EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (76) Crónica de un éxito

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—Vale, vale —dijo con entera satisfacción el psicólogo—. No voy a ponerte más pruebas de este tipo porque observo que controlas muy bien el mecanismo. Se nota que has ensayado por tu cuenta y que ya te has hecho todo un experto. En fin, examen sorpresa superado. Te felicito, distinguido paciente. Venga, dados tus gestos, has alcanzado tu momento de gloria. Cuéntame con detalle todo lo que ocurrió durante tu conversación con Marina. Viendo tu sonrisa, queda claro que esa «cumbre matrimonial» terminó con un rotundo éxito.

—Nunca mejor dicho, David. Al final, lo dejé para el pasado sábado. Es verdad que tuve dudas y que lo postergué, pero mereció la pena posponerlo para el fin de semana. Me mentalicé a conciencia, pensando todo lo que le iba a decir y cómo iba a hacerlo, con tranquilidad, sin prisas y con un lenguaje sencillo. Era necesario que mi suegra se hiciese cargo de la niña durante unas horas y no puso ningún impedimento. La cosa empezaba bien. También me di cuenta de que estas cosas importantes hay que rodearlas de un ambiente especial, para que la otra persona sepa que estamos hablando de algo esencial. Al final y sin que ella supiera nada, reservé una mesa en un restaurante cercano, de esos que le gustan a mi mujer.

—Caramba, pues sí que te esforzaste.

—Cuando crees en lo que haces, todo resulta más fácil. Una vez acomodados en el lugar, me di cuenta del tiempo que hacía que no disfrutaba tanto, simplemente de la oportunidad de conversar tranquilamente con mi esposa. Me reprendía a mí mismo por el solo motivo de que mis problemas personales le estaban afectando a ella y a la niña, de modo que mi ensimismamiento nos había privado de la alegría de deleitarnos en nuestra buena conexión, en nuestra bella complicidad, esa que descubrimos en cuanto nos conocimos. Reflexioné y me enfurecí, porque supe que mis «historias» de conflictos le habían impedido viajar, salir a cenar, asistir a espectáculos o disfrutar con los amigos y muchas más cosas. Sin embargo, seguí tus sabios consejos y reformulé todo aquello que pasaba por mi cabeza, centrándome en que aquella podía ser la oportunidad de cambiar para siempre y que aquello podía constituir el inicio de un ciclo de mayor felicidad y de menos quejas. Todas esas cosas que animan la vida conyugal estaban como desaparecidas, pero me hice la firme promesa de romper con esa estúpida rutina. Y cómo amaba a Marina en esos momentos, porque recordaba que los verdaderos apoyos se hacen presentes en los momentos de dificultad y no cuando las cosas van bien. Y pensaba en mi mujer, que en todo ese tiempo de obstáculos no se había separado de mí ni un centímetro y en cómo había compartido conmigo todo ese ciclo de impedimentos y de dolor…

—Caramba, ya veo que has pasado de la risa al lloro… pero, no te preocupes, que esas son lágrimas de alegría, de esas que anuncian una nueva etapa en tu existencia.

—Desde luego. Te doy la razón por completo. ¿Qué quieres que te diga? Compartir momentos con la persona a la que más quieres es lo mejor que le puede suceder a un ser humano.

—Sí. Esa reflexión podría extenderse a toda clase de personas, por lo menos a aquellas que desean alcanzar un punto de equilibrio.

—Bien. No te voy a detallar todo lo que pasó porque sería prolijo. Concluyendo, te diré que le propuse a Marina mi hipótesis de rebelión frente a lo sucedido con mi familia y con mi enfermedad. Eso debe pasar a formar parte del ayer, de una época turbulenta que me ha mostrado el camino por el que no debo seguir y al tiempo, anunciando una nueva ruta llena de desafíos. Es el momento de sentar las bases de un futuro pleno de esperanzas.

—Hum… excelente. ¿Y cómo reaccionó ella? ¿Se sorprendió?

—Ah, pues pensándolo bien, no creas que mucho. Marina es muy lista y admitió que, desde hacía unas semanas, me notaba cambiado. Te podrá parecer gracioso, pero como ya te habrás dado cuenta, todo esto coincide con el momento en el que tú apareces por aquí, por mi casa, con la intención de iniciar una terapia con quien te habla.

—Bueno, estamos ante una mujer observadora…

—Y tanto. No sabes lo contenta que se puso cuando le dije que ya estaba recogiendo a mi hija con normalidad, no en el coche, sino donde corresponde. Y lo otro, pues ya lo sabes, le hablé de mi rebelión contra ese abuso histórico que constituía mi relación familiar original. Esa cuestión la zanjé el otro día con mi mujer y le prometí que a partir de ahora, esa coyuntura iba a cambiar. Lo más sorprendente para ella se produjo cuando, siguiendo tus instrucciones, le comenté que deseaba retomar el tema de la oposición, mis estudios para sacar mi plaza como maestro aquí en Madrid.

—Fantástico, Alonso. Sobresaliente tu actuación. Entonces, compartisteis la alegría por un nuevo proyecto que implica un cambio de ánimo y de conducta.

—Así es. La comida resultó magnífica, la conversación excelente y aclaratoria y para poner el punto final, nos vinimos a casa e hicimos el amor, que ya llevábamos bastante tiempo sin tener esa intimidad.

—Lo dicho: un plan perfecto para una jornada perfecta.

—Así es. No hay que ser muy listo para saber que, cuando uno no se quiere mirar ni en el espejo, la actividad sexual se ve afectada. Ha sido injusto hacer partícipe a Marina de mi desgana y de mi tristeza. En fin, hay que ser positivo y mirar al mañana con esperanza. Por lo pronto, creo que estoy sentando una buena base para un futuro mucho más productivo y optimista. Amigo psicólogo, por una vez puedo afirmar que ya veo un poco de luz al final del túnel.

…continuará…

4 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (76) Crónica de un éxito»

  1. É, o casamento frio passou. O lar precisa tem uma energia gostosa. Ter uma programação, enfim tem que ter vida e movimento. Parabéns ao casal.

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Jue Jun 9 , 2022
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—Pues genial. No podía imaginar que, gracias a tu voluntad y a tu elevada motivación por avanzar, esto iría tan bien y a tanta velocidad. De veras, no existe un mejor estímulo que las propias ganas por salir de las dificultades y abrazar nuevos retos. Eso es lo que […]