SONIA Y LEÓN (36) ¿Paranoia o realidad?

—Caramba, qué ignorancia la mía —respondió con preocupación Sonia—. ¿Va algo mal entre vosotros?

—Si fuese solo algo lo que va mal… En verdad, me estoy refiriendo a su actitud. Verás, mi Joaquín siempre ha sido un poco ligón. Ha sido una constante en su trayectoria como hombre y ¡ya me tiene harta! No se puede vivir así, sospechando que tu pareja te engaña. Podrás creerme o no y no te niego que mi carácter paranoico a veces me juegue malas pasadas, pero es que cuando estoy aquí, con frecuencia me poco a pensar en lo que estará haciendo. Su tendencia me exaspera y me hace sentirme insegura. Entiendo que él es guapo, que su sola presencia atrae a otras mujeres, pero… si tanto le gusta despertar el interés entre la población femenina ¿por qué no me deja de una vez? Soy consciente de que no comparto ese atractivo que él posee, alguien con tan buena imagen, que se cuida, tan deportista… Por eso llama tanto la atención y me hace sufrir en silencio. En resumen, que mi paciencia está alcanzando su límite máximo.

—Te entiendo, Carmen, pero la pregunta fundamental en todo este lío es: ¿tú le quieres?

—Pues claro que le quiero, pero él también podía hacer algo por cambiar ¿no? No deseo ser una mujer conformista y tampoco me gusta vivir con esa maldita sospecha sobre mi cabeza acerca de si me estará engañando o no. Son muchas horas de tarea aquí y mientras, él, con su trabajo de venta a domicilio, pues aprovechando la ocasión para conocer a otros clientes, entre los que sin duda, existirá más de una mujer que, al verle en la puerta y con su habitual encanto, comenzará a acelerar su corazón.

—Vale, segunda pregunta. ¿Le has cogido alguna vez en una mentira? ¿Has tenido pruebas fehacientes por el testimonio de alguien de que él te estaba siendo infiel? ¿Has sido tú misma la que le has sorprendido en una situación de ese tipo? Es que verás, te lo digo como amiga, una cosa es lo que sucede y otra bien distinta, lo que imaginamos que sucede.

—Ya. Joaquín es muy astuto. La verdad es que no sé cómo se las ingenia, pero es cierto: jamás he podido cazarle en un engaño. Y sin embargo, una terrible sospecha corroe mi corazón, de modo que estoy desconcertada y sin saber lo que hacer. Le quiero desde que le conocí, pero, realmente ¿merece la pena seguir con una relación en la que pesa tanto mi continua desconfianza? Cuando le pregunto, siempre lo niega todo, afirmando que mi fantasía se desborda. Me planteo cómo alejar de mí este permanente recelo.

—Bueno, Carmen, puedes hacer una cosa muy fácil: hablar con él seriamente. Busca el momento oportuno, sentaos con tranquilidad y expón tu punto de vista. ¡A ver lo que él responde! Obsérvale con atención, comprueba si sus palabras son coherentes con sus gestos. La mímica y la expresión de la cara normalmente nos dicen más cosas que un discurso bien organizado y adornado de bellas frases.

—Pero, Sonia, no quisiera llegar a ese extremo. Sería como ponerle entre la espada y la pared. Piensa por un momento en su reacción: creo que se sentiría muy molesto por mi falta de fe en él.

—Sí, pero es que ese es el meollo de la cuestión, justamente tu falta de confianza. Tendrás que decidir si de verdad quieres resolver tus dudas.

—Claro que sí.

—Entonces, si lo tienes claro, deberás dar un paso hacia delante y hacer lo que te he contado. Es posible que se trate de una apuesta arriesgada, pero necesaria en tus circunstancias. Tal vez sea mejor aclarar este enigma antes de continuar avanzando. Si no, después vendrán los disgustos y te arrepentirás por no haber actuado antes. Oye, Carmen, eres libre de elegir, pero vivir con esa intranquilidad, con el tiempo que lleváis juntos, creo que no sería bueno para ti. Has de ser congruente contigo misma y si dudas de tu relación, mal camino será ese. Si deseas esclarecer tu futuro, se hace necesaria una buena charla, yendo directamente a la raíz del problema, sin disimulos ni tonterías.

—Vale, gracias por tus consejos. Son sinceros y están llenos de lógica. De todas formas, voy a pensar en ello y me tomaré un tiempo. Ahora llega la Navidad, las reuniones familiares y todo eso. No creo que sea la mejor época para ahondar en ello. En fin, por favor, ya sabes que este asunto es confidencial. Ni siquiera Elisa debe saberlo. Una cosa es que trabajemos muchas horas juntas y otra bien distinta que ella deba conocer mis intimidades. Ya bastante mal lo paso como para añadir otra preocupación.

—Mi boca estará sellada, ya lo sabes. Quédate tranquila y si surge cualquier novedad, me la comentas. ¿Vale?

—Un momento, acabo de recordar una cosa, algo que me vendría muy bien en esta historia —expresó la camarera mientras que sus pupilas se dilataban—. Dios mío, ¿por qué no se me ocurrió antes?

—Caramba ¿y qué es eso tan importante en lo que has pensado? No me digas que le vas a poner a prueba.

—Es justamente lo que pretendo hacer. Venga, dime tu opinión. Oye, somos amigas y debemos apoyarnos. Te lo pido por favor.

—Adelante, te escucho. ¡Vaya mirada, Carmen! Me intrigas.

—Cuando estemos por las fiestas navideñas, yo le voy a traer aquí. Le diré que me recoja para ir luego de compras o al cine. Entonces, le esperaré dentro. Ese será el momento de tu intervención.

—Venga ya, mujer. Sé por dónde vas. Mira, no dudo de tus ganas por resolver este enigma pero, ¿de verdad crees que es un buen plan?

…continuará…

4 Replies to “SONIA Y LEÓN (36) ¿Paranoia o realidad?”

    1. Sim, ela terá que descobrir provas para ficar tranquila a respeito do seu namorado. Beijos e ótima semana, Cidinha.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *