SONIA Y LEÓN (58) Algo va a pasar

7

—Una pregunta, Sonia. ¿De veras que ese personaje no te resulta familiar?

—Para nada. Ya te lo dije. Era la primera vez que me cruzaba con él. Sin embargo, ¿no te parece curioso que tú sí le conocieras?

—Uy, no sé. Tú eres la dueña de tus sueños. Si lo hubiese tenido yo, te habría dado alguna información, pero me temo que no me hallo en disposición. De todas formas, quizá haya que relativizar la importancia de esa experiencia. Ya se sabe, los sueños, sueños son.

—Depende. No estoy de acuerdo. Es posible que existan algunos absurdos, de esos a los que resulta imposible hacerles una interpretación. Pero no me negarás que hay otros con bastante sentido y que de algún modo, te aportan información sobre tu vida más cercana. No sé por qué, pero tengo la impresión de que en este caso, hay algo aleccionador que debemos descifrar. Quién sabe si no se trata de un presentimiento o incluso el anticipo de que algo importante va a suceder.

—¿Estás convencida? Mira que tú eres bastante certera en tus apreciaciones. Sabiendo de la naturaleza de tus intuiciones y de cómo eres, doy por seguro de que algo va a llegar próximamente que de uno u otro modo, nos afectará. Lo digo porque en el sueño, además del caballero sabio, participábamos ambos. No lo olvides.

—No lo sé. Lo que sí creo con firmeza es que los sueños son una puerta de entrada a la dimensión espiritual. Que uno pueda volar o viajar a lugares extraños y otros aspectos que parecen extraídos de un libro de fantasía, ya nos indica algo. Será cuestión de afinar para sacar conclusiones, León. Estamos en los instantes iniciales del análisis. Ahora, todo parece confuso, pero dentro de no mucho tiempo, podremos darle un significado y ubicar esta experiencia en su contexto adecuado. ¿Por qué me iba a despertar de esa forma tan brusca si no es por un motivo fundamental? ¿Por qué me iba a empeñar en recordarlo a toda costa? He de escuchar la voz que me llega desde dentro con atención, pues ya me está insinuando que algo va a pasar.

—Pues sí. La mente es un pozo misterioso y los sueños, nos recuerdan a diario que existe algo más en la existencia del hombre que aquello que tocamos con las manos o vemos con los ojos. Es como un complemento necesario a esta vida material que atravesamos. En fin, yo no sé tú, pero este paseo y esta agradable brisa me han despertado el apetito. No estoy acostumbrado a estar en ayunas y caminando. ¿Qué te parece si buscamos algún sitio para reponer energías?

—¿Ves? Mereció la pena sacrificar un poco de tu descanso dominical para venir hasta aquí. La mejor manera de registrar este sueño no era en casa, sino junto a este maravilloso paisaje. Es curioso que hayamos tenido que venir a una playa para hablar de una cabaña misteriosa en medio del bosque sacada de un cuento de hadas.

—Será que la naturaleza es una, aunque con un montón de variantes, pero todas ellas relacionadas.

—Oye, León, con el estómago vacío te vuelves muy ocurrente…

Pasadas unas fechas, Sonia se quedó en casa toda la tarde. La gripe estaba golpeando fuerte en toda la ciudad. Con fiebre y muy cansada, aquejada de un intenso dolor en sus huesos, se encontraba sola. León, mientras tanto, había acudido a la farmacia a comprar medicamentos y a un comercio cercano para proveerse de algunos alimentos.

Sonia se hallaba tapada con una manta y tumbada en el sofá de la salita, tratando de descansar para recuperarse cuanto antes. Su negocio no podía permitirse el lujo de prescindir de ella por mucho tiempo, pues eso acumulaba la carga de trabajo sobre sus otras dos compañeras y eso no le agradaba en absoluto.

Al poco y con los ojos semiabiertos, notó una ligera luz que alumbraba la penumbra existente en la pequeña habitación. Aunque debilitada por la enfermedad, sintió la necesidad de abrir por completo su vista para saber por el motivo de aquella repentina claridad. Incluso pronunció en voz alta el nombre de su novio, al pensar que ya estaba de vuelta a casa. Sin embargo, el silencio fue la respuesta. No conforme con aquello e inquieta por el extraño fenómeno que se estaba produciendo, se incorporó ligeramente del sofá y entonces, lo que contempló, la dejó sin palabras.

—Pero… ¡ay, mamá! ¡Eres tú! —expresó con fuerza la joven mientras que sus pupilas se dilataban a gran velocidad—. ¿Cómo es posible? ¡Dios mío, qué inmensa alegría! ¿Cómo has llegado hasta aquí, tu propio hogar, después de tanto tiempo? Te he echado tanto de menos y te he esperado tanto…

—¡Ay, mi niña! Perdóname, porque tienes toda la razón. Lo he intentado tantas veces, pero no conseguía reunir las fuerzas suficientes para mostrarme ante ti, ante mi hija querida.

—¡Mamá, nada te reprocho! Solo me extrañaba que te demorases tanto en visitarme, en contarme cosas de ti tras tu triste despedida de este mundo.

Inconscientemente, Sonia, afectada por la sorpresa recibida, se arrodilló frente a la figura de su madre, la cual, flotaba en el ambiente como una cuarta por encima del suelo.

—Mi niña, debería contarte tantas cosas que no sabría por dónde empezar, pero solo dispongo de un tiempo limitado. No debo prolongar mucho esta visita o caeré “desmayada”.

—Dios mío, cómo olvidar aquellos días, tu depresión, las pastillas, contemplar tu silueta ausente en la cama y tan alejada de mí, ensimismada en tu propio mundo de desolación, como si cada mañana fuese un infierno para ti, como si te estuvieses despidiendo de papá y de mí a cada hora. ¡Qué terrible desazón me dejaste en el alma! Y lo peor… es que me sentía tan impotente…

…continuará…

7 comentarios en «SONIA Y LEÓN (58) Algo va a pasar»

      1. Estou sim amigo. Estou amando.
        Os relatos são envolventes e verdadeiros. Cada capítulo que leio, aprendo a nossa amada Doutrina Espírita. Gratidão.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Entrada siguiente

SONIA Y LEÓN (59) Testimonio de un espíritu

Mié Mar 31 , 2021
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—Lo sé, Sonia. Me llevó tanto tiempo tomar conciencia de lo sucedido… Tras salir de casa, estuve marchando por las marismas cercanas, vagando como un fantasma que no sabe por qué está allí, pero con una penosa impresión por todo lo ocurrido. Solo tenía una obsesión: deshacer lo hecho. […]