SONIA Y LEÓN (78) Señales de evolución

4

—Jefe, como suele ocurrir, soy perfectamente consciente de que existe una gran distancia entre las buenas intenciones que se cultivan en el pensamiento y después, lo que se aplica sobre la realidad. No hay que ser muy listo para comprobar que la inmensa mayoría de los habitantes de este planeta somos imperfectos, aunque unos más que otros, sin duda. Sonia, desde que tuve la fortuna de conocerla, tiene muy bien perfilado su campo de acción. No digo esto porque ella me quiera o por lo bien que me trata, que es mucho, sino porque su trabajo diario está orientado al servicio a sus clientes, alimentándoles o dándoles algo de beber. Parece una cosa menor, pero ¿qué grupo humano sobreviviría si no hubiese locales donde la gente acudiese para disfrutar de su tiempo libre o simplemente encontrar un buen servicio para desayunar o almorzar cerca de sus trabajos? Además de eso, al poseer esa capacidad tan especial que ya hemos comentado, a ella no le importa extraer tiempo de su existencia para invertirlo en los demás. ¡Qué importante es ser escuchado en un momento de incertidumbre, qué bueno es ser atendido ante una importante duda o justo cuando has de tomar una decisión crucial en tu vida! Y todo eso, a su manera, Sonia lo hace. Don Hipólito, a veces, me siento tan poca cosa cuando me miro en el espejo y de pronto, ella entra en la habitación y se refleja junto a mí… Es como un ángel que tuviese línea directa con el otro plano y que ha descendido a esta dimensión para hacer felices al resto de los mortales o cuando menos, para aliviar su sufrimiento.

—Pero, mi amor —expresó la joven emocionada entre lágrimas—, jamás te he oído hablar así. Yo nunca he pretendido causarte ningún malestar con mi actuación, lo siento de veras.

—Veamos, tranquilos los dos. Es normal que estas inquietudes afloren. Son una excelente señal de que habéis despertado al amor y al desempeño de vuestra misión. León, ¿qué es eso de compararse? Ella es única, por supuesto, pero no menos ni más que tú. Venimos a la existencia para progresar, pero cada cual lo hace desde una perspectiva diferente. Ya lo hemos hablado hace un rato. Observa a tu alrededor, sé consciente de tus posibilidades. Cuando algún ciudadano acude con una queja o con una reclamación a nuestra oficina ¿cómo le tratas? ¿Le atiendes con esmero? ¿Nota ese cliente que es para ti una incomodidad servirle o por el contrario, percibe que tú estás haciendo tu trabajo de forma digna? Y cuando te relacionas con tus propios compañeros en Hacienda ¿te dejas llevar por el egoísmo, es el orgullo el hilo conductor de tus relaciones o en cambio, tratas de ayudarles si te consultan alguna duda o te piden apoyo? Y dime, ¿qué sucede en el día a día con tu novia? ¿Te aprovechas de ella para tu exclusivo beneficio o compartes con Sonia todo lo bueno que llevas por dentro? Y… con el resto de personas, ¿cómo definirías tu relación con ellas? Ya ves que existen múltiples formas de responder ante la vida, infinidad de actitudes que adoptamos y que nos definen. ¿Cuál es la tuya? Esa es la clave, amigo. No hace falta que te hable de la importancia de la introspección, de ese ejercicio diario de conciencia que puedes realizar recién levantado o justo antes de cerrar tus ojos, ya en la noche. Lo esencial es que aprendas de la experiencia acumulada en cada jornada y que tras ese examen tan recomendable, decidas de acuerdo a tu voluntad mejorar en todo aquello en lo que has mostrado algún tipo de deficiencia.

—Sí, jefe —expresó León mientras que dirigía la mirada al suelo—, tiene usted mucha razón. Sus palabras sirven para abrir ojos y afinar los oídos.

—¡Eh, chico, levanta esa vista y regocíjate! ¿Puede haber algo que nos llene más que las ansias de evolución? ¿Qué puede ser mayor motivo de alegría que pulir poco a poco tus defectos y ser un poco mejor con cada amanecer? Tranquilo, tenemos toda la vida por delante. No puedes completar toda la tarea pendiente en tan solo una hora. No somos dioses, tan solo unas criaturas que deben hacerse conscientes de que no existe nada más importante que trabajar la conciencia para transformarla a través de las buenas obras. Ya sé que no es fácil, te lo digo por experiencia. Lo curioso es que, cuanto más te esfuerzas, más te das cuenta de los aspectos que hay que mejorar. De ahí procede ese impulso evolutivo que proclama nuestra libertad para optar por la senda de la renovación. Cuando te presentaste a la oposición, el tribunal te evaluó por tus conocimientos sobre el temario de estudio, es decir, por tus méritos y tu capacidad para realizar ese trabajo que como funcionario de Hacienda deberías llevar a cabo en el futuro. Fíjate bien en que aquel examen tan solo abarcó un campo de tu vida, en este caso, el profesional. Cuando abandonemos este plano, León, las preguntas que nos harán no se referirán tan solo a un área, sino a todas. La revisión será mucho más amplia y alcanzará las numerosas experiencias con las que nos hayamos enfrentado a lo largo del tiempo. Eso no es otra cosa que hallarle un sentido a tu vida. Se trata de un ejercicio absolutamente personal, más siempre orientado hacia la práctica del bien. ¿Acaso podría ser de otro modo? ¿No nos han explicado desde niños que Dios es ante todo amor? He ahí nuestra misión: esparcir por donde vayamos esas semillas que el Creador ha situado en nuestro corazón, en nuestras manos, en nuestras palabras e incluso en nuestras miradas… Queda tanto por hacer, queridos amigos, que a menudo pienso en lo corta que resulta la existencia humana y en lo mal que podemos sentirnos alejándonos de lo verdaderamente primordial: nuestra transformación a través de nuestros actos. El objetivo está claro y es fácil enunciarlo. Resta lo más interesante de ese desafío al que todos estamos convocados: su aplicación. Ese es el contenido, el verdadero mensaje con el que me gustaría que os fueseis hoy a casa. No nos desviemos del auténtico camino. Al pensar en mi esposa, en su trayectoria, sé que ella se sentirá satisfecha y que estará preparando nuevos retos para el futuro. No me la puedo imaginar de otra forma que no sea diciendo lo importante que ha sido el camino recorrido, pero más aún el que queda por completar.

—¡Dios mío, qué a gusto me noto al escucharle, señor! —expuso Sonia mientras que entrelazaba sus dedos en señal de gratitud.

—Me alegro mucho por ello, amiga. Tus pensamientos casi se pueden leer.

…continuará…

4 comentarios en «SONIA Y LEÓN (78) Señales de evolución»

  1. Que Gran Leccion nos ha dado Don Hipolito! ante esas preguntas se siente uno desnudo y la existencia tan corta!..Aprender para mejorar, evaluando cada jornada mediante la introspeccion! Bello Capitulo de Enseñanza!!

  2. Dom Hipólito, espirita convicto, orienta o casal a perceber que nosso Divino Criador jamais esquece de olhar por um filho, quando fiel seguidor de sua vontade.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Entrada siguiente

SONIA Y LEÓN (79) La cueva

Mié Jun 9 , 2021
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—No sabe lo satisfecha que me noto por dentro. De veras, esto es como si me hubieran comunicado la mejor noticia de mi vida. Sé que me he enfrentado a muchas circunstancias tristes en mi pasado. Sirva de ejemplo la pronta desaparición de mis padres. Además de abrir mi […]