SONIA Y LEÓN (102) Volviendo al presente

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—¡Vaya por Dios! —expresó Susana con consternación—. Menos mal que eres una luchadora nata. Como me ha dicho Joaquín en otras ocasiones, si todo lo que te ha pasado le hubiera ocurrido a otro, no sé si lo habría soportado.

—¡Quién sabe eso! No tengo ni idea. Lo único cierto es que guardo las cicatrices de tantas heridas, de esas que nunca desaparecen. Sin embargo, me redimo, porque a todo le busco una explicación. Y yo me miro en el espejo de mi memoria y me digo que todo tendrá un sentido, y que, si me han puesto tantas pruebas en el camino, será por algún motivo justificado: la evolución. Seguro que es para mi bien y para mi aprendizaje. Cuando llegue la hora de retirarme a mi otra casa, estoy segura de que me lo aclararán con todo lujo de detalles.

—Te entiendo. Yo no soy como tú, ni siquiera estoy convencida de que eso que tú cuentas, suceda realmente así, es decir, todo lo referente a esos espíritus de los que tú hablas. Ahora bien, debo reconocer, que cuando se poseen fuertes principios, como es tu caso, creo que los obstáculos, a pesar de su dificultad, son más llevaderos. De lo que no cabe duda, es que eres un ejemplo de ánimo y de resistencia para los que te rodean. Ya he perdido la cuenta de los años que llevas ayudando a los demás. Esa es tu fe, esa es tu fuerza, la que te empuja a mantenerte en pie. Ahí has estado haciéndole compañía a mi suegro, entregándole tus horas y ahí sigues, imbatible, al pie del cañón.

—Dios sabe perfectamente de nuestras debilidades, pero también de nuestras virtudes. Mientras que el cuerpo aguante, que Él me siga poniendo pruebas. Yo, los méritos, si los hubiere, prefiero ahorrarlos para la hucha del más allá, por si procede canjearlos cuando realmente los necesite.

—¡Ay, Dios mío, qué mujer más extraordinaria! —intervino Joaquín mientras que miraba a su amiga de forma intensa—. ¡Qué lección supone el escucharte! Según lo que has comentado, espero que mi padre haya ahorrado mucho durante su existencia. ¿Cómo lo ves, Sonia?

—Doy fe de ello. Podéis estar tranquilos, porque las personas como Hipólito son bien recibidas en el más allá. Ese es el gran honor que desarrollan las almas dignas. Amaron tanto y dieron tanto, que después les llega el turno de recoger su buena cosecha, la que sembraron con las simientes de sus buenas obras.

—¡Que Dios te oiga, amiga! —dijo Susana mientras asentía con su cabeza.

—Estoy en deuda contigo. No sé cómo pagarte todo ese esfuerzo que has invertido durante tantos años con mi padre. Seguro que, si hubieses conocido a mi madre en su época, también te habría encantado.

—Claro que sí, Joaquín. Oí tanto a tu padre hablar de ella, que era casi como si ya me hubiera encontrado con tu madre. Por lo demás, ¿de qué pago hablas? ¿Y todo lo que él me aportó? ¿Dónde lo dejamos? Solo en la memoria de quien desea recordar, de alguien que se siente profundamente agradecida. Hoy por ti, mañana por mí y al día siguiente, todos por todos. Eso sí que constituye el verdadero progreso y ya te digo, que desde que me crucé con él a través de León, tu padre solo pretendía avanzar, prepararse para un día como el de hoy mediante el estudio y su buena conducta, aquella que nos hace ser más solidarios y caritativos. Y al mismo tiempo, con su gran ejemplo, me hizo progresar a mí. ¿Ves? Ese ha sido su mejor legado: permanecer en el recuerdo de quienes le conocieron, de quienes le trataron. Esa es la auténtica inmortalidad que solo se lleva en el alma.

—Que Dios te bendiga —concluyó Susana mientras que le apretaba la mano a la otra mujer.

—Y a vosotros y a vuestros dos hijos, feliz pareja.

*******

En aquel apartamento tan lleno de luz y con agradables vistas al mar, donde el aroma a sal se percibía en cada uno de sus rincones, la conversación entre el periodista y Sonia prosiguió:

—Uf, esto es increíble. Mi jefe se va a quedar asombrado cuando lea todo esto. ¡Vaya historia que llevas a tus espaldas! Menos mal que me animó a continuar con este reportaje que, con cada conversación, se ponía más y más interesante. Te vas a reír, pero lo que yo pensaba que sería una charla de unas horas durante una o dos tardes, al final, ya lo has comprobado, se ha prolongado durante semanas.

—Desde luego, pero ha merecido la pena. ¿No te parece, Darío?

—Por supuesto. Sin embargo, ahora que lo pienso, me gustaría pedirte una cosa.

—Ah, claro, quieres otro café expreso, de esos que tanto te gustan…

—No, no me refería a eso exactamente. Además, con la hora que es, igual luego no puedo dormir, je, je…

—Bueno, joven, pues tú dirás…

—¿Te das cuenta de que vine a tu casa con una pequeña libreta para tomar apuntes tratando de condensar en varias páginas la historia de tu paso por esta ciudad?

—En efecto, eso fue lo acordado cuando comenzamos.

—Vale. La realidad es que he perdido la cuenta del número de cuadernos que he completado con tu larga entrevista. Con sinceridad, tu biografía daría para un libro. No estoy exagerando ni un ápice.

—Oh, pues cuánto lo siento, querido amigo. Esta vieja a la que contemplas es muy charlatana, aunque sinceramente, había mucho que contar. En verdad, solo he aprovechado el tiempo para desahogarme, que también lo necesitaba. Verás, escuchar casi a diario a la gente a lo largo de mi existencia, ha resultado una tarea muy absorbente para mí. Por eso te agradezco tu dedicación y tu paciencia, porque hablar de todo esto ha sido muy positivo para mi alma. Ja, ja, he compensado contigo todas mis horas de escucha en el pasado. Me siento feliz, porque de alguna manera, he descargado en tus orejas todo eso que yo necesitaba sacar de mis adentros.

…continuará…

4 comentarios en «SONIA Y LEÓN (102) Volviendo al presente»

  1. Que Exemplo cristão! Nos ajuda a compreender as palavras de Jesus “não de deixarei nem te desampararei” Ela entendeu que as provações trouxeram crescimento e progresso, essa foi meta. Viver e aprender!

  2. Tan Bella Historia llegando a su final…es bella pero es triste! Sonia solo ha acumulado perdidas, al igual que todos nosotros vamos perdiendo, pero Sonia esta sola, no tiene familia, no tuvo hijos, no tiene pareja, su unico amigo tambien murio. surgen en mi mente tantas interrogantes…como acaba la vida de sonia?..ninguna compensacion en este plano existencial?..solo obras para el mas alla!!..me hace sufrir..!

    1. Saludos, Mora. Creo que Sonia ha acumulado la mejor de las cosechas. Nuestra auténtica vida no es la de aquí, donde todo, menos el alma, está sometido a procesos de caducidad (véase el mismo cuerpo físico). Por eso, estoy seguro de que su entrada en el mundo espiritual será sublime y muchos de los que ella ayudó estarán esperándola con sus brazos abiertos para recompensarla con su agradecimiento. Gracias por tu atención y espero que sigas también la próxima novela. Besos, Mora.

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SONIA Y LEÓN (y 103) ¿Despedida?

Lun Sep 6 , 2021
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—Muy buena salida, Sonia, ja, ja… Recuerda que grandes escritores como por ejemplo, Charles Dickens, publicaban sus novelas por entregas, incluyendo capítulos semanales en los periódicos que arrasaban en ventas. Ya sé que estamos en pleno siglo XXI, pero el carácter de tu historia no deja de recordarme el […]