SONIA Y LEÓN (73) El mejor regalo

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—Tras abrazarme con su mayor muestra de amor, me dijo: “Hipólito, bienvenido a mi mundo, a tu mundo desde ahora. ¿Recuerdas lo que hablamos en el hospital antes de despedirnos? Ahora ya lo sabes. Estúdialo, profundiza en él, conócelo. Es tu destino. Sé fuerte, esto solo ha sido una señal, porque la necesitabas. Yo siempre estaré contigo y el día que te corresponda, no te abandones a la ansiedad: acudiré a recibirte tal y como me estás viendo esta noche. Ahora, descansa, mi amor. Cumple con tu compromiso. Yo te amaré siempre”.

Aquel veterano señor, con las palabras entrecortadas, no pudo seguir con su discurso. Rompió a llorar como un crío mientras que se dejaba envolver por la más intensa emoción, al recordar aquella escena tan esencial que cambió su vida. Contagiados por la energía del ambiente, por la viveza de lo expresado, Sonia y León se levantaron y ambos se fundieron en un abrazo eterno, compartiendo la magia de la situación. ¿Cuánto tiempo pasó? Imposible saberlo con exactitud, mas para la pareja, aquella escena debió ser similar a la que el propio Hipólito experimentó junto a Carmina en la habitación de su hotel hacía como unos diez años. Con los ánimos algo más calmados, la voz de la joven se dejó oír:

—¡Dios mío, Hipólito! Si usted supiera cuándo deseo tener entre mis manos esa obra para leerla, estudiarla, para profundizar en ella. Encontraría tantas y tantas respuestas a todas mis dudas…

—No debes preocuparte por esa cuestión, querida. Aguarda aquí y verás.

Durante unos segundos, el Delegado se dirigió hacia un mueble biblioteca que había en la sala y sabiendo con exactitud lo que buscaba, asió con su mano derecha un libro que al poco, le entregó a la chica con delicadeza.

—No puedo creerlo, señor. Esto parece un sueño hecho realidad. Es como tener un deseo y que te lo concedan al instante. Mira, León. ¿Has visto de lo que se trata? Tengo delante de mis ojos el mismísimo “Libro de los espíritus”. ¿No es fantástico todo esto que está ocurriendo?

—Pues claro que sí, mi buena amiga. Es para ti, un regalo muy singular, pues cuando uno vive una experiencia tan emotiva como la que os he contado, lo único que desea es compartirla con alguien muy especial. Han transcurrido miles de años, pero la criatura humana continúa siendo un ser social. ¡Quién mejor que tú para recibir esa obra! Estoy convencido de que aprovecharás toda esa enseñanza sublime contenida en esas páginas. Intuía que este encuentro de hoy podía resultar grandioso, pero creo que ha superado mis mejores expectativas. Confieso que me siento enormemente feliz y estoy seguro de que en esta casa, numerosos espíritus se congratulan de nuestros sentimientos. ¿No os parece, amigos?

—¿Puedo intervenir, jefe? Estoy tan asombrado por todo lo que ha pasado desde que entramos por esa puerta que no doy crédito. Hubiese resultado imposible imaginarlo con antelación. Comprendo perfectamente la tozudez de Sonia al respecto de que hablase con usted acerca de su relación con los espíritus. ¡Cómo encajan las cosas!

—Me parece muy bien, León. Puedes comentar lo que te dé la gana.

—Verá, don Hipólito, esto es una completa sorpresa para mí y poco a poco, conforme se iba desarrollando la conversación entre nosotros, he tomado conciencia de un aspecto. Señor, es usted una persona fascinante. Claro, yo le veo casi todos los días en ese despacho tan grande de la primera planta, con su responsabilidad, con su capacidad para gestionar el trabajo y a los que estamos bajo sus órdenes, en fin, uno contempla a los jefes siempre desde la distancia. Y sin embargo, ya ve, nada más engañoso. Es cercano, humano y tiene un pasado cargado de historia. Lo que sucede es que, a menudo, nos conformamos con quedarnos en la fachada de alguien y nos olvidamos de lo más importante: su interior. Esta tarde he descubierto esa dimensión en usted y no sabe cómo me alegro. Va a seguir siendo mi jefe, claro, al igual que yo su subordinado, pero en mi corazón sabré que existe un vínculo de afecto que traspasa las barreras sociales y esas apariencias que, con frecuencia, separa a las personas.

—Comparto ese sentimiento, León. Gracias a Dios, se dan ocasiones en las que nos desprendemos de nuestras máscaras y podemos así, conocer el verdadero rostro del ser. Creo que eso es precisamente lo que hoy ha salido aquí, la revelación de quienes somos.

—Qué bien, don Hipólito —añadió Sonia—. Yo también quisiera añadir algo a esta buena reunión entre gente tan afín. Mire, su impresionante relato me ha hecho reflexionar conforme le escuchaba. Pienso que cada uno entra en contacto con esa otra dimensión, que al principio nos resulta extraña, cuando nos toca, o mejor dicho, cuando nos pertenece. Hay etapas en la vida en la que debemos dar un paso adelante. El momento llega, y debemos estar preparados para no renunciar a esa gran oportunidad. He conocido a personas que no se han atrevido a cruzar esa frontera, tal vez por la inseguridad que les generaba, por no renunciar a la comodidad que poseen o incluso por cobardía. En mi caso, desde que era una adolescente, descubrí esa capacidad para “tocar” a los otros y a través de eso, recibir una ingente cantidad de información. Al principio, ni yo misma le daba a eso mucha trascendencia y tampoco le atribuía mucha importancia. Hasta pensé que esa aptitud sería algo provisional y que desaparecería con el tiempo. No ha sido así, desde luego. Reconozco que se trató de un hallazgo que puso en peligro mi equilibrio mental, mis relaciones con los demás, pero, gracias a Dios, pude reflexionar, me recompuse y tras algunas dudas, aprendí a lidiar con ese fenómeno.

—Por tus palabras —expresó el Delegado—, se nota esa lucha interior, una lucha a la que se ven abocados todos aquellos que experimentan tu proceso.

…continuará…

6 comentarios en «SONIA Y LEÓN (73) El mejor regalo»

  1. Mi pregunta, aunque creo que la respuesta es obvia, se refiere a los nombres de ambos personajes: «Hipólito » y «León «; hacen alegoría a nuestro querido codificador Allan Kardec?
    Hipólito León Denizard R.?
    Gracias.

    1. Te juro, María, que en absoluto. Gracias por decirlo, pero es la primera vez que lo pienso. Yo no creo en las casualidades, pero te puedo asegurar que esos dos personajes y sus nombres surgieron sin esa intención. Gracias por tu aportación. Me hizo reflexionar. Abrazos.

  2. Que bonito, húmano y sencillamente intenso! que bueno encontrarse con personasque esten en la misma onda…que las conversaciones esten impregnadas de espiritualidad!Esbello y se ensancha el espiritu!!

    1. Claro que sí, Samora. Es obvio que nos aproximamos porque somos compatibles y porque nos hallamos andando el mismo tramo de la evolución. Afinidades del alma. Besos y buen fin de semana.

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