EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (34) Un nuevo hogar

7

—Hay una cosa que no he entendido bien, Viktor. Cuando me he encontrado con Alonso durante su sueño, porque yo ya me considero inmerso en el eterno sueño que constituye la muerte, él parecía algo cambiado, como si mostrase otra cara más amable. Las diferencias con la anterior charla eran notables. Estábamos como más relajados. ¿Es eso normal?

—Depende del caso. Sin embargo, yo no lo veo tan distinto. Convendría considerar un aspecto: él, al salir de su cuerpo, se siente más libre, como más suelto para hablar de sus temas. Fíjate, hoy se ha mostrado firme y convincente, como muy hábil a la hora de establecer argumentos de peso. Ha habido momentos en los que te ha sorprendido, incluso siendo tú un terapeuta de amplio recorrido. Al alma le pesa la carne, querido David, un traje extraño que se comienza a amoldar al espíritu desde el instante de la concepción. ¡Qué cosas tiene la vida! ¿Verdad? De todos modos, no te engañes. Para nosotros, la verdadera existencia es la espiritual. La materia, tal y como tú la recuerdas, nos permite pasar por ese inmenso campo de pruebas que es la vida física, un escenario que cada individuo debe aprovechar para aprender a través de la experiencia y sobre todo, para educarse en el amor, lo que constituye el eje esencial de su acción. En cuanto a tu cliente, insisto, tampoco le noto tan cambiado. Las personas se sienten más cómodas en su ambiente natural. Piensa que la vida de Alonso no es precisamente un campo de flores en el que abunde la primavera con temperaturas agradables. Te dejo este mensaje para que en tu tiempo libre, reflexiones. Aquellos que llevan una existencia plena no aprecian tanta diferencia entre un plano y otro o, en otras palabras, tal vez no perciban tantas diferencias entre su actividad cotidiana y la que se produce en sus sueños.

—Centrándome en este hombre, tuve la sensación de que él se mostraba más dispuesto a recibir la acción terapéutica.

—Sí, está claro. Ello te debe hacer sentir más optimista. A pesar de las dificultades, esta misión no resulta tan complicada. Guíate por la lógica. Supongo que no te imaginabas a Alonso hablando con su mujer y, al mismo tiempo, diciéndole en voz alta que iba a aceptar el tratamiento propuesto por un psicólogo que se acababa de morir en un accidente de tráfico y que estaba allí mismo, presente en su propia casa. Mi buen amigo, nosotros pertenecemos al mundo espiritual, pero no creas que para la gente normal de la calle es tan fácil aceptar esa coyuntura, es decir, que los espíritus pueden intervenir en sus vidas.

—Según lo que recuerdo, la mayoría ignora nuestra presencia y ni cree que existamos, lo cual, ya es significativo.

—Sí, es un proceso de toma de conciencia que camina con los siglos. Para un hombre de hace diez mil años y que habitase en la selva africana, hablarle de la nieve o del frío resultaría ridículo. ¿No crees?

—Puede.

—Puede, no. Sencillamente, lo tomaría como una locura. Menos mal que tú, sin ser un firme defensor del más allá, al menos tenías la idea desarrollada de que algo de esto podía existir. Y mira por dónde, lo has comprobado in situ.

—Me conoces bien, profesor. Es cierto. Siempre lo sospeché y para mi desgracia, estaba en lo cierto.

—¿Para tu desgracia? Tampoco seas tan pesimista, hombre. Fíjate, el haber mudado de dimensión te ha abierto una puerta infinita a la luz.

—¿Qué puerta? ¿Qué luz? Hasta ahora solo he vivido una especie de pesadilla. ¿Qué historia de fantasía tratas de contarme? ¿Acaso te burlas de mí, Viktor?

—En absoluto, mi buen alumno. Esto no ha hecho más que empezar. ¡Si te acabas de «morir», por Dios! No sean tan llorón, por favor, que tú no eres así.

—Vaya empatía la tuya, profesor. A veces, no te solidarizas con mi trágica situación. Recuerda que no había alcanzado ni siquiera los cuarenta, que amaba a mi esposa y a mi hija, que tenía por delante toda una carrera profesional…

—Oye, ¿no querrás que te eche el brazo por el hombro y que nos pongamos a lloriquear en esta calle de Madrid en la que está a punto de aparecer el sol?

—Anda, deja de compadecerte de mí.

—Te aprecio, David, aunque a veces, no puedo decirte todo aquello que antojan escuchar tus oídos. Sin embargo, lo que te comento, solo podrás valorarlo con el paso del tiempo. Sé que no es fácil, que aún no has aceptado tu coyuntura post mortem, pero en cuanto termines con tu trabajo pendiente, notarás un cambio muy intenso.

—¿Ya estamos otra vez con ese asunto? ¿Cambios? Como sea una mera prolongación de lo que he experimentado hasta ahora, estoy arreglado…

—Ten confianza. Existe un hogar muy hermoso esperando a que aparezcas. Allí conocerás a nuevas personas que te aman, gente que te va a enseñar muchísimo. Tú, que eres un individuo tan curioso, sabrás apreciar esa condición. Te lo diré con otras palabras para que la esperanza renazca en ti: estarás tan ocupado, que toda tu atención se centrará en tu nueva realidad. Solo así, aceptarás que lo ocurrido era irremediable y que tan solo constituía un breve paso en tu inmortal trayectoria.

—Claro, ahora saldrás con el típico discurso de que solo he vivido una minúscula parte de mi historia…

—Bueno, eso sería un debate más que interesante, pero me temo que en tus actuales circunstancias, esa cuestión embotaría tu mente, y ahora, te necesito fresco y motivado, disponible para retomar tu desafío con Alonso, alguien a quien le va a venir de maravilla tu apoyo y tu trabajo.

…continuará…

7 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (34) Un nuevo hogar»

  1. Muy Esperanzador! motivante! todo está tan interconectado y ni nos damos cuenta! es como cerrarse una puerta y otras mas van abriendose hacia el amor , me encanta!!!

    1. La evolución, encarnada en el amor y del conocimiento, es la verdad de la vida, un recorrido eterno hacia la perfección, es decir, la voluntad de Dios descansando en nuestras conciencias. Abrazos, Verónica.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Entrada siguiente

EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (35) Parque del Retiro

Jue Ene 6 , 2022
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—Vale. Como sabio que eres, no creo que quisieras engañarme con ese futuro tan esplendoroso que, según tu versión, se avecina para mí. De solo pensarlo, ya me produce vértigo. Venga, centrémonos en lo más reciente. ¿Crees de veras que Alonso ha apostado decididamente por mostrarse receptivo a mi […]