EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (99) El hombre de los sueños

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—Pues te diré algo, Alonso —respondió el profesor mientras que miraba fijamente al psicólogo—. Hay almas muy obstinadas que desean a toda costa quedarse cerca de sus antiguos hogares, de sus familiares, de sus amigos, en definitiva, del contexto que les servía de referencia cuando estaban inmersos en la realidad material. Ya ves que, incluso una aspiración tan noble como permanecer junto a los tuyos puede suponer, a la larga, un perjuicio. Creo que ya conoces el porqué de esta cuestión.

—Desde luego, Viktor. El camino debe continuar. No puedes conformarte con un simple estancamiento, un fenómeno que le dolería al alma, nunca mejor dicho, porque va contra el impulso de la evolución, que es seguir avanzando, aunque tengas que dejar atrás aspectos de tu pasado. Y digo yo, ¿esa situación, es decir, la estancia entre dos mundos, puede prolongarse indefinidamente?

—No, en ningún caso. Podemos hablar de una mayor o menor demora, de una mayor o menor resistencia a abandonar su antiguo contexto. Sin embargo, ese aplazamiento no puede ser indefinido, si bien varía acorde a la naturaleza de cada alma. Surge un momento, un punto de no retorno en el que se llega al hartazgo total, una agobiante sensación que te envuelve y que te dice que la situación no puede continuar así, porque solo generaría más y más sufrimiento. Son mecanismos correctores que el Creador introdujo en la vida, a fin de que no se produjesen situaciones de parálisis indefinidas.

—Y ¿qué ocurre en esos casos?

—El sujeto, por fin, entiende que ya no existe nada que le ligue al antiguo vínculo material y solicita ayuda, a su manera, pero pide ser asistido porque está desesperado y ya no guarda fuerzas para seguir de ese modo. Muchos de mis compañeros y yo mismo, que nos dedicamos a esta función y que contamos con la adecuada preparación, somos los responsables de atender a esos espíritus para reconducirles. Esa es nuestra tarea: oír sus ruegos y acudir a rescatarles. Como ves, querido amigo, todo tiene un fin y la fuerza del amor siempre está presente en nuestras intenciones, pues ese fue el impulso original que se produjo en el comienzo de la vida. Tú mismo, a tu estilo, has sido testigo directo de cómo ha operado este procedimiento del que te he hablado.

—Viktor, me toca hacerte la pregunta más fundamental que, ahora mismo y en mis circunstancias, me golpea el pensamiento. ¿Cuál es mi destino?

—Lo vas a descubrir muy pronto, mi buen alumno.

—¿Eh? Pero… ¿será posible? —exclamó David con un gesto de sorpresa—. ¡Mira quién viene por ahí! Además, nos está saludando.

—¿Qué tal? ¿Cómo estás? —comentó aquella figura a cierta distancia.

—¿Cómo tú por aquí, vecino? —saludó el psicólogo al empleado de banca con quien ya se había encontrado un tiempo después de su accidente de tráfico—. Ja, ja, aquella vez en que nos vimos por las calles de Madrid era de noche y no estaba yo de mucho ánimo.

—Sí, sí, lo recuerdo, David. Andabas un poco despistado con tu situación.

—Bueno, ahora compruebo que manejas a placer tu capacidad para salir del cuerpo durante el sueño y pasearte a tus anchas por la capital de España. Pero, un momento, hombre… si aún es de día… ¿cómo es posible?

—Es cierto, querido vecino. Ya sé que no es de noche, pero permíteme que te explique por qué nos hemos encontrado. Tengo un gripazo tremendo. Ayer, al subir del banco a mi casa, noté los primeros síntomas. Después de comer hoy, me tomé uno de esos antigripales que te dejan muy justo de fuerzas. Ya ves, entre los efectos de la fiebre y del medicamento, se ve que me he quedado dormido en el sofá y claro, es que no puedo evitar la tentación. En cuanto me dejan, pues eso, salgo de mi cuerpo tan alegremente. La verdad es que echaba de menos darme un paseo por Madrid, pero bajo la luz del sol, que es más interesante y hay más bullicio por las calles.

—Ah, disculpa, este señor es Viktor, un afamado profesor que sabe de todo y que me ha ayudado muchísimo. Gracias a él, ahora me siento mucho mejor.

—Pues encantado, señor —expresó el empleado de banca mientras que le tendía la mano a Viktor—. Yo soy Andrés y conozco a David desde hace años. Vivíamos muy cerca. Y, a todo esto, ¿qué hacéis por aquí?

—Pues David puede explicártelo muy bien, amigo. En cualquier caso, la charla no debe prolongarse mucho porque tenemos cosas importantes que hacer. ¿Sabes que tu antiguo vecino se despide hoy de la ciudad?

—¿Eh? ¿Es eso posible? —dijo asombrado Andrés—. Entonces, es cierto, ha llegado la hora de decir adiós. En fin, pues no sabes lo que me alegro por ti, David. Eso quiere decir que has cumplido tu ciclo aquí. Seguro que te esperan retos fascinantes. En fin, te deseo lo mejor. Eras y eres una gran persona y un buen profesional. Seguro que eso te beneficia allí donde vayas. Por cierto, cada vez que veo a tu mujer y a tu hija, no puedo evitar acordarme de ti y de todo lo sucedido. Me pone triste… ¿sabes por qué? Dios mío, si al menos ellas supieran que sigues vivo, si pudieran romper esa imagen que tienen de ti muerto por un terrible accidente de coche…

—Fíjate qué cosas, amigo —contestó David como muy animado—. Aunque te resulte difícil de creer, vengo precisamente de hablar con ellas. Ha sido una ocasión increíble. He tenido la oportunidad de «estar» con mis dos mujeres, de emocionarme, de abrazarlas y hasta de despedirme. Y respondiendo a tu dilema, ahora, por fin, las dos saben que estoy más vivo que nunca, que las llevo en mi corazón y que, suceda lo que suceda, jamás las olvidaré. ¿No te parece maravilloso, vecino?

—¡Caramba, psicólogo! No salgo de mi sorpresa. Eso es estupendo. Cómo me alegro por ti. Ese era tu objetivo esencial y mira por dónde, lo has conseguido. ¡Enhorabuena, hombre! Creo que te lo merecías.

…continuará…

4 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (99) El hombre de los sueños»

  1. David agora inicia um período de readaptação no plano espiritual, por uma fase de aprendizado das leis divinas e do seu crescimento moral.

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