SONIA Y LEÓN (101) Una nueva vida

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—Bueno, yo no lo calificaría de un modo tan extremo, querido amigo —aseveró Sonia con determinación—. Es cierto que se trata de aspectos poco agradables para cualquiera, pero cuando tomas conciencia de que aquí estamos de paso, los problemas, aun siendo graves, se relativizan y se valoran en su justa medida.

—Dios mío, es que todo eso que te pasó sucedió en tan poco tiempo…

—Sí, Joaquín. Todo fue muy rápido. Después de múltiples intentos, logré quedarme embarazada. Un día, tras apenas unos dos meses de aquella maravillosa fecha, sin que todavía me notase mi barriguita, sentí una pérdida tremenda dentro de mí. Sinceramente, fue como si estuviesen vaciando mi interior. Esa hemorragia resultó fatal para el crío. Ya lo sabes, perdí a mi futuro bebé, a ese hijo que tanto deseaba concebir. Fue un golpe muy duro y confieso que casi me vuelvo loca. A pesar de mis creencias, hay cosas que cuesta trabajo asumir y te notas el ser más frágil del mundo, a punto de romperte. Las leyes de la vida, con frecuencia, no son platos de buen gusto. Empecé a convencerme de que en esta existencia, mi papel de madre no se iba cumplir y que debía pasar por esa experiencia para reajustar mi dilatada historia. Sin embargo, con el tiempo, lo acepté. Dios mío… y saber que fue tu padre el que un día le dijo a León que cuándo íbamos a pensar en tener hijos. Mi esposo siempre mantuvo la idea de que esas palabras, aunque las había pronunciado Hipólito, en verdad le habían sido inspiradas. Aquel acontecimiento nos sirvió para sacarnos de nuestra posición de comodidad y, al menos, lo intentamos, aunque al final, no pudo ser.

—Y más adelante, otro terrible hecho que superó en dureza al trastorno causado por aquel aborto espontáneo —afirmó Susana.

—Pues sí, tienes toda la razón. A mi hijo lo llevé dentro dos meses, pero con León llevaba años de convivencia y él era mi complemento ideal. Desde el día en que le conocí, tuve la convicción de que nos íbamos a llevar de maravilla. ¡Qué lástima! Me hubiera gustado envejecer con él, a su lado y comprobar nuestra evolución. Y a tu suegro, Susana, también le hubiese gustado observarnos. Vuelvo al argumento de antes: hay aspectos que escapan a tu control y ante eso, solo cabe la más serena aceptación. Se sufre, cómo no, pero el sosiego siempre apacigua el temporal. Aquella lesión en el corazón que le encontraron lo cambió todo. Después de ese episodio alarmante, ya bastante tenía con estar pendiente de mi marido como para pensar en un nuevo embarazo. Además del informe médico, que hablaba del riesgo que corría León, mi intuición me enviaba señales muy claras. Su cardiólogo siempre me decía lo mismo: «un día más que viva, es un día regalado a su existencia». Un año después del primer infarto, ya sabéis de sobra lo que pasó. Su pobre corazón no aguantó más y la que os habla, se quedó de repente sin hijo y sin esposo. Esas dos circunstancias le afectaron mucho a Hipólito, porque él nos apreciaba con todo su cariño. Gracias a Dios, todo lo que estudiábamos, todo aquello sobre lo que conversábamos, nos infundió nuevos ánimos a ambos. Lo confieso: sin el apoyo y las enseñanzas de tu padre, habría enloquecido. Estaba acomplejada, entiéndeme Joaquín: había perdido a mis padres de jovencita y luego, el mazazo de perder al niño y a León. Por eso afirmo, que gracias a la ayuda de quien yo consideraba un maestro, las penas de mi existencia fueron más llevaderas. En su día, supe que mis padres estaban bien. Por esa razón y si en alguna ocasión tengo acceso a esa información, os contaré cómo le va al «Señor Delegado». Estoy segura de que en el futuro, él se comunicará conmigo para confirmarme que vendrá a acompañarme en la fecha de mi regreso al verdadero hogar hacia el que todos viajaremos. Mirad una cosa: estoy convencida de que mi madre debió aceptar de buen grado mi decisión de cambiar el nombre de mi negocio. Fue así como el «Café Ágata» se transformó en el «Café León». Ese fue mi homenaje más visible a la figura de mi esposo, de ese hombre que cambió mi vida nada más conocerle. El otro homenaje que yo le ofrezco camina por dentro y pertenece a mi esfera más íntima.

—Y ¿qué se supone que vas a hacer a partir de ahora? —preguntó Joaquín.

—Uf, aún es demasiado pronto como para tomar decisiones. Sin embargo, no me apetecen muchos cambios. Viviré sola en mi casa, daré mis paseos, como hacía a menudo con León y luego con Hipólito, quedaré de vez en cuándo con mis amigas para charlar y por supuesto, no dejaré de hacer lo que llevo realizando desde que tengo uso de razón: atender, en la medida de mis posibilidades, a todos los que me piden ayuda. Eso sí, tomándolo con calma, que el estrés es muy malo y tampoco es recomendable abandonar tu propia salud. ¿Sabéis una cosa? No hace mucho acudí al doctor, porque unos pequeños dolores por varias zonas del cuerpo se me iban intensificando. No quiero exagerar, pero es como si te clavaran agujas en la piel. Me hicieron pruebas de diagnóstico y no encontraron nada. Después de investigar más, ahora resulta que se trata de una enfermedad nueva. Claro, como no hay síntomas de lesión ni nada por el estilo, resulta difícil su detección. Eso sí, el que lo padece, lo sabe.

—¿De veras? ¿Y qué trastorno es ese? —preguntó con gran curiosidad Susana.

—Yo también me quedé sorprendida cuando escuché por primera vez esa palabra: fibromialgia. Se está empezando a conocerla, pero aún restan muchos aspectos que se ignoran de esa dolencia. Te puedes atiborrar de analgésicos, pero no es mi opción, al menos por el momento. Creo que me afectaría a otros aspectos de mi existencia y eso no me beneficiaría.

—Caramba, es la primera información que tengo de ese trastorno —confirmó Joaquín—. Y ¿te permite llevar una vida normal?

—Hmmm… depende de cada momento. Imagina que estás tan tranquila sentada en el sofá y que de pronto, decides levantarte. Pues es como si te diesen un latigazo que te paraliza. En función del día, a veces duermo normal y en otras, descanso mal, porque esa sensación incómoda no avisa. En fin, espero sobrellevarlo. A ver si la ciencia invierte más en su estudio y le hallan un remedio.

…continuará…

4 comentarios en «SONIA Y LEÓN (101) Una nueva vida»

  1. Penso que Sonia encarnou para servir, e cumpre sua jornada com devoção, pronta para deixar à Terra no momento oportuno.

  2. La Vida es dura pero para algunas personas es mas dura aun! Sufren tanto los pacientes con fibromialgia! como podra salir adelante Sonia, sin tener un apoyo! no tiene familia, no tiene un amigo. y ahora de paso enferma! como se haya el sentido de la vida en esa situacion? veremos como hara Sonia y de pronto eso nos sirva de motivacion tambien!!

    1. En este tipo de coyunturas tan difíciles, el espíritu que llevamos dentro avanza mucho más si acepta esas pruebas y las supera. Abrazos, Mora.

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TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—¡Vaya por Dios! —expresó Susana con consternación—. Menos mal que eres una luchadora nata. Como me ha dicho Joaquín en otras ocasiones, si todo lo que te ha pasado le hubiera ocurrido a otro, no sé si lo habría soportado. —¡Quién sabe eso! No tengo ni idea. Lo único […]