SONIA Y LEÓN (45) Perdón en el aire

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—No es eso, Carmen —contestó Joaquín mientras que trataba de darle más fuerza a sus palabras con un gesto de negación en su rostro—. Simplemente, ha sido un proceso de reflexión. El hecho de haber estado encamado durante varios días me ha hecho mirar hacia dentro, pensar en las cosas y en lo que tengo. Tal vez haya madurado más en estas fechas que en los años anteriores. Son aspectos que se desarrollan cuando se produce una crisis fuerte, como la que me ha ocurrido a mí tras ese incidente tan grave. Creo que he recibido una buena lección, no solo en mi cuerpo, sino también en mi alma. Tienes todo el derecho a creerme o no, pero con el corazón en la mano, creo que eres la mujer de mi vida, la que ha demostrado quererme no solo en las alegrías sino también en las dificultades. Es por eso por lo que has acudido al hospital a visitarme y a estar pendiente de mí en todo momento. ¿Qué otra explicación podría dársele a esa actitud de sacrificio y de entrega al otro? Cuando llegan los problemas, es cuando se observa de qué estamos hechos cada uno. Yo estaba ocultándote cosas y tú, en cambio, estabas al pie de mi cama, con una abnegación que me hacía llorar, porque tu disposición era como una herida que no cicatrizaba ante mi desdén. Ahora, sí soy consciente de ello. Lo lamentable es que haya habido que pasar por todo esto para que yo te valore en tu justa medida. Por esos motivos, ha llegado el momento de romper con un pasado turbio y lleno de inmadurez, para centrarme en un presente pleno de ilusiones, en el que me centre en ti y en lo que significa nuestra relación. Solo puedo pedirte perdón por el sufrimiento causado. No sé si podré ganarme tu amor de nuevo, pero mi compromiso es ese y está ahí, frente a ti, para que tú, desde tu corazón, lo valores. Anhelo rectificar, romper con un ayer dubitativo y absurdo y estimar en su recta proporción a la mujer que tenge frente a mis ojos. Esto nos debe servir, Carmen, para abrir una nueva etapa y para alejarnos de los fantasmas de la incertidumbre. Te aseguro que, en el futuro, contemplarás a un hombre cambiado centrado en ti, procurándote alegrías y fidelidad, que es justo lo que tú esperas de mí. Por favor, no me mires de ese modo, no puedo ser más sincero. No me destierres al infierno antes de haber pasado por el purgatorio. Todos tenemos derecho a la rectificación y eso es, ahora mismo, lo que más deseo: enmendar mi displicencia y entregarme a la persona a la que más deseo amar.

—Claro, Joaquín. Solo me falta aplaudir tu discurso que bien podrías presentar a un concurso de prosa poética. Siempre se te ha dado bien la palabrería. Además, tú estás bien entrenado en ello. Después de todo, lo ensayas todos los días con tu trabajo. Sin embargo, piensa una cosa: no soy una estúpida clienta a la que le vas a colocar en casa joyas, libros o lo que le haga falta. Poseo un amor propio ¿sabes? Y eso no me lo vas a robar ni tú ni nadie. Estoy harta de tus excusas, de tus pasos atrás, de tus disculpas para luego volver a meter la pata.

—Entonces, ¿eso significa que me abandonas?

—¿Yo? ¿Abandonarte? ¿No serás tú el que llevas abandonándome a mí durante años con tu ridículo comportamiento? ¿Cómo rescatarás todo ese pasado lleno de infamias y de mentiras? ¿Acaso vas a arrancarte los ojos para no fijarte en otras mujeres que te atraigan? Eso es lo malo de ser reincidente, que pierdes la confianza de quien más cerca se halla de ti. De veras, después de lo ocurrido, ya no quiero ni pensar en el resto de cosas que habrás hecho. No voy a torturarme por ello.

—¿Me vas a dejar así, después de mi confesión de culpabilidad, de admitir todos los errores cometidos? He prometido compensarte por todo el sufrimiento que te he causado. Dicen que para mudar de actitud, primero debes tomar conciencia de tus fallos. Eso es precisamente lo que yo he hecho. Por eso he compartido este razonamiento contigo.

—Me voy, Joaquín —indicó Carmen mientras que cruzaba el umbral de la puerta—. Pensaré en todo lo que has dicho, pero también en todo el daño que me has hecho durante tanto tiempo. Ahora mismo me noto confusa. Mi pensamiento está muy ajetreado como para tomar decisiones definitivas. Necesito serenidad y soledad para cavilar bien. ¡Adiós! Ignoro si volveremos a vernos. Que te vaya bien y que te recuperes por completo.

*****

—Pues eso fue todo lo que sucedió en mi charla de despedida, Sonia. Salí de la casa de sus padres y me di un largo paseo. Deseaba poner orden en mi cabeza y en mis ideas. La verdad es que el lance había sido muy duro y yo ya había alcanzado un nivel de hartazgo tal, que no quería prolongar mi agonía por más tiempo.

—Excelente relato, Carmen. ¡Quién lo diría! Qué verdad más reveladora. Tus sospechas se vieron plenamente confirmadas. Tus intuiciones no estaban erradas ni tampoco se trataba de fantasías. Ya sé que no hace ni veinticuatro horas de la conversación con tu novio, pero ¿has llegado ya a alguna conclusión al respecto de lo que vas a hacer a partir de ahora?

—No, te mentiría si dijese lo contrario. Debería pagarle a ese idiota con su misma moneda y arrojarme en los brazos del primer hombre interesante con el que me cruzase en la calle. Así, se haría cargo del dolor que él me ha provocado con sus devaneos estúpidos. ¡Bah! No sé ni por qué he dicho esa tontería. No me saldría hacer eso porque yo no soy así, es decir, como él. ¿Lo ves? Tengo mucho lío en la mente y he de aclararme. ¡Ay, Sonia, tú eres mi amiga! Anda, dame un buen consejo para que no caiga en la locura con este hombre. Te lo imploro.

—Veo bien eso último que le dijiste antes de abandonar el piso de sus padres. Es lógico que necesites tiempo. Reordenar tus ideas acerca de lo que ha sido tu relación con él no es algo que se pueda hacer de la noche a la mañana. Por mi experiencia, las decisiones tomadas en caliente, con las emociones revueltas, no son las más recomendables. Aún está muy reciente lo acontecido. Espera un poco a que tu cabeza esté más fría, distánciate lo suficiente de la coyuntura ocurrida y te verás en mejores condiciones como para acertar con tu decisión. Si juzgas desde el estómago, te equivocarás. Pregúntale a la noche, no es broma. Muchas respuestas nos llegan con los sueños, tan solo es preciso acostarte con la actitud adecuada. Tal vez, una mañana de estas, te despiertes con una buena solución en tu pensamiento. La balanza debe ser justa, valora lo que él te ha aportado y lo que te ha quitado, los inconvenientes de mantener la relación, pero también, sus ansias de cambio. Parecía, por tu relato, que Joaquín estaba muy afectado por lo sucedido.

…continuará…

4 comentarios en «SONIA Y LEÓN (45) Perdón en el aire»

  1. La Verdad no veo tan grave la aventura que tuvo! Lo Grave es que pasan los años y no se casa con Carmen!!Van a terminar siendo hermanos!!

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TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—Sí, creo que tienes mucha razón, Sonia. Dejaré pasar el temporal que me invade y luego, tras madurarlo, haré lo que más me convenga. Mi relación con él ha estado llena de claroscuros. Todo esto me ha venido bien para detener un noviazgo que no iba bien y espero […]