SONIA Y LEÓN (81) Savia nueva

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A la mañana siguiente, en el café Ágata…

—Veamos, compañeras —expresó Sonia mientras que dirigía su vista hacia las otras dos—. Parece que el público nos ha dado un respiro temporal de unos minutos. Hay que aprovecharlo: reunión para coordinarnos. Necesito hablar con vosotras sobre un asunto de la máxima importancia.

—Bien, jefa —respondieron las dos trabajadoras casi al unísono.

—Después de unos años de servicio en este local, quiero compartir un balance de lo más personal. A partir de este momento y considerando que las circunstancias nos son propicias, voy a dejar de venir por las tardes. ¿Eh? No me miréis así, con esa cara de póker. Tranquilas, que antes de exponer mi opinión, tengo una alternativa preparada. Por las mañanas, estamos las tres juntas. Evidentemente, si después me voy, existirá una mayor carga de trabajo. Como os estoy leyendo el pensamiento, ya os digo que habrá que contratar a alguien nuevo para que se sume a nuestra causa. He creído que el negocio va razonablemente bien y que ya es hora de introducir savia nueva en esta planta que constituye nuestra empresa. Quiero una mujer, a ser posible que sea joven, con ganas y espíritu de esfuerzo. Antes de seleccionarla, estoy dispuesta a escuchar preguntas y comentarios.

—Un momento, Sonia —inquirió Carmen—. ¿Acaso ya has pensado en alguien?

—Pues la verdad es que no. Este tema ha surgido de repente y por eso, ni siquiera me he ocupado de buscar a esa cuarta persona que completaría nuestra maravillosa plantilla. Mirad, estoy segura de que entre vuestros allegados, conocidos o amigos, conoceréis a alguien de confianza que pueda comprometerse con nosotras. No me valen los experimentos. Esto funciona demasiado bien como para correr riesgos innecesarios. Tenemos que hacer equipo, continuar con nuestra unión, con esa solidaridad que tanto nos ha permitido crecer. Quien venga, ha de tener claro el espíritu de este negocio. Nosotras, hasta ahora, lo hemos hecho así y como veréis, no nos ha ido mal. Bienvenida la nueva que llegue, pero asegurándonos de que seguirá nuestro ritmo y asumirá nuestra filosofía. El buen ambiente laboral resulta esencial para mantener el éxito. Bueno, pensad un poco y rebuscad en vuestra memoria, por favor.

—Un momento, Sonia —intervino con prontitud Elisa—. Creo que ya tengo en mente quién podría ocupar la nueva vacante. Además, daría un perfil más que adecuado al puesto.

—¿De veras? —reaccionó abriendo sus ojos la dueña del café—. ¡Caramba, qué rapidez! Venga, te escucho.

—Pues tengo una prima hermana que hace poco completó sus estudios de hostelería. Si no me equivoco, debe tener ya los veintiún años. O sea, cumpliría el requisito de ser joven. Como la conozco, ya te adelanto, que por su carácter, encajaría muy bien con nosotras. Además, yo estaría pendiente de ella, sobre todo al principio, mientras que aterriza en el local. Ya sabes, para guiarla y que espabile cuanto antes, porque aquí, como te duermas, te pegas un porrazo.

—Y ¿cómo se llama la candidata?

—Ella es Julia. ¡Con lo bien que yo me llevo con mi tía..! Seguro que se quedaría encantada de que su hija estuviese al lado de su prima mientras que recibe su primer contrato.

—Bien. No tiene experiencia. Habría que ponerla a prueba unos días para ver cómo responde. Me fío de ti, Elisa, como es lógico. Hace tiempo que nos conocemos y no me ibas a recomendar a alguien que nos diese problemas. Tu propuesta es una gran responsabilidad para ti y más, tratándose de alguien de tu familia.

—Estoy convencida de que responderá, Sonia. Suplirá su falta de hábito con su motivación, con sus ganas por iniciarse en el mundo laboral de los “mayores”. No pasa nada por su edad, estaré encima de ella al comienzo y una vez que coja ritmo, volará sola.

—Correcto. Eso es lo que yo quería oír. Tu empuje siempre puntúa positivo, Elisa. Y tú, ¿Carmen? ¿Tienes a alguna candidata por ahí a la que quieras promocionar? Venga, mujer, que estás muy callada.

—Oye, Elisa —aprovechó la ocasión la otra camarera para responder.

—Uy, que te estoy viendo venir. Ya estás poniendo pegas sin conocer a mi Julia. ¿Es que no te fías de mi criterio?

—No es eso, pesada. Solo pretendía saber si tiene tu mismo carácter, porque creo que contigo ya es suficiente.

—¿Has visto, jefa? Aprovecha la más mínima ocasión para hacer sangre con sus ironías y sus silencios.

—Haya paz. Lo que ocurre es que ambas sois diferentes, pero yo creo que os complementáis a la perfección. Fijaos en que cada cliente os prefiere a la una o a la otra, según sus gustos. Debe ser cosa de la afinidad, je, je. A todo esto, Elisa, responde a la pregunta de tu compañera. No deja de ser un rasgo interesante en este trabajo tan especial.

—Bien, contestaré con libertad. En algo sí que se parece, porque compartimos parte de nuestra sangre. Sin embargo y para tranquilidad de la calladita de Carmen, ya te anticipo que puedes relajarte. Parecerse no es ser igual. Ella, digamos que tiene más calma en el trato y no resulta tan impetuosa como yo. ¿Qué, lista? ¿Ya te has quedado más calmada?

—Pues sí, siendo sincera, mejor así. Con un vendaval como tú, ya está bien. Quién sabe, a lo mejor la chiquilla, en cuanto a personalidad, está en medio de nosotras. Eso sería bueno. Por otra parte, Sonia, no he pensado en otra persona. En mi familia, la mayoría son varones. No se me ocurre nadie. Quizá sea buena idea darle el beneficio de la duda a esa Julia. Elisa ha apostado fuerte por su prima; no creo que se vaya a arriesgar a proponer a una joven que no dé la talla. Quién sabe, ha respondido tan rápido, que a lo mejor ha tenido uno de esos ataques de intuición que a ti tanto te dan, jefa.

—Entonces ¿estás conforme con lo propuesto por Elisa?

…continuará…

4 comentarios en «SONIA Y LEÓN (81) Savia nueva»

  1. Que bueno que Sonia Tendra mas tiempo para si. y ojala que Julia resulte buena compalera de trabajo y buena empleada.A veces hace falta una tercera persona para razgar la monotonia

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