EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (2) Viktor

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Sandra cobraría a partir de ese momento una pensión de viudedad teniendo a Paula a su cargo. En cualquier caso, el ritmo de consumo de madre e hija debería adaptarse a las circunstancias en las que quedaban y muchos de los gastos que antes podían permitirse por los sustanciosos ingresos de David, ahora deberían ajustarse considerablemente. Se hacía necesario cuadrar las cuentas ante la nueva coyuntura surgida tras la triste desaparición del psicólogo. Y por supuesto, todo eso sin considerar el enorme vacío que David dejaba en las vidas de su esposa y de su hija.

Días después de aquel terrible suceso…

—Buenos días —saludó un extraño que aparentaba unos sesenta años de edad y que llevaba puesta una bata blanca impecable—. Creo que ya ha llegado la hora.

—¿Eh? ¿Quién eres? ¿De dónde has salido? —preguntó David con perplejidad en su mirada—. No te conozco, pero eres la primera persona que se dirige a mí tras el accidente.

—¡Ah, bien! ¿Has dicho «accidente»? Hum, ya veo que empiezas a salir de tu intensa turbación. Normal, amigo. Treinta y nueve años, fuerte, buen estado de salud, es lógico que te haya costado trabajo despertar. ¿No es así, colega?

—¿Colega? ¡Ah, claro, ya entiendo! Perteneces al Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, como yo. ¡Qué satisfacción!

—No, amigo —respondió el desconocido con cierta sequedad en su tono de voz—. Es mejor que no te hagas ilusiones al respecto. Tranquilo, que ya me presento. Soy el doctor Viktor, neurólogo, psiquiatra y psicólogo. Venga, no me mires con esa cara de extrañeza. Tengo estudios de todas esas disciplinas. En cualquier caso, estoy aquí para ayudarte y esto último es lo más importante. Creo que lo primero que deberías aceptar es que necesitas apoyo. ¿No es así? Dímelo de forma clara o me temo que mi labor contigo no resultará efectiva.

—¡Eh, Viktor o como te llames! Como comprenderás, ahora mismo no estoy para discusiones. Más que ayuda, lo que preciso son respuestas, porque tengo una infinidad de preguntas.

—Sí, es natural. Todos hemos pasado por esta situación. Los hay que tienen muchos interrogantes, como es tu caso, y existen otros que ni siquiera preguntan. Ah, se me olvidaba; están aquellos que rechazan cualquier pregunta, incluso cualquier respuesta, porque piensan que ya lo saben todo.

—Gracias por la interesante lección de filosofía, aunque eso no me resulte muy práctico —expresó David mientras que se ponía de pie y se alejaba unos metros del árbol donde había apoyado su espalda desde el momento en que estrelló su vehículo contra él—. Como estás siendo gentil, me gustaría saber por qué motivo vistes así. ¿Vienes del hospital o tal vez tienes tu consulta cerca de aquí? Esto resulta un poco extraño, ¿no te parece?

—Muy ocurrente y muy racional. Muy propio de ti. Antes te dije que he venido hasta aquí para asistirte. Tienes, por tanto, que confiar en mí, al igual que tus pacientes se ponían en tus manos y se encomendaban a tu labor como persona y como profesional. No obstante y si te molesta, puedo quitarme la bata y vestir como tú. Admito que es bonito ese traje azul que llevas, David. Te pega mucho, combina bien con tu forma de ser.

—¿Bonito? ¿Has perdido el juicio, Viktor? Era mi herramienta de trabajo. Tenía varios como este y en diferentes colores. Pero, hombre, no te burles de mí. No hace falta que te empeñes en el elogio. ¿No te das cuenta de que está hecho un asco? Pero… si está lleno de sangre. Menudo aspecto de traje arrugado y manchado…

—Claro, eso se debe al accidente. Perdiste bastante sangre a causa del impacto. Las heridas fueron muy serias. ¿Qué creías? Es lógico. En cualquier caso, son simplemente recuerdos de lo ocurrido. La experiencia resultó brutal para ti y además, no la esperabas. No te preocupes demasiado. En breve, desaparecerán. Ahora mismo, son tan solo proyecciones que tu pensamiento realiza en forma de restos de sangre sobre tu ropa. ¿Quieres que te los quite, David?

—Desde luego. Me harías un gran favor. Sinceramente, me repugna vestir un traje con esta suciedad.

—Muy bien, no hay problema con eso —contestó el doctor con una leve sonrisa.

Seguidamente, aquel señor se aproximó al psicólogo y con sus manos, fue limpiando todas las manchas que tenía David sobre su traje hasta dejarlo impoluto.

—Espera, que también te quitaré ese rastro de sangre que hay en tu cabeza y en tus manos. Ya ves que todo fue consecuencia del choque. Nada extraño, ¿verdad?

—¿Nada extraño, dices? Además, ¿qué es esto de hacer desaparecer las manchas de la ropa con tan solo aplicar ligeramente tus dedos? ¿Estoy ante un truco de prestidigitador? ¿He de entender que además de poseer tres títulos también eres especialista en magia?

—Veamos, mi buen amigo. Creo que ahora tienes en tu mente preguntas más importantes por hacer. ¿Me equivoco?

—Sí, es cierto. Tengo tantas, que no sabría por dónde empezar.

…continuará…

7 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (2) Viktor»

        1. Muy interesante el relato. Me gusta el Tema. Ya era hora de mencionar el espiritismo por las redes. Adelante !!!

          1. Agradecido, Yiti. Un fuerte abrazo y espero que sigas la novela. Puedes descargar todas las anteriores desde la página web.

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EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (3) Aclarando dudas

Mié Sep 15 , 2021
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—Pues elige una —argumentó Viktor mientras abría sus brazos—. Será lo más fácil. —Sí, llevas razón. Quisiera referirme a una cuestión que me angustia bastante. ¿Cuánto tiempo llevo muerto? —¡Eh, magnífica consulta! Te confesaré algo: con frecuencia, me encuentro con pacientes que ni siquiera saben de su nuevo estado. […]