SONIA Y LEÓN (35) Intuición compartida

4

—Te diré algo interesante —comentó León con aire de intriga—. Con el tiempo que pasamos juntos, creo que se nos están pegando cosas del uno al otro. ¿Cómo lo ves?

—Me parece que después de tu ejercicio con el calendario, estás dirigiendo la conversación hacia otro punto.

—No. Solo trato de decir que yo también he aprendido a desarrollar hasta cierto punto mi capacidad de intuición. Fíjate, eso era más propio de ti y ahora, hablando completamente en serio, es algo que he visto que ha crecido en mí.

—¿De veras? No sé yo, pero si lo deseas, aunque sea la noche de fin de año, podemos realizar una prueba. Venga, demuéstralo.

—Vale, te daré un simple ejemplo. Antes, mientras brindabas, he percibido en ti cierto tono de preocupación. Estabas aquí, pero era como si no estuvieras, como si tu mente se hallase en otro lugar.

—Pero, ¿qué dices, bobo? No sabes ni lo que estás comentando.

—Creo que sí lo sé. Vamos, no quieras hacerte la interesante. Sé sincera y dime la verdad. Confiesa, mujer misteriosa. ¿En dónde estaba tu cabeza cuando alzaste tu copa?

—Oye, me fastidia admitirlo, pero tienes tu parte de razón.

—¿En serio, Sonia? Ya ves que esto de leer los pensamientos ya no es una cosa exclusivamente tuya.

—Vale. En cualquier caso, ya te digo yo que eso no tiene que ver con que tu intuición se haya despertado, sino simplemente con que tu capacidad de observación hacia mí ha crecido, aspecto que agradezco, pues está relacionado con tu habilidad para ponerte en mi punto de vista, para contemplar las cosas desde mi perspectiva. Eso se llama amor, cariño. ¡Ay, qué tierno que eres! Menos mal que esa Marta desapareció de tu vida. Yo le deseo lo mejor, pero era el requisito indispensable para que nosotros pudiésemos conocernos.

Tras darle un sonoro beso en sus labios a León, la joven prosiguió con su argumentación…

—Para hablarte del tema, voy a tener que romper una promesa de confidencialidad. Eso me fastidia. Sin embargo, sabiendo que eres tú el que se va a enterar de esta historia y que eres hombre de guardar secretos, me siento más tranquila.

—Vaya, esto se está poniendo de lo más interesante.

—Hace como unas dos semanas, sucedió algo que me preocupó y que aún me inquieta. Además, es un asunto que no se me olvida. ¿Qué significa eso? Pues que conociéndome a mí misma, cuando una cuestión no se me va de la cabeza, es que espero novedades al respecto y no precisamente positivas.

—Vaya por Dios. Pues explícate, que ese problema ya empieza a preocuparme a mí también.

—Verás, se trata de Carmen.

—Hablas de Carmen, tu empleada y compañera de trabajo.

—Exactamente. Ella no es muy expresiva. A veces, parece que le cuesta dinero hablar de su vida o de lo que le pasa fuera del café. Creo que desde el primer día, percibiste que ella se situaba en las antípodas de Elisa. Esta sí que habla por los codos y resulta imposible callarla.

—Desde luego. ¿Me lo vas a decir a mí? He sufrido con ella lo que no está escrito. Después de meses, ya me he acostumbrado, pero es que al principio, casi ni la entendía. Esa fina ironía que usaba, a veces, con la sensibilidad de una piedra y su lenguaje tan osado me desconcertaban, pero, ya te digo, creo que lo peor ha pasado. Perdona, ¿qué le ocurre a Carmen?

—Pues hace unas fechas y en unos momentos de descanso, se sinceró conmigo en la salita del local que ya conoces. Ella estaría deseosa de compartir conmigo sus inquietudes, pero como es una mujer a la que le cuesta tanto descubrirse… Sin embargo, tuve que ser yo la que la invitase a abrirse, porque por su propia iniciativa no iba a ser así. De este modo, le comenté que últimamente la notaba un tanto extraña, como preocupada por algo.

—¿Y qué? ¿Hubo alguna reacción por su parte?

—Si la hubiera cogido más ocupada, probablemente se habría hecho la indiferente. Sin embargo, ese día debieron juntarse todos los astros y mira por dónde, se mostró receptiva. Me hice un poco la despistada y le pregunté por su novio, pues no sabía de él desde hacía mucho tiempo. Sin saber el cómo, lo cierto es que su imagen se me venía al pensamiento de forma recurrente. Con un poco de humor, quise ser curiosa y esto es lo que pasó…

*****

—Por cierto, Carmen. ¡Cuánto hace que no sé nada de tu novio! ¿Qué tal van las cosas con Joaquín? ¿Habéis ultimado algún plan para la boda? Es que vosotros ya lleváis mucho tiempo juntos…

—Caramba, eres más clarividente de lo que te imaginas, jefa. No quiero aburrirte con mis historias, pero al hablarme de él, me he sentido incómoda.

—¿Incómoda? ¿A qué te refieres?

—Pues verás, ya sabes que no soy persona de charlar de mi intimidad, pero es que la situación con él, últimamente anda un poco confusa.

—Oye, Carmen, no te pongas tan seria, que estamos hablando de una relación afectiva de años, no de un funeral.

—Ya. Pues menudo funeral el mío.

…continuará…

4 comentarios en «SONIA Y LEÓN (35) Intuición compartida»

    1. Es solamente su novio, aunque llevan tiempo juntos. A ver cómo se resuelve el conflicto surgido. Besos, Samora.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Entrada siguiente

SONIA Y LEÓN (36) ¿Paranoia o realidad?

Sáb Ene 9 , 2021
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—Caramba, qué ignorancia la mía —respondió con preocupación Sonia—. ¿Va algo mal entre vosotros? —Si fuese solo algo lo que va mal… En verdad, me estoy refiriendo a su actitud. Verás, mi Joaquín siempre ha sido un poco ligón. Ha sido una constante en su trayectoria como hombre y […]