SONIA Y LEÓN (52) La prudencia de Sonia

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Poco a poco, Sonia consiguió abrir sus ojos y volver a la normalidad hasta recomponer su postura.

—Uf, me noto confusa. Aún siento como si me ardiera el pecho. Perdone por lo ocurrido, pero si le soy sincera, hasta yo misma estoy sorprendida por la intensidad y la potencia de lo sucedido.

—¿Perdonar? Es usted la persona más increíble que he conocido después de mi mujer. Y tenga en cuenta que, debido a mis circunstancias, yo me he cruzado con miles de almas de todo tipo y condición. Empiezo a entender a la perfección todas las cosas que me habían comentado acerca de usted, de su trato con los demás y de sus capacidades. ¡Que Dios la bendiga, Sonia! Es lo primero que se me viene a la cabeza. No tengo palabras para describir las sensaciones que he experimentado, esos minutos maravillosos que tanto me han conmovido. Al atravesar la puerta de su local, jamás podía imaginar que me iba a enfrentar a este tipo de vivencia tan sublime. De repente, he visto con claridad lo que debía hacer con mi hijo y además de eso, he podido constatar, que, a pesar de mis dudas, la existencia es inmortal y continúa después de la muerte. He abrazado certidumbres y he disipado temores. ¿Se da cuenta de lo que ha hecho? Dígame, por favor, ¿a cuántos conoce que hayan tenido la posibilidad de reencontrase con el amor de su vida? Por un instante, pensé que el tiempo se había detenido y que era yo el que estaba en otra dimensión, un espacio donde no hay límites, como cuando sueñas y te despiertas en la más bella realidad. Lo que a mí me ha pasado no es ya un privilegio, sino una auténtica bendición. Mire, amiga, que yo era un sujeto bastante escéptico con estas cuestiones y ahora, he construido una ventana donde tan solo había un grueso muro de piedras que me impedía ver. Cuando llegué aquí, esperaba como mucho un buen consejo psicológico, un remedio para solucionar mis problemas y cuál no ha sido mi sorpresa cuando la mismísima Trinidad, mi querida esposa, se ha presentado en esta habitación para regalarme su expresión, sus gestos y hasta su voz, que era idéntica a la que tenía cuando respiraba a mi lado. ¡Si supiera cuánto agradezco el mensaje que he escuchado y del que he sido feliz testigo! Ay, Dios mío, solo disponía de los ojos de mi mente y ahora, en cambio, he abierto los ojos de mi corazón. No se lo va a creer, ya conoce mi relato, pero estoy deseando llegar a Sevilla para ponerme a trabajar con Miguel y con todo aquello que, gracias a usted, me ha sido revelado. Y qué mejor forma, qué mejor camino, que haber oído ese consejo que buscaba de los labios de mi propia esposa, ya me entiende. Es el ser que más he amado, el más adecuado para guiarme en la oscuridad, para acercarme a la luz que precisaba, después de ese temporal vivido que acabó con mi resistencia.

—Señor, señor, comparto su inmensa alegría, pero permítame decirle algo. Alabo su tremenda ilusión por ponerse manos a la obra, incluso la fe que denotan sus palabras, pero queda un largo trecho por recorrer, el más importante de su lucha. Lo ocurrido, sin duda, ha sido un buen presagio, lo intuyo, porque hemos conseguido que se le remuevan todas sus entrañas, incluso las del alma. No obstante, créame. Es muy posible que usted se halle deslumbrado por la fuerza de la experiencia, por haberse comunicado con alguien que significó tanto en su historia, mas el camino será duro y no podrá permitirse más tropiezos si no quiere que la situación empeore aún más. Y ya sabe lo que eso podría significar. He visto a gente pasar por aquí con tanta o más esperanza en sus ojos como la que contemplo ahora en los suyos, pero que después perdían el impulso inicial cuando llegaba la hora de la verdad, es decir, la de cumplir con la meta acordada. Nada más lejos de mi intención que rebajarle la euforia, tan solo trato de ser prudente, de adoptar una actitud adecuada a la magnitud de la demanda a la que se enfrenta. Por supuesto, le insto a comenzar cuanto antes, incluso durante el trayecto de vuelta, para que vaya pensando en lo que hacer y en medidas concretas para ganarse a su hijo. Cuando me acuerde de su rostro, le pediré a Dios para que le mantenga fuerte ante la adversidad y por Miguel, para que se muestre receptivo y pueda redimirse de la ruina en la que se hallaba. Por otra parte, y esto es bueno saberlo, estoy convencida de que su “Trini” hará todo lo posible para asistirles a ambos desde el lugar en el que se encuentre, para inspirarles buenos sentimientos, de modo que se reconcilien. No olvide de que esa será la vía ideal para que usted se convierta en un feliz abuelo y su benjamín, en un buen padre. Yo no soy madre, pero nada me haría más dichosa que enterarme de que ha recuperado ese vínculo con Miguel. Yo perdí demasiado pronto a mis padres, creo que por eso sé de lo que hablo.

—Sí, vuelve usted a tener razón. Ahora, el éxtasis me domina. Es una sensación de haber viajado a un lugar maravilloso donde solo me han dado buenas noticias y muchos ánimos. Este fenómeno ha resultado único y espero que suponga un antes y un después en la trayectoria de mi familia.

—Por supuesto que sí, don Alberto. Más motivo aún para considerar con atención el mensaje recibido y tratar de llevarlo a la práctica. Dé por seguro que su esposa le ama. Su amor es inmenso, he notado dentro de mí esa emoción incomparable que no somos capaces de mantener en esta dimensión terrenal, salvo en momentos muy, muy especiales. Sea usted fiel al sentido de las palabras que le ha dirigido y no desaproveche esta magnífica oportunidad para enderezar el rumbo. Los que se han “ido” poseen una habilidad mucho más alta que nosotros para contemplar nuestros asuntos desde una perspectiva diferente. Pienso que su esposa ha acudido a nuestra reunión por esa razón, para que el impacto en usted resultase intenso, definitivo, y de ese modo, tomase conciencia de la naturaleza de su problema, pero también, de la bendita herramienta que puede utilizar: su amor. Anhelo para que todo vaya bien. Se juega mucho en este desafío, señor. Es mi esperanza que su fuerte voluntad se imponga frente a los obstáculos.

—Yo también lo espero, señorita Sonia. No sabe lo que me ha alegrado el día. ¿Qué digo el día? Me ha alegrado usted la vida. Le aseguro que salgo de su café Ágata completamente renovado. Me pregunto si antes estaba tan ciego como para no ver la verdad y tras esta experiencia, he abierto mis ojos.

…continuará…

4 comentarios en «SONIA Y LEÓN (52) La prudencia de Sonia»

  1. El Multimillonario Finalmente Encontro La Luz Despues del Tunel!!Comentario materialista: Siendo tan Rico! Ni un Regalito para Sonia? Comentario Espiritual: Deberia haber en el Mundo Mas Mediums!!Asi la gente encontraria facilmente el sentido de la vida de cada cual!!opino yo!

    1. Ya sabes que lo que gratis se recibe, gratis se ha de compartir. Por otra parte, si hubiese tantos médiums, acabaríamos por preguntarles incluso por la hora de comer. Mejor lo dejamos así. Abrazos, Samora. Feliz semana.

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Mié Mar 10 , 2021
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—Sea sensato, señor, vaya poco a poco. Las grandes empresas, quién mejor que usted para dar testimonio de eso, no surgen de la noche a la mañana. ¡Cuánto más esta, la más sublime, recuperar a su propio hijo! En esta excelsa tarea, yo me dejaría aconsejar. —¿A qué se […]