EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (98) Estoy preparado

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—Vale, vale, pues será pronto. Ya me encargo yo de decírselo a ella. Pues eso, me voy con el corazón lleno. Tengo que recoger a mi hija, precisamente, que hoy ha ido a una excursión a la sierra y no resta mucho para que esté de vuelta. Oye, Sandra, ¿qué te parece si quedamos un día y dejamos que las dos crías se conozcan?

—Sí, claro. Por mí, no existe ningún inconveniente. Ojalá que puedan llevarse bien.

—Estoy convencido de ello. Entonces, perfecto. Me voy por donde vine. Me va a resultar difícil olvidarme de las escenas vividas aquí.

—¿Qué me vas a decir a mí, Alonso? Todo esto ha quedado grabado en mi memoria a fuego. Anda, Paula, dile adiós a Alonso, que es un buen amigo de papá. Lo conoce desde hace muchos años y se llevan de maravilla.

—Adiós, señor. Por favor, ¿le puede decir a mi papá que no tarde mucho en volver?

—Claro, cómo no. Procuraré hablar con él para comentárselo. Y si no pudiera ser, recuerda lo que te dijo. Por la noche, cuando sueñes, él vendrá a verte.

—Vale, pues no te olvides de decírselo. Adiós.

—Hasta pronto, Sandra —se despidió Alonso mientras que se ponía de pie y se dirigía hacia la puerta—. Si me lo permites, te daré un abrazo.

—Adiós, Alonso. Gracias por este imborrable recuerdo. Y perdona por mi enfado al principio. La ignorancia puede llegar a ser muy osada.

Un poco más tarde, ya abajo, en la calle…

—Mucho ánimo, David. Piensa en lo mismo que tú has dicho, en toda esa energía amorosa que te llevas. Lo mereces, al igual que ellas se van a quedar con la tuya.

—Lo sé, Viktor, lo sé. Este es un momento trascendente para mí, soy consciente. Por cierto, quería preguntarte una cosa. ¿Cómo fue eso de que mi hija pudiese percibirme, oírme y verme, tal y como le sucedía a Alonso?

—Te lo explicaré. Aquel día en el que penetraste en la casa de tu paciente, yo le realicé una pequeña intervención en su cerebro para que, durante un tiempo, él pudiese distinguirte. Pues hoy ha sucedido justamente lo contrario, o dicho en otras palabras, se ha quedado como estaba antes de conocerte. Digamos que Alonso ha vuelto a la «normalidad».

—Sí, eso lo entiendo. Pero ¿y mi niña? ¿Qué ocurrió con ella?

—También hay una respuesta para eso: antes de que tú llegases a tu antiguo hogar, me pasé por tu vivienda. Repetí la intervención con Paula, le activé ese mecanismo a través del cual se permite la percepción espiritual y luego, al rato y como ya conoces, invertí esa operación. Era necesario, mi buen alumno. Tenía que ser el elemento diferenciador para que esa reunión tan importante entre vosotros cumpliese sus objetivos. El perfil de Sandra ofrecía resistencia, me di cuenta de eso hace tiempo. Su receptividad estaba comprometida y como te imaginarás, yo no podía permitir que ese reencuentro que tanto ansiabas pudiese acabar en fracaso.

—Bien, empiezo a entender. Está claro que nada se deja al azar. Y… ¿esa intervención que has hecho le dejará alguna secuela?

—En absoluto, David. Puedes estar tranquilo. Dentro de no mucho, ya te centrarás en la parte técnica de estas cuestiones, pero no adelantemos acontecimientos, porque eso por lo que preguntas formará parte de tu próximo aprendizaje.

—Increíble, te encargas de todo.

—Con la operación sobre tu hija, todo se suavizó y el hecho de que tu niña pudiese interactuar contigo con tanta naturalidad, inclinó la balanza definitivamente a favor de la veracidad del encuentro sobre la única persona que tenía dudas acerca de lo que estaba pasando. Le doy un sobresaliente a tu antiguo paciente. Además de que le curaste, estuvo a la altura de la ocasión. Para mí, fue emocionante. Estuve presente todo el tiempo, aunque solo me observaste al final. Querido amigo, era necesario que se desarrollase así. Todo ha funcionado. ¿Satisfecho, pues?

—Desde luego, Viktor. A mí me hubiese gustado prolongar la visita. Tenía tantas cosas que exponer, desahogarme de todas esas cosas que llevaba por dentro… Sin embargo, cuando me aconsejaste que me fuera despidiendo, lo entendí perfectamente. Prorrogar la escena hubiese sido contraproducente tanto para Sandra como para Paula. También para mí. Duró lo que tenía que durar y no hay nada más que comentar.

—Hablas con sabiduría y equilibrio, David. Estás asimilando el estado de las cosas y eso dice mucho a favor de ti.

—Gracias, Viktor. Las emociones no paran. Estoy a la expectativa de que me indiques el próximo paso a dar. Después de todo lo ocurrido, me siento preparado para seguir adelante.

—Me encanta saber de tu actitud. Mira, hay muchos espíritus que se quedan atrapados en esta fase, adoptando una posición de rebeldía. Ante eso, poco se puede hacer. No podemos alterar el libre albedrío de las almas, ni siquiera después de abandonar el envoltorio físico. En esa coyuntura, forzar a alguien a realizar algo contrario a su voluntad, no funciona. Tampoco es la solución. ¿Te acuerdas cuando al principio vagabas por las calles de Madrid? ¿Recuerdas tu tremenda frustración al no poder acceder a tu antigua casa?

—Sí. ¿Cómo olvidar todas esas sensaciones? Ya forma parte de mi historial post mortem.

…continuará…

4 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (98) Estoy preparado»

  1. Muy buen capitulo. tengo algunas dudas de si estas operaciones realmente se realizan o solo forman parte de la escena dramatica,

    1. Muy buena pregunta, Mora. Yo siempre me la hago. Mi mediumnidad es de inspiración. Hay tramos de los libros en que no soy yo y otros en los que sí. No sabría lo que decirte. Supongo que lo mejor es sacar las conclusiones propias. Un fuerte abrazo.

  2. É maravilhoso observar a postura de todos os personagens, principalmente a de David, e isso se deve a Espiritualidade. Capítulo emocionante.

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