EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (92) Preguntas infinitas

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Tras quedarse atónita por lo que sus ojos estaban contemplando, la mujer volvió al salón y sin perder de vista la figura de Alonso, se volvió a sentar.

—Venga, anímate —intervino el maestro—. Seguro que padre e hija están disfrutando del mejor instante de su último año. La niña, en compañía de su querido papá y él, pues imagínalo… habiendo echado tanto de menos estos momentos, es ahora mismo el padre más feliz del mundo.

—Entonces, Alonso —acertó a decir Sandra con dificultades mientras que sacaba un pañuelo de su bolsillo para enjugar sus lágrimas—, me quieres decir que mi marido se encuentra justo a unos metros de aquí, en aquella habitación y jugando con mi hija.

—Mira, desde hace ya un tiempo, yo comencé a verle y a oírle. Al principio, como tú, no entendía nada de nada. Luego, con el paso de las semanas, me di cuenta de que había un motivo muy claro para que ese extraño fenómeno sucediese. Desconozco por qué extraña razón, tu hija también puede contemplarle y escucharle. Para mí también ha sido una sorpresa lo de Paula, pero es así y punto. Te diré una cosa. En cuanto nos conocimos, David me contó con detalle la tragedia que le había sucedido.

—Todos me dijeron que fue un accidente de tráfico y que su fallecimiento fue inmediato —expresó Sandra mientras que daba un gran suspiro como tratando de encajar la situación—. Perdona, pero… ¿acaso hubo algo más aquel día? Al contactar contigo, ¿David te contó algo más que yo merezca saber?

—Es una buena pregunta y me alegro de que te haya cambiado la expresión de la cara. Por un momento, pensé que iba a tener que salir corriendo de tu casa, pero ya ves que no hay motivos de alarma sino de esperanza. En cuanto a lo que decías, yo solo conozco su versión, que creo que es la más importante. ¿Por qué iba a mentirme? Según me relató, una tarde de noviembre regresaba a su casa, es decir, hasta aquí; al parecer, debido al temporal y a la lluvia, perdió el control de su vehículo, se salió de la carretera y fue a estrellarse contra un grueso árbol. Eso fue todo y no hay más misterio.

—Disculpa por cómo me voy a expresar, pero… entonces… tú eres uno de esos «majaretas» que salen en las películas y que poseen una extraña capacidad para ver a los muertos. Creí que eso solo pasaba en la literatura y en el cine.

—Gracias por el «elogio», Sandra, pero comprendo perfectamente tu reacción. Este fenómeno te ha desbordado por completo, sobre todo porque no te lo esperabas. A mí me pasó lo mismo con tu marido, pero solo al comienzo. Luego, como se suele decir, me acostumbré a su presencia. Sin embargo, eso no significa que yo esté loco ni nada por el estilo. Simplemente, puedo verle; quédate con eso y no compliquemos las cosas. Además, hay escenas que porque se vean en el cine, no han de ser falsas necesariamente en la realidad.

—Pero… ¿por qué yo no puedo observarle? Es que me siento en desventaja. ¿Por qué tú sí y mi niña también? Es injusto.

—Si yo tuviera respuesta para eso… No lo sé, aunque en ese mundo donde ahora vive tu marido, según parece, nada sucede por azar y todo está muy estructurado, muy organizado. En otras palabras, que seguro que hay una razón para entender tu queja, pero yo no la sé. Mira, al parecer, cuando te mueres, has de viajar a otro sitio y empezar una vida nueva. Sin embargo, hay casos de personas o, mejor dicho, de espíritus, que se quedan por aquí hasta que completan una misión pendiente. ¿Qué tiempo? Es variable y dependerá del carácter de ese encargo. Lo único que te puedo asegurar es que David tenía unas ganas tremendas de veros. Al principio lo intentó, se acercó a tu casa, pero no le permitieron entrar. Ahora, sin embargo, ya ves lo que ha ocurrido. Eso sí, necesitaba a alguien que le sirviera de intermediario como yo. La sorpresa ha estado en Paula. Él no podía imaginar esa contingencia tan extraordinaria. No deja de ser interesante que a tu hija le pase como a mí, o sea, que pueda ver al espíritu de su padre y comunicarse con él.

—Alonso, confío en tu buen proceder. Pareces sincero en todo eso que me estás contando, pero tengo muchas dudas. Estoy un poco asustada con este asunto y si te cuento la verdad, no acabo de creer todo esto que está sucediendo. Quizá sea porque tengo una mente científica y esto es justamente contrario a la razón. Es como un mal sueño y sin embargo, sé que estoy despierta, que tú estás aquí en mi casa y que mi hija está hablando con alguien en su cuarto.

—Mujer, no seas tan radical ni tan incrédula. Tu niña no está hablando con cualquiera, sino con su padre, precisamente. ¿Me explico? Perdona que te lo diga, pero esa desconfianza que muestras hacia la visita de alguien que tanto te quiso y que tanto te quiere resulta bastante molesta, sobre todo para él, que ha luchado tantísimo por alcanzar esta oportunidad de contacto. Eso sí, la visita cuenta con un tiempo limitado. Luego, él se irá, porque deberá continuar con su nueva existencia y tengo mis dudas acerca de que le dejen acercarse de nuevo hasta su antiguo hogar. ¿Me comprendes?

—Y eso, ¿quién lo decide?

—Uy, uy, me has cogido. Creo que esas preguntas las debería responder David, aunque tampoco estoy seguro de que pueda. Quiero que entiendas que esto me sobrepasa, que solo soy un intermediario que quiere ayudar a un buen psicólogo y amigo. En cuanto vuelva aquí, pregúntale por tus dudas y yo te transmitiré lo que él me diga. Seguro que así te quedarás mucho más tranquila y conforme.

—Hay algo que no logro comprender. Si él está muerto, pero sigue vivo, ¿qué ha estado haciendo todo este tiempo?

—Tampoco lo sé, Sandra. Sí te puedo hablar de lo que él ha hecho conmigo. Un día, me localizó, él se dio cuenta de que yo podía reconocerle y comunicarme con él y de repente vio la luz: comprendió que yo podía ser su instrumento, es decir, que podíamos venir los dos juntos a tu piso y de ese modo, contactar contigo y con Paula. Ese es el motivo por el que estamos aquí. No imagines cosas que no son. Por favor…  pregúntate si a ti te hubiese ocurrido lo mismo… supongo que estarías deseosa de ver a tu marido y a tu niña. ¿No es así?

—Bueno, contemplándolo desde esa perspectiva… pues claro que sí, por supuesto.

…continuará…

4 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (92) Preguntas infinitas»

  1. El Progreso de Alonso con lasenseñanzas de David, es asombroso! Parece todo un Psicologo o será que lo inspiran desde algun poder Divino o superior

  2. Que capitulo maravilhoso! Quantas verdades! Gostei da serenidade de Alonso ao dialogar com Sandra a respeito de David e Paula. Sandra parece disposta a querer saber mais sobre o fenômeno entre a filha e o marido. Isso é divinamente belo. Parabéns a você por ter a habilidade de escrever novelas com uma didática incrível que auxiliam o leitor.

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Mié Ago 10 , 2022
—Buena respuesta, ahora lo estás entendiendo mejor. Mira, yo, al principio, me negaba a asumir todo esto. Me lamentaba porque pensaba que había perdido el juicio, que eso podía ser un síntoma de que me estaba volviendo loco. Incluso creí que tenía señales psicóticas en mi cabeza como alucinaciones auditivas […]