del norte de Madrid donde desarrollabas tu labor profesional en la consulta. Venga, David, que siempre fuiste de mentalidad científica, no me mires así. Perdona que sea un poco brusco, pero es que ya no sé cómo demostrarte mi hipótesis. Cuando no se quiere creer en algo, pues no se cree y punto. Ya sé que esto te borra la ilusión de estar acompañado, pero es mejor que te enteres de ciertas cosas cuanto antes y de que no albergues falsas esperanzas.

—Vale —admitió David mientras que agachaba su cabeza lentamente en un gesto de aguda decepción—. Noto un gran barullo en mi cabeza y hay cosas que no acabo de comprender. Por favor, ¿me podrías aclarar todo este embrollo? Ya bastantes disgustos he sufrido en esta aciaga jornada.

…continuará…

4 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (16) ¿Quién está vivo?»

  1. Cada vez mas interesante! El Vecino esta desdoblado y sabe lo que es eso que algunos llaman viaje astral. Nuestro David apenas comienza a entender la vida despues de la vida.creo es asi

  2. David sabe que faz parte do mundo espiritual, por isso aconselha Andrés, mas este continua firme em dizer que não morreu, e faz parte do mundo dos vivos.

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Jue Nov 4 , 2021
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—De acuerdo, David —expresó con calma el empleado de banca—. ¿Recuerdas aquella larga conversación que tuvimos en tu casa? —Sí. Me resulta imposible de olvidar. —La verdad es que me ayudaste mucho. Como experto en trastornos mentales, me comentaste que no me obsesionase mucho por la viveza y la […]