SONIA Y LEÓN (95) Preparativos

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—Vale. Pero, trata de recordar, Hipólito —insistió Sonia—. ¿Por qué le comentaste a León ese tema? Quiero decir, ¿resultó una inspiración? ¿Escuchaste una voz en tu interior que te impulsó a expresarte de ese modo?

—Mirad una cosa ambos: puedo sufrir un despiste en cualquier lugar o momento, tengo ya una edad, pero os aseguro que eso que habéis relatado no sucedió. Llevo muchos años de responsabilidad profesional repasando papeles y cuentas. Perdonad, si yo hubiera pronunciado esas palabras, lo recordaría.

Sonia se quedó como cabizbaja, apoyando su barbilla en su mano derecha, en actitud reflexiva, hasta que de repente, su mirada se iluminó y tras una prolongada, aunque silenciosa sonrisa, pareció dar con la solución a aquel enigma.

—Ahora lo comprendo todo, Hipólito.

—¿El qué exactamente? —respondió el Delegado.

—León, dime, ¿recuerdas algún detalle ese día sobre tu jefe que te llamase la atención?

—Ahora que lo dices, cuando me hizo la famosa pregunta, estaba un poco como ido, como si no fuese él. Me extrañó, pero no le di la mayor importancia.

—Pues ya está, señores. El señor Delegado tuvo unos segundos de distracción y algún espíritu utilizó aquel momento para hablar a través de él. No fue consciente de esa coyuntura, por eso le resulta imposible recordarlo. Es increíble, pero ellos utilizan cualquier oportunidad para transmitirnos los mensajes que desean y que nos son necesarios. ¿Me habéis entendido, queridos?

—Si tú lo dices, debió suceder de ese modo, Sonia —añadió Hipólito—. Confío plenamente en tus palabras y en tu razonamiento porque tú, mejor que nadie, sabe de esos aspectos íntimos y de cómo funciona el plano espiritual. Lo has experimentado tantas veces en ti misma, que eres la más preparada para reconocer ese fenómeno. Hasta yo mismo estoy sorprendido, pero todo encaja. Somos antenas y el mundo espiritual funciona como transmisor de ondas que algunos captan de un modo u otro. Ya os digo que yo no fui consciente en ningún momento de esa comunicación. Y sin embargo… Bueno, por favor, continúa con la notica que antes me adelantabas, aunque ya me estoy imaginando que…

—En efecto, Hipólito. Ya te anticipo que León y yo nos hemos puesto a trabajar en ese proyecto de traer una nueva criatura al mundo.

—Caramba, por un momento hasta imaginé que ya estabas embrazada. Creo que me apresuré en el juicio de los acontecimientos. En cualquier caso, se trata de una excelente noticia. ¡Dios mío, cómo me alegro por vosotros! Ah, y también por el nuevo ser que habrá de llegar. Otra alma dispuesta a encarnar, a aterrizar en este difícil plano después de su «erraticidad» … Una nueva vida que tendrá que abrirse camino.

—Ahora soy yo el que tengo una pregunta —intervino León—. Llevamos ya más de un mes que nos hemos puesto muy serios con este tema. Una vez que tomamos la decisión, quisimos ser coherentes. Te lo digo en confianza. Hemos comprado varias pruebas de esas que te permiten saber si la mujer está o no embarazada. Por ahora, no ha habido éxito. Y mira que parecía la cosa más fácil del mundo, como algo natural que se intenta y que sale. En tu caso, ¿resultó algo dificultoso o hubo facilidades?

—Caramba, León, te noto un poco tenso. Contemplo a Sonia y no sé, la veo como más tranquila. Ya sabes que la ansiedad con estos temas no resulta beneficiosa. No obstante, y para tu información, todavía recuerdo el buen consejo que, a nosotros, como pareja, nos dio el médico.

—¿De veras? Pues estoy con los oídos receptivos, señor.

—Solo tienes que efectuar un pequeño cálculo. Ja, ja, para ti, un economista de prestigio, resultará una tarea de niños. Anota la última menstruación de Sonia. A partir de ahí, suma catorce días y en torno a esa fecha, la probabilidad de embarazo aumenta de un modo exponencial. Son los días de mayor receptividad para una posible fecundación. ¿Lo has captado?

—¡Dios mío, qué fácil! —rio como sorprendido el joven—. ¡Vaya ignorancia la mía! Claro, es que de estos asuntos no se puede hablar con cualquiera. Es increíble, pero he tenido que entrevistarme con mi jefe para que me aconseje, no de economía, sino de fertilidad, ja, ja… No deja de ser gracioso, pero algo de lo más práctico. Tomamos nota del fantástico aviso.

—Mi amor, nosotros carecíamos de esa información —dijo Sonia tratando de calmar a León—. No puedes hacerte ningún reproche. Yo también me alegro de que tu jefe nos haya aportado algo de claridad en este tema. ¡Quién lo diría! Ya verás cómo a partir de ahora, todo irá mejor.

—Sí, eso espero —añadió él—. Bueno, antes de iniciar nuestro habitual diálogo sobre el más allá y el más acá, queríamos darte otra primicia informativa.

—Caramba, hoy es el día de las sorpresas. Contadme, por favor.

—Pues es magnífico. Sonia y yo vamos a pasar por el altar. En fin, que hemos dado el paso para casarnos.

—Increíble, chicos, dos noticias maravillosas en una sola visita. Vaya día. Cuántos regalos para mis oídos. Y eso que aún no estamos en Navidad. Además de decidir traer otro espíritu a la Tierra, vais a formalizar vuestra relación. Y ¿ya sabéis en qué iglesia contraeréis matrimonio y qué día?

—Bueno, esa opción no la hemos contemplado, Hipólito. León y yo hemos estado hablando y la verdad, acorde a nuestros intereses, haremos una boda civil, sencilla y sin demasiado boato. Pediremos cita en el ayuntamiento para que, en breve, nos den cita.

—Ah, está bien.

…continuará…

6 comentarios en «SONIA Y LEÓN (95) Preparativos»

  1. Que Buenas Nuevas nos plasman estos jovenes revolucionarios espirituales!!!y ese guia de don hipolito!! Bonito capitulo!!

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