SONIA Y LEÓN (38) ¿Buenas o malas noticias?

—Pues la verdad es que te lo agradezco —respondió Joaquín mientras realizaba un gesto de complicidad con la dueña del café al ponerle su mano en el hombro—. ¡Eh, Carmen! ¿Te queda mucho? Que luego llegamos tarde.

—Ya acabo. Jefa, ¿puedes venir a ayudarme un momento, por favor?

—Sí, voy. Pues nada, Joaquín, encantada de haberte visto de nuevo. A ver si te pasas por aquí con más frecuencia y te tomas algo con nosotras.

—Ya quisiera yo, pero sabes que trabajo en horario partido de mañana y tarde y la verdad, es que no dispongo de mucho tiempo.

—Entiendo, pero no te quejes tanto, que seguro que yo me paso más horas aquí que tú vendiendo tus productos. Eso sí, el negocio funciona, pero a base de dedicarle mucho sacrificio.

—Eso es lo importante, Sonia y más siendo tres mujeres como vosotras, tan jóvenes.

—Bueno, me despido. Voy a comprobar qué le pasa a Carmen. Feliz Año y que todo vaya bien.

—Igualmente para ti y para tu novio.

Segundos después…

—¡Ay, Dios mío, me tienes ansiosa, Sonia! Dime algo, lo que sea. ¿Qué has percibido? ¿Buenas o malas noticias?

—Pues te vas a llevar una decepción, amiga. No quiero ser aguafiestas, pero es que no he recibido de él nada de nada, ni la más mínima sensación. Recuerda que te lo advertí, que era una posibilidad real. No tengo control sobre mis capacidades. Lo lamento, Carmen, porque ya has visto que nos hemos abrazado, incluso con más intensidad de la normal, pero a mí no me ha llegado ninguna impresión. Se ve que no era el momento. Lo siento, esperaba algo, pero lo que no voy a hacer es engañarte para salir del paso.

—Vale, tranquila, jefa. Era una carta con la que había que jugar y al final, pues no ha podido ser. Otra vez será. O tal vez, lo mejor sea recordar tu consejo del otro día, charlar con él seriamente y aclarar cualquier malentendido. En cualquier caso, lo que sea, lo haré una vez que terminen las fiestas.

—Muy bien, Carmen. Venga, vete ya, que tu novio va a sospechar por la tardanza. Ya hablaremos más adelante.

—Adiós, gracias por tu gesto y por darme permiso para divertirme un poco.

*****

—Entonces, es cierto que no observaste nada especial —prosiguió León con la charla.

—Pues claro que sentí algo.

—¿Eh? No te comprendo, Sonia. ¿Y por qué motivo no le dijiste la verdad a tu compañera?

—Lo vas a entender fácilmente. Primero, noté que no era el momento más adecuado para hablar de ello. Ella se hubiera ido muy inquieta y con una gran preocupación en su ánimo. Y segundo, lo que experimenté, no fue precisamente alentador. Con el tiempo, cariño, he aprendido a controlarme y ahora, tengo claro cuándo hablar puede ser perjudicial para la persona que tengo delante, por lo que debo mantener la calma. Bien es cierto, que en otras ocasiones, sí que he comentado lo que me llegaba a la intuición, pero en el caso de Carmen, juzgué oportuno no decir nada. No solo es importante saber hablar, sino también, cuándo una debe callar. En definitiva, León, que he aprendido a regular ese impulso de revelar todo lo que me viene al pensamiento.

—Hiciste bien, Sonia. Creo que actuaste con prudencia. Tengo una gran curiosidad, que es saber por qué dijiste antes que lo que habías intuido no era como para animarse.

—¿De verdad que quieres saberlo?

—Claro que sí. Quedarme ahora en blanco me produciría una gran desazón por dentro.

—De acuerdo. Me gustaría escuchar tu opinión, porque tal vez tú tengas otro punto de vista sobre lo sucedido. Mira, León, cuando abracé a ese hombre, una imagen muy clara se me presentó en la cabeza. Vi a Joaquín en compañía de una mujer, muy acaramelados, muy ardientes el uno con el otro.

—¿Y pudiste reconocerla?

—No tenía ni idea de quién podía ser. Sin embargo, sí podía describirla. Rubia, de piel muy blanca, como de unos treinta años de edad y de muy buen aspecto, seguramente el tipo femenino que le encanta al novio de Carmen. La actitud de él en mi corazonada no dejaba lugar a dudas. Noté una fuerte pasión entre ellos, un estrecho vínculo más bien relacionado con el aspecto sexual.

—Entonces, la cosa está más que clara. Acorde a esa representación que viste, Carmen no es una paranoica que sospecha a todas horas de su novio o una celosa empedernida. ¡Es que tiene motivos para estar preocupada! Sencillamente, Joaquín la engaña con otra.

—Espera, espera. No vayas tan deprisa en este primer día del año. Esas imágenes no son un modelo matemático que lo explique todo. Se trata de golpes de intuición, pero nada me asegura que sean completamente ciertos. Es preciso investigar la cuestión, contar con más datos.

…continuará…

3 Replies to “SONIA Y LEÓN (38) ¿Buenas o malas noticias?”

  1. Ni en las Novelas Se Puede Confiar En Los Hombres!!! A La Final..no Aman como Ama Una Mujer!!
    nada…se enamoran de otra, se van,o se mueren!!!

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