SONIA Y LEÓN (y 103) ¿Despedida?

7

—Muy buena salida, Sonia, ja, ja… Recuerda que grandes escritores como por ejemplo, Charles Dickens, publicaban sus novelas por entregas, incluyendo capítulos semanales en los periódicos que arrasaban en ventas. Ya sé que estamos en pleno siglo XXI, pero el carácter de tu historia no deja de recordarme el estilo que existía en aquel tiempo. En definitiva, lo que quería plantearte es que todo ese material recogido sobre tu trayectoria, no me serviría para redactar un extenso artículo, qué va, sino para escribir un libro completo. No sé si te sorprenderá o no, pero llevo unos días dándole vueltas a ese asunto. Quizá, el dar a conocer tu biografía con toda esa ingente cantidad de experiencias, resultaría el mejor homenaje a tu persona, el legado de una ciudad que te vio nacer y el acercamiento de los más jóvenes a una figura tan excepcional como la tuya. Simplemente, la idea de revivir el “Café Ágata” y luego el “Café León” cumpliría con la función de remover innumerables conciencias que pasaron por tu sitio de trabajo y cómo no, que recibieron tu ayuda y tu consejo.

—Gracias infinitas por tus palabras, Darío. Me parece una excelente idea, mas lo dejo a tu criterio profesional. Si necesitas mi aprobación para darle forma a todo ese relato, cuenta con mi beneplácito. Eso sí, antes de que saliese a la luz, me gustaría ser la primera persona que lo leyese. Seguro que me emocionaré muchísimo. Piensa que todas estas semanas de charla que hemos mantenido han resultado muy agradables y que ambos nos hemos enriquecido y hemos aprendido nuevas cosas. Eso me ha parecido por tus miradas y el resto de gestos.

—Eso es indudable, Sonia. He disfrutado como un crío. Tu biografía es apasionante, llena de detalles curiosos, un relato muy particular que merece la pena dar a conocer.

—Tus palabras me llenan de paz y de agradecimiento a la vida, porque en el fondo, todo este tiempo de confesiones me ha servido para tomar conciencia de lo afortunada que debo sentirme.

—Fíjate, tú hablas de fortuna, de gratitud, y sin embargo, tu existencia estuvo llena de dificultades.

—Cierto, amigo. Es verdad lo que dices, pero recuerda que detrás de cada obstáculo se presenta una oportunidad de progreso, una coyuntura que te invita a crecer como persona. No creo que me reste mucho por vivir. Soy vieja y ya he organizado mis maletas para el futuro viaje. En ellas no hay ropa, ni joyas, ni dinero, solo el recuerdo de lo vivido. Ahora, deberán ser otros los que juzguen mi paso por esta bella y antigua ciudad que ha sabido perdurar durante más de tres milenios.

—Sonia, no hay que ser muy listo para saber que en ese lugar al que pretendes viajar, vas a ser bien recibida. Pensar en otra posibilidad iría contra el sentido común. Concuerdo con todo lo que has expresado durante los últimos meses en nuestras serenas entrevistas. Ciertamente, cada uno recoge lo que previamente ha sembrado. Fijándome en tu cosecha, te aseguro que el trigo es bueno, de mucha calidad y que el pan que salga de tus manos resultará exquisito y hará las delicias de quienes lo prueben.

—Excelente metáfora, Darío Rojas. Llenas de sosiego mi envejecida alma, sobre todo, porque tus palabras provienen del corazón.

—Gracias a ti —respondió el periodista mientas que sus mejillas se cubrían de lágrimas recordando de pronto cómo resultó el primer día que se presentó en aquella casa.

—No hace falta que me digas nada, pero estoy pensando en aquella tarde que acudiste a este piso para conocerme, en esa jornada en la que a través del aroma del café, nos pusimos a charlar y a charlar hasta llegar a la fecha de hoy. Fue un gran descubrimiento. Si no hubiésemos disfrutado de esa gran complicidad surgida entre nosotros, esta historia no se habría podido completar.

—Sonia, escúchame, porque habrás cumplido años, pero tus habilidades excepcionales para penetrar en el prójimo continúan intactas. Desde el primer instante en que atravesé esa puerta, noté dentro de mí una extraña familiaridad contigo. Tal vez fue ese el motivo que me condujo hasta ti, con la fuerza de una atracción irresistible. Esta ciudad de luz y de sal está en deuda contigo. No sabes cuánto. Mi intención era mostrar la huella de tus vivencias, el reflejo de tu paso por aquí. Tú, que mencionas a la muerte sin miedo, con confianza, como si fuese tu aliada y no tu enemiga, te digo que cuando tu cuerpo ya no esté entre nosotros, siempre vivirán en nuestra memoria tu mirada compasiva, tu voz sabia y el delicado tacto de tus manos, ese que tanto ayudó a los demás. Siempre quedarán estas páginas, un testimonio donde se inmortalice tu legado, el correspondiente a tus buenas obras. Es de buen ciudadano ensalzar a los héroes que lo han dado todo por sus vecinos. ¿No es maravilloso?

—No creo que merezca tanto, pero no puedo negar que tu mensaje eleva mi pensamiento y me hace vibrar. Espero seguir tu trayectoria desde el otro lado de la vida. Por cierto, me dijiste que te habías casado hace unos dos años. ¿Qué tal te va?

—Excelente memoria, porque ese dato te lo comenté al principio de conocernos.

—A Dios gracias, me esté pasando lo mismo que a mi amigo Hipólito. Envejece mi organismo con esta incómoda fibromialgia que me «mata» un poquito cada día, pero con respecto a mi cabeza, la verdad es que no me puedo quejar. Por fortuna, esa lucidez mental que aún mantengo ha servido para que escribas todo ese relato con todo lujo de detalles. ¿Me equivoco?

—En absoluto. Gracias a todos esos recuerdos, esta biografía ha cogido forma. Cuando salga a la luz, iluminará los pasos de muchas personas. O sea, que vas a hacer el bien incluso desde la distancia.

Un silencio respetuoso se hizo de repente en la sala, como si resultase el anticipo de una despedida.

—Un momento, me habías preguntado antes por cómo iba mi matrimonio… —comentó Darío mientras que se ponía de pie.

—Oye una cosa, jovencito. ¿Tienes unos segundos aún?

—Claro, lo que tú digas.

—Solo quería darte un sentido abrazo a modo de adiós, aunque sé que nos mantendremos en contacto.

—Faltaría más, amiga. Ese abrazo servirá para simbolizar nuestra amistad, nuestro vínculo.

Tras esa estampa afectuosa de intercambio entre aquellas dos almas afines…

—Espera, Darío. No puedes marcharte todavía. He sentido algo, siéntate que he de decirte una cosa importante. Creo que estás listo para oírla.

—Dios mío, Sonia. Parezco un personaje de tu biografía. Venga, ya me siento. Estoy nervioso. ¿Tengo que darte mi mano izquierda?

—No, no hace falta. Ha sido durante el abrazo.

—Pues soy todo oídos.

—Gracias, hijo. Prepárate, porque lo que te voy a decir merece la pena escucharlo.

—Sí. Estoy preparado. Jamás había visto a nadie con una mirada tan profunda de amor. Cuando quieras…

—Verás, Darío…

FIN

7 comentarios en «SONIA Y LEÓN (y 103) ¿Despedida?»

  1. Excelente historia, la disfrute! muchas personas se deprimen en soledad,hasta volverse adictas a los farmacos, Sonia supo vivir sus perdidas, su soledad y convertirlas en algo util y valioso, como es el servicio a los otros, a la causa del espiritu, que todo tiene un porque y para que.supo vivir sin apegos,sin sufrimiento, nunca se quejo! Gracias Al Autor de Esta linda Historia!

    1. Gracias a ti por tu paciencia y tu interés. Me alegro de que te haya gustado y te espero en breve para continuar con la siguiente historia. Que Dios te bendiga, Mora.

  2. Fantástico o final desta maravilhosa novela, com muito aprendizado.
    Para Sonia cada obstáculo foi uma oportunidade de crescimento, uma mulher forte, dedicada e resolvida.

  3. Fantástico o final desta maravilhosa novela, com muito aprendizado.
    Para Sonia cada obstáculo foi uma oportunidade de crescimento, uma mulher forte, dedicada, resolvida, que teve orgulho da mulher que se tornou.

    1. Boa noite, Cidinha. Pra mim, a Sonia foi um grande exemplo de luta pela evolução. Acho que ela sabia da autentica estrada para progredir y foi consequente com sua missão. Beijos sempre, amiga.

      1. Gratidão amigo por prestigiar a tantas pessoas com esses belíssimos ensinamentos.
        Quanto a mim, aprendi muito com esta encantadora novela, que me incentivou a ler novamente o Livro dos Espíritos. Parabéns pelo seu precioso talento, o de despertar pessoas.

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