SONIA Y LEÓN (93) Eres tú el que lo desea

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—No, nada. Tras contestarle, emitió un lacónico «ah, de acuerdo» y ahí se acabó la brevísima conversación. Entonces, me fui y salí de su despacho. Ya no volví a verle durante la mañana. Hoy, que es viernes, tampoco he tenido ocasión de encontrarme con él. No obstante, he de reconocer que llevo veinticuatro horas dándole vueltas al asunto. Y ¿por qué? Estoy preocupado, ese comentario del jefe no se me va de la cabeza.

—¿Eh? Pues sí que es llamativo. Ese debate nunca nos lo habíamos planteado y mira que ya llevamos unos años de relación.

—Eso digo yo. Pareciera que el Delegado ha abierto la Caja de Pandora…

—Hombre, tampoco hay que exagerar. ¡Anda, no seas bruto, que a veces eres muy radical! A ver, dame tu mano, que vamos a hacer una prueba.

Entre sonrisas de complicidad que solo ellos entendían, León extendió su brazo izquierdo hasta acercárselo a Sonia. Sentados en aquel lugar del restaurante donde se disponían a comer, la chica agarró con fuerza la mano de su enamorado mientras que le miraba fijamente.

—Pero ¿qué haces, mi amor? Realmente, ¿es esto necesario?

—Calla, por favor. A veces, estos remedios no solo deben servir para ayudar a los demás, sino en caso necesario, aplicárselo a uno mismo. ¿No te parece?

—Bueno, tú sabrás lo que haces. Eres la experta. Adelante, pues.

Tras unos instantes de concentración, Sonia cerró sus ojos y con una inusual voz templada, comenzó a hablar en un tono más bajo del habitual.

—León, escucha con atención. Eres tú el que deseas tener un hijo. Hipólito ha sido tan solo un intermediario. Él ha sido inspirado por un buen espíritu para que te recuerde tu compromiso. Ha llegado el momento adecuado de estudiar seriamente el asunto de la paternidad y de tomar una decisión. No tengo más que añadir.

Tras un breve silencio en el que la joven abrió sus ojos con lentitud…

—¿Ya? Caramba, qué rapidez. Un momento, ¿estás de broma? Aclárame algo. ¿Has sido tú la que ha emitido ese veredicto  tan contundente o algún espíritu a través de ti? Es prioritario saberlo.

—Mi boca ha hablado, pero te juro que no he sido yo quien ha elaborado la respuesta. Me han usado como su instrumento, en el mejor sentido de la expresión. Tampoco he visto ninguna presencia por aquí ni tengo conocimiento de qué inteligencia me ha permitido acceder a esa información.

—Sí. De hecho, tu voz ha sonado bastante rara. Está claro que te han alterado las cuerdas vocales. No era tu tono habitual, pero conviviendo contigo, qué quieres que te diga, yo ya no me extraño de nada.

—León, he notado cómo ese mensaje iba dirigido hacia ti. Supongo que quien fuera, deseaba empujarte a pensar.

—¡Eh, que no necesito que me empujen! Ya te dije antes que no podía quitarme esa pregunta de la mente. Además, aquí hay un aspecto que no estás considerando. Puede que yo quiera ser padre, pero… ¿qué opina la mujer que deberá quedarse embarazada?

—¿En serio? —comentó la chica en plan burlón—. ¿He de ser yo tu instrumento para que cumplas con tu destino?

—Que se sepa y por ahora, los niños se tienen en pareja, se precisa de un hombre y de una mujer. De veras, esto ha de ser una decisión consensuada. Está bien que mi jefe me lo haya sugerido o ese espíritu que se ha manifestado a través de tu capacidad, pero siempre nos ha ido bien porque todas nuestras elecciones han sido de mutuo acuerdo. Todavía no he oído tu opinión al respecto de este importante asunto. Hmmm, vale, almorcemos con tranquilidad y dejemos el debate abierto para el fin de semana. Acabamos de empezar. No desearía agobiarme ni agobiarte, pero te recuerdo que tú serías la madre de la criatura. Espero que no se te hayan olvidado las leyes de la reproducción humana.

—Pues tienes toda la razón, cariño. La verdad es que ni me lo había planteado, no ya hoy, sino siquiera a lo largo de nuestra relación. Está claro que esto hay que analizarlo con detenimiento.

—Estoy de acuerdo, Sonia. De todas formas, no estaremos un año con este debate ¿verdad?

—Oye, oye, ¿acaso me estás metiendo prisa? Mira, lo único que sé es que hay un espíritu por ahí que está a la espera de encarnar y pensándolo bien, ha decidido entrar en mi seno para nacer de nuevo a la vida física. Supongo que querrá saber cuanto antes el sentido de nuestra elección. Imagina qué responsabilidad más grande. Seremos los encargados de su nacimiento, de sus cuidados, de su educación, de transmitirle una serie de valores… Uf, creo que ahora soy yo la que se está angustiando con ese compromiso. ¿Has pensado si ese ser que penetre en mi barriga tendrá algo que ver con nosotros? ¿Vendrá para enseñarnos algo, para darnos una lección? ¿Será al revés? ¿Habremos compartido ya historias con él? ¿Tendremos deudas pendientes? ¿Y si fuese alguien como un enemigo del ayer? ¿Me daré cuenta de ese aspecto a lo largo del embarazo? Nunca se sabe lo que la Providencia puede organizar en estos asuntos tan complicados que escapan a nuestro entendimiento. Dios mío, qué incertidumbre… Oye, León, para haber tú iniciado este debate, te noto demasiado tranquilo. Caramba, empatiza conmigo, ponte en mi tesitura, que estamos hablando de algo que será para siempre.

…continuará…

4 comentarios en «SONIA Y LEÓN (93) Eres tú el que lo desea»

  1. Tremenda Responsabilidad!!!Lo Bueno De Todo Es Que Los Padres Estaran Juntos Supongo, No Es Tarea facil Ni Dificil, Solo Se Requiere Compromiso y Ellos Dan la talla!!Moral,Economica Y Espiritualmente ya Estan Preparados

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