EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (46) El poder del pensamiento

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—¿Eh? Un momento, porque ese tal Epicteto me suena más, pero no lo ubico en una época determinada ni recuerdo nada de su enseñanza. De todas formas, creo intuir que fue un personaje interesante para la filosofía occidental.

—Pues claro que lo fue, Alonso. Hay que situarse en la época del Imperio romano, entre los silos I y II d.C. Este hombre fue el que enunció una frase que ha marcado a muchos profesionales de la salud mental en su trabajo, incluso casi dos mil años después.

—Vaya con ese señor. Y ¿cuál es esa frase tan importante?

—Te la diré: «No son las cosas que nos suceden las que nos causan el sufrimiento, sino lo que nosotros pensamos de esas cosas». Puedes cambiar la palabra «cosas» por circunstancias o acontecimientos. Sin embargo, el significado de esa expresión sería idéntica. Ahora, dime: para ti, ¿qué te sugiere esa frase?

—Yo diría que Epicteto quiso establecer que lo más importante no era tanto la realidad como los pensamientos que desarrollamos sobre ella. Pero, no estoy de acuerdo.

—Vale, está permitido discrepar, faltaría más. Eso sí, antes de que contestes, me gustaría que razonases tu respuesta.

—Lo que quiero indicar es que, a veces, hay aspectos en las circunstancias que te superan, que por mucho que pretendas cambiar tu visión sobre ellas, ellas te acaban ganando la partida. Por ejemplo, yo soy un buen ejemplo de ello. Las circunstancias, en general, me derrotan y se salen con la suya.

—Venga, adelante, esfuérzate un poco más en explicarte.

—Pues está muy reciente, ya lo sabes. Mira, yo sufro porque dos padres de la clase de mi hija hablaron mal de mí. Me hace sentir fatal el hecho de que ellos tengan esa concepción de mí. Lo ideal sería que eso no me influyese negativamente, pero no sé cómo hacerlo.

—Y… ¿te has puesto a pensar detenidamente por qué es tan importante lo que esos dos señores o quien fuera opinen sobre ti?

—¿Será porque vivimos en sociedad, David? Somos seres sociales, no lo ignores, no habitamos en cuevas aisladas como hace milenios y mucho menos en una ciudad donde la gente se agrupa y existen multitud de interacciones. Por tanto, todos estamos conectados y los pensamientos ajenos, por mucho que lo niegues, te acaban por perturbar.

—Bien, vamos a concentrarnos en alguien a quien le hubiese sucedido lo mismo que a ti. ¿Me sigues? Se trata de un ejercicio de imaginación. Y ese alguien, cuando su hija le revela el contenido de la conversación que acaba de oír, se dice a sí mismo: «ah, bien, ahora ya sé lo que esas personas piensan acerca de mí. Sin embargo, esos comentarios son algo ajeno a mí. Yo no puedo controlar lo que los demás piensen o dejen de pensar sobre mí. Por esa razón, ese tipo de observaciones me entran por un oído y me salen por el otro». Venga, Alonso, dime… ¿sería posible razonar de ese modo?

—Como poder, sí, claro. Sin embargo, lo veo complicado. El problema está en que esos dos señores llevan razón, caramba. Soy un hombre triste, depresivo, que sale poco de casa, que no le doy a mi familia lo que se merece, criticado por los parientes de mi esposa e incluso por los míos. Y eso me afecta, que para mí es lo más grave.

—Pues ahí reside el quid de la cuestión —expresó el psicólogo mientras que apuntaba con su dedo índice al pecho del maestro—. Te afecta porque tú dejas que te afecte.

—Ya. Como tantas cosas en la vida, es muy fácil de decir y muy difícil de ejecutar.

—Por supuesto; mientras que tú les des a los demás el poder de afectarte con sus opiniones o comentarios, esa cuestión continuará siendo para ti un serio problema.

—Bien, te sigo. Y digo yo: ¿existe algún truco para alejar ese planteamiento de mí?

—Sí. ¿Quieres saber cuál?

—Pues claro.

—No se trata de un truco, que parece que estamos hablando de magia, sino de una técnica psicológica contrastada por sus resultados: pensar con racionalidad. En tu caso, se trata de reflexionar sobre lo absurdo que es sufrir por lo que los otros puedan opinar sobre ti. Imagina por un instante, a ese hombre que se enfrenta a la situación por la que tú has pasado cuando Marina te ha contado lo ocurrido. Si ese señor no le atribuyese un valor tan fundamental a esa conversación, si no se dejase amargar por ese hecho ¿cuál sería la diferencia contigo?

—Pues lo tengo claro. Él no se permitiría a sí mismo generar esa ansiedad, esa preocupación por lo que ha oído. Si tú no le das importancia a algo, ese hecho se te olvida rápido y deja de influirte.

—Correcto, respuesta acertada. Mira, Alonso, por muy dificultoso que te parezca, si sigues un esquema racional de actuación, te resultará más sencillo de asumirlo. Veamos: ¿por qué debería afectarte lo que diga alguien si tú no lo permites? ¿Dónde está escrito que tú debas ser una persona totalmente equilibrada, sin problemas, capaz de rendir al máximo en todo momento y en todo lugar?

…continuará…

2 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (46) El poder del pensamiento»

  1. <buen consejo para Alonso y para tod@s en general. un gran porcentaje de las personas solo viven enfuncion de lo que pensaran y opinaran los demas acerca de ellos.el medidor o espejo, es el otro o los otros

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EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (47) Una dosis de racionalidad

Jue Feb 17 , 2022
TwittearCompartirCompartirPin0 CompartirDurante unos segundos, Alonso permaneció pensativo, dándole vueltas en su cabeza a ese planteamiento que acababa de escuchar… —Venga, volvamos a la frase de Epicteto —intervino David ante el silencio generado—. El punto clave no estaría en lo que alguien piense de ti, sino en el poder que tú […]