SONIA Y LEÓN (98) Compromiso con el progreso

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—Sí, ya está. Oye, Sonia, te voy a hacer una pregunta. Después de todos estos años de entrega a esa labor silenciosa y anónima, callada, pero tan productiva, ¿cómo te observas a ti misma?

—Sé a lo que te refieres, Hipólito, porque estamos hablando de esos temas que llenan la vida de una persona. Mira, tardaría horas en responder a esa pregunta. ¿Podrías en un minuto condensar años de consejos y de aprendizaje? León, que es quien mejor me conoce, sabe de esas dificultades. Ni todas las jornadas me siento receptiva ni todos los días amanezco con la mente clara y disponible para ofrecer las mejores sugerencias. Sin embargo, no me martirizo por ello: es que no somos perfectos y queda mucha distancia aún para aproximarnos a ese estado. Evolucionar en esa tarea, desde mi perspectiva, forma parte de mi destino. De no ser así, ¿para qué estaría aquí, en el mundo, enfrentándome a una serie de desafíos que no son sino estímulos para impulsar mi progreso? He ido cambiando, «señor Delegado», lo que es sinónimo de evolución. Así debe ser. Es un proceso normal que se produce en cualquier actividad que emprendes. Y desde luego, deberé seguir aprendiendo para no estancarme, que es el gran peligro de los que reposan alegremente en el lecho de su propio orgullo. Hace ya tiempo que tengo claras ciertas cosas y realmente, me siento satisfecha de ello.

—Como estudioso del Espiritismo, mi buena amiga, ¿cuáles son esas cosas que tienes tan claras?

—Trataré de explicarme y de centrarme en lo esencial. En primer lugar, destacaría que jamás se me ha ocurrido obtener cualquier tipo de ganancia económica con este asunto. Es cierto que, a veces, las personas han tenido detalles conmigo, jamás de dinero, pero no porque yo lo pidiese. Haber rechazado esos gestos de gratitud hacia mí les hubiese hecho sentir muy mal. Lo hacían por propia iniciativa, una manifestación de agradecimiento, sencillamente. ¿Quién soy yo para criticar esa reacción, esa actitud? Hipólito, si Dios colocó esa «capacidad» en mí gratuitamente, ¿por qué iba yo a emplear esa facultad de otro modo? Ha pasado tiempo y no albergo dudas. Vincular esa actividad de apoyo o de ayuda a un beneficio económico habría supuesto un completo desastre para mí.

—Escuchándote, te lo aseguro, Sonia. Actuaste en conciencia e hiciste lo mejor.

—Otro aspecto que he desarrollado es la prudencia. ¡Cuán necesaria es! Frente a la fuerza arrolladora de mis comienzos, que era como transmitir todo lo que llegaba a mi pensamiento, ahora medito mucho más todas mis respuestas. No es que las manipule, solo trato de adaptarlas al perfil de la persona que tengo enfrente. De manera intuitiva, sé acerca de la conveniencia o no de decir lo que siento. Soy un vehículo, nada más, pero incluso ese vehículo puede ser conducido más deprisa o más lento, con una brusquedad primitiva o con la dulce suavidad del terciopelo. De eso se trata, de modular el mensaje conforme al individuo que me pregunta. Y es que la misma verdad, tiene muchos modos de ser comunicada. Otro matiz importante es dejar abierto siempre el futuro.

—A ver, ¿puedes ser más explícita? —intervino el Delegado con cara de extrañeza.

—Desde luego. En la existencia, hay cosas que ocurren que constituyen pruebas y que por más que pretendamos evitarlas, nos van a suceder igualmente. Ante estos hechos, que muchos pretenden esquivar, hay una actitud constructiva: mudar nuestra actitud. Si algo ya está definido porque forma parte de nuestro sabio aprendizaje ¿por qué no cambiar el talante con el que lo abordamos? Ahí está la libertad del sujeto, su motivación para vivir, su capacidad para reaccionar frente a las adversidades. Pues, ¿qué sería de la vida sin obstáculos? ¿Un plácido paseo en barca por la laguna de un parque? Quien construye un navío no piensa en que permanezca protegido todo el tiempo al abrigo de un puerto. Lo lógico es que salga a surcar los mares, incluso con temporales, porque está en la misma esencia del barco el tener que viajar y atravesar océanos. Mi enfoque es que cada uno que escuche, encuentre las respuestas por sí mismo. Por eso hablo de un futuro abierto, porque lo mío son orientaciones, que en función del sujeto, puede traducir o no a hechos. Es su entera voluntad. Sabemos que las pruebas nos fortalecen, pero no todo el mundo está dispuesto a escuchar eso. Ahí es donde hay que afirmar: «ha surgido esta dificultad en tu vida, pero tú eres el encargado de reaccionar de la forma más adecuada. Nadie va a realizar un trabajo que solo a ti te corresponde. No te dejes vencer por la pasividad». Yo lo he comprobado en mis propias carnes. No existe ningún problema que se resuelva por el mero paso del tiempo. Creer eso, no luchar, pensar que los obstáculos van a desaparecer sin hacer nada, es una completa ilusión. Esa es la realidad de muchas de las personas que entran en el café Ágata buscándome. Yo no puedo cambiar a la gente; me limito a ofrecerles solo indicaciones, que por supuesto, pasan por el filtro de la razón antes de que salgan por mi boca. Ese es el camino, mi verdadero reto, siendo consciente de todo lo que me resta por aprender. Ahora discernirás bien lo mucho que me ha ayudado ese libro a la hora de entenderme mejor a mí misma y de orientar ese «fenómeno» que digamos, forma parte de mi esencia, de mi vida.

—Escuchando con atención todo eso que has relatado, permíteme que te diga que me siento orgulloso de tus palabras. Desconozco tus antecedentes de siglos, pero los efectos que generaste en su día se vincularon a nuevas causas y aquí estás, Sonia, para organizar todo ese puzle dentro de ti que ha de impulsarte a la auténtica transformación, esa que te acerque un poquito más cada día a la felicidad que te brindan el conocimiento y el amor a tus semejantes. Has pisado fuerte el acelerador de tu vehículo y es lógico, que a ciertas velocidades, surjan la inquietud y el vértigo, pero observo que estás más que capacitada para encarar las curvas de tu camino. Felicidades, amiga.

—Hipólito, las cosas surgen cuando surgen. Al principio de todo esto, no sabía ni cómo actuar. Estaba desorientada, pero una voz que me hablaba desde la intimidad, fue mi principal guía. Ahora que he madurado algo, te puedo decir que me siento como un eslabón más de esa infinita cadena que supone la vida.

—¡Bella metáfora, amiga!

…continuará…

2 comentarios en «SONIA Y LEÓN (98) Compromiso con el progreso»

  1. Capítulo fantástico. Como é bom ter alguém que nos auxilia no caminho do bem, como você amigo,

  2. Hipolito ha sido el catalizador que ha acelerado la evolucion espiritual de Sonia!! y ella como esponja ha sabido absorver el conocimiento teorico que le faltaba a sus facultades practicas.Excelente!

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