SONIA Y LEÓN (90) Entre vidas

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—Es sencillo, Sonia. En tu trayectoria, pesarán siempre las buenas acciones, pero tendrán más peso aún, todos aquellos actos que hayas realizado venciendo la innata tendencia que tenemos hacia el egoísmo. De eso precisamente es de lo que hay que despojarse. Ya ves que no descubro nada, solo confirmo la enseñanza de los más reputados sabios a través de los siglos. De este modo, luchando contra esa inercia individualista, es como consolidaremos nuestro avance. El camino es el amor y el amor es el camino. Podemos desarrollar muchas convicciones, pero sin duda, esta es la más esencial. Se ha dicho que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta. Pues bien, apliquemos ese axioma a nuestro proceso de transformación. Todo lo que haces por amor es como enderezar un camino que a veces, llenamos de curvas, con nuestras interrupciones, defectos o fracasos, pero que a su vez, nos sirven para aprender y para intentarlo de una mejor forma en la próxima ocasión.

—Hipólito, esas palabras me han parecido geniales a la hora de describir nuestro paso por esta tierra —respondió la joven mientras asentía con su cabeza en un gesto de ternura—. Se ve que has estudiado en profundidad y a la luz de esas enseñanzas, el paso de las almas por esta dimensión. Ahora que lo pienso, me ha venido a la mente un asunto por el que quería preguntarte. Verás, tampoco hay mucha información al respecto en el libro.

—Pues tú dirás, amiga —expresó el Delegado abriendo sus manos con delicadeza.

—Sabemos que volvemos aquí las veces que hagan falta, o sea, que es preciso reencarnar para continuar progresando. Pero… ¿qué ocurre exactamente durante ese período de transición que ellos denominan como «erraticidad»?

—Ciertamente, tienes mucha razón, Sonia. No es un tema en el que se extienda «El libro de los espíritus». Tal vez porque en el momento en el que se escribió el texto, esa información no fuese demasiado útil o simplemente necesaria. Nunca debemos perder de vista los contextos históricos en los que se publican las obras. Yo también me he planteado a veces esa misma pregunta. Todo lo contenido en esas páginas se reveló por una razón. Sucede algo parecido con los inventos. Surgen cuando surgen, en su momento oportuno; lo mejor es pensar que cada avance aparece cuando la humanidad lo necesita, no antes. Para escuchar ciertas cosas, los oídos han de estar preparados y la mente abierta y en disposición. En caso contrario, descubrir algo nuevo pasaría desapercibido. Sin embargo, contamos con la herramienta perfecta para aclarar esa cuestión: el sentido común. A menudo, basta con estudiar los efectos para remontarse a las causas. Los médicos lo suelen hacer en su labor, es decir, preguntan por los síntomas para establecer el origen de una dolencia. Mi criterio es que en ese intervalo entre las existencias materiales, el espíritu se prepara para encarnar de nuevo.

—Se trata de un buen acercamiento al asunto, pero ¿qué es lo que sucede realmente?

—Eso digo yo también, jefe. ¿Qué pasa en ese período? —se sumó de repente León a aquel interesante debate.

—Podría contestar a eso con dos consideraciones. Primero, es normal pensar que durante esa etapa, el espíritu reflexione sobre lo que ha obrado en su última vida física. Tengo claro que lo habitual será que existan otros espíritus alrededor del primero acompañándole en ese trascendental momento de análisis. Todo esto va a depender del nivel de elevación que haya alcanzado esa alma que se halla en la «erraticidad». Quizá no precise de ese apoyo, porque ya ha llegado a un nivel de desarrollo relativamente avanzado. Procediendo de donde procede, es decir, de este planeta tan atrasado, lo lógico sería que necesitase de esa ayuda tan conveniente. De no ser así, le resultaría muy costoso tomar conciencia de los fallos cometidos, de la naturaleza de sus caídas, de todos esos comportamientos y actitudes que han podido estancarle. Es necesario que el alma pase por ese proceso, para que en compañía de los buenos asesores espirituales, medite sobre lo ocurrido y establezca un plan para el futuro. No solo me refiero a lo hecho, también a lo que dejó de hacer, que a veces, es igual de importante que lo cometido. En otras palabras, no solo hablo de las malas obras sino también, de las buenas que se dejaron de realizar. Fijaos bien, porque la ignorancia se alimenta de la pasividad, de la falta de voluntad por descorrer la cortina de la sabiduría, del camino correcto. Hemos de dejar paso a la luz y no temerla, para no vivir más entre tinieblas, entre esa densa niebla que nos ralentiza el paso e impide el movimiento hacia delante. La luz que nos transfigurará será la que nos permita amar al prójimo, la asimilación de la sabiduría y su puesta en práctica junto a los hermanos que nos acompañan en este trayecto inmortal.

—Es sencillamente maravilloso, Hipólito. Y ¿cuál sería la segunda parte a acometer durante ese período que se produce entre vidas? —preguntó la joven.

—Continuando con mi sentido de la razón, pues nunca debemos alejarnos de ella, os he hablado acerca del análisis, de comprender aquello que hemos hecho en la última existencia, tanto errores como aciertos. Pues bien, ahora llegaría la continuación lógica del procedimiento. Si el objetivo planteado es retornar a este plano físico para seguir mejorando a través de la reencarnación, lo aconsejable será que los buenos espíritus nos aporten las recomendaciones oportunas y que nos sitúen en el entorno adecuado para continuar trabajando con todos aquellos aspectos que se hallan pendientes de mejora. Mirad, hay compromisos con los que volvemos a este planeta. Algunos se cumplen, otros no. En el peor de los casos, el alma se estanca y no cumple prácticamente con ninguno de los objetivos previstos. Dios, como organizador supremo de la vida, es tan misericordioso que nos concede otra oportunidad, las necesarias para perseguir nuestra evolución.

—Un momento, jefe —interrumpió León con gran curiosidad en su rostro—. Pongámonos en lo más positivo, quiero decir, en que el espíritu alcanza sus objetivos. ¿Qué sucede en ese caso?

—Pues aparte de recibir las correspondientes felicitaciones, como acontece aquí, nos proporcionarán otras metas que aceleren nuestra transformación hacia la sabiduría y el amor. Al igual que le ocurre al estudiante avanzado, pues simplemente, pasa de curso. Es solo una comparación, pero la he puesto para que lo entiendas bien.

…continuará…

4 comentarios en «SONIA Y LEÓN (90) Entre vidas»

      1. Parabéns pelo desejo de ampliar seus conhecimentos. Pessoas como você aprendera mais rápido, pois é dedicado, não é mesmo? Trilhar novos caminhos é fundamental… Abraço,

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