SONIA Y LEÓN (24) Cómo empezó todo

—No, en absoluto, he aprendido a ser discreta. Simplemente, ellas lo han adivinado porque yo suelo ser puntual y esta mañana, en cambio, he llegado tarde. Incluso Elisa me ha interrogado sobre lo ocurrido durante el fin de semana y por mi aparente falta de fuerzas. León, no me mires así, con esa extrañeza; nosotras tres siempre nos hemos llevado muy bien, congeniamos desde el principio, nos hacemos todo tipo de confidencias, nos gastamos bromas y esa es la clave para que este local funcione con precisión. Hemos estrechado lazos a lo largo de todo este tiempo y como era de esperar, intercambiamos informaciones personales.

—Ya. Seguro que Carmen apenas si se ha interesado por el tema.

—Está claro, no hay que ser un lince como para saber que la más preguntona ha sido Elisa. Ella es muy sagaz.

—Tú lo has dicho. Menuda es. Bueno, no me importa. Aquí existe un buen ambiente y eso es importante para que este local camine hacia delante. Estamos hablando de tu trabajo y de tu fuente de ingresos, además de darle empleo a dos mujeres. En fin, poco a poco me iré acostumbrando a este entorno. Procuraré integrarme para que no se note mucho que mi atención se centra en la dueña del café, je, je…

—Vale, eso suena bien.

—Pues si a la señora le place, hoy me gustaría elegir un menú diferente al de la primera ocasión. Ah, por cierto, acompañaré la comida solo con agua. Creo que con lo consumido este fin de semana de alcohol, ya es suficiente.

—Pues me parece una acertada elección por parte del caballero. Estoy segura de que disfrutará de nuestra cocina. Enseguida estoy de vuelta.

Un rato más tarde…

—Oye, Sonia. Ahora que voy a empezar con el almuerzo, ¿te importaría quedarte conmigo un poco? Para mí, resulta más agradable comer en compañía que en soledad.

—Vale. Te acompaño un tiempo, pero si entran clientes, ya sabes, tendré que atender a mis tareas. Nosotras comemos mucho antes, sobre la una y por turnos, para estar disponibles cuando acude la mayoría de la gente entre las dos y las tres de la tarde.

—De acuerdo. Oye, ahora que lo recuerdo, me dijiste que al principio y después de morir tu padre, fue cuando surgió esa capacidad que desarrollaste. Me pregunto por cómo fue la primera vez que lo notaste.

—Ah, qué amable eres, León. Lo digo porque cada vez me haces más preguntas al respecto de esa cuestión. Creo que te estás interesando por mi mundo cada vez más. Eso es una buena noticia para mí.

—Por supuesto que me interesa el mundo de la mujer que me gusta.

—Bien, viajando al principio de todo, te confieso que no resultó nada agradable. La falta de experiencia me trastornó. Es cierto que había tenido algunos sueños significativos, pero a los que no le daba mayor importancia. Y, sin embargo, no era consciente de lo que se avecinaba. Recuerdo que fue al poco de inaugurar este local. Vino aquí a comer un señor que tendría como unos cincuenta años, bastante obeso y que no paraba de fumar. El caso es que, tratando de ser amable y siendo la primera vez que le veía, una vez que acabó con los platos, le invité a consumir un chupito de licor. El hombre quedó encantado, creo que a partes iguales, tanto por lo que había comido como por el trato que le habíamos dado. Al rato, se levantó de la mesa y vino hacia la barra para pagarme porque dijo que tenía prisa. Tras recoger su cambio, aquel señor gordo me extendió la mano como señal de agradecimiento. Justo en el momento en el que le estreché sus dedos, sufrí una especie de shock.

—¿Cómo que un shock? ¿Qué fue realmente lo que sucedió?

—Lo recuerdo muy bien porque era la primera vez que me sucedía algo de ese tipo. Para mí, aquello fue el inicio de una nueva fase y supuso un antes y un después, una línea que marcaba otra etapa en mi vida. Te daré detalles, no me mires con esa cara de impaciencia. Sentí como un calor intenso que me llegaba justo desde la mano hasta mi rostro. Mis mejillas debieron ponerse rojísimas y tras esa fuerte sensación, en cuestión de décimas de segundos, vi en mi mente una película en la que contemplaba a ese hombre caminando en una fábrica donde existía mucha madera y se observaban muebles de todo tipo. De pronto, era como si yo fuera andando a su espalda y sin esperarlo, él se derrumbó en el suelo. Alarmada, intenté ayudarle, pero había una fuerza que me lo impedía, algo que me paralizaba. Me sentía una testigo de aquella dura escena, pero sin posibilidad de participar en la misma. ¿Me comprendes? Estaba desconcertada y me preguntaba el porqué de aquel suceso. Solo intuía que ese señor había sufrido un infarto en su corazón y que se había muerto al instante. Cuando me acerqué a su cuerpo tumbado, me fijé bien y comprobé que ni siquiera respiraba. ¿Te puedes imaginar la impresión que me llevé, León?

—Un momento, ¿cómo pudieron pasar tantas cosas en tan poco tiempo?

—Ni idea, cariño, pero todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos. Para mí, aquello fue un mazazo, no solo por lo sorpresivo del acontecimiento, sino también porque se trataba de una mala noticia, de un fenómeno que resultaba desagradable de contemplar. Creo que a nadie le gusta ver cómo alguien se muere delante de tu vista. Y pensar que todo eso pasó en cuanto le apreté ligeramente a ese hombre la mano…

—Bueno, y ¿cuál fue tu reacción más inmediata cuando te enfrentaste a todo ese tipo de imágenes tan desconcertantes?

…continuará…

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SONIA Y LEÓN (25) Incomprendida

Jue Nov 26 , 2020
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—Pues no te lo vas a creer, León, pero a pesar de la tensión del momento y de que aquella visión solo duró unos segundos, me dio tiempo para hacerle un breve comentario sobre lo que yo experimenté. Ese señor me contempló como indispuesta y por eso, se dispuso […]