SONIA Y LEÓN (9) Tu piel es mi piel

—Sí, es cierto. Yo, en tu lugar, ni siquiera sabría lo que habría hecho. ¿Qué otra opción existía? La gente hace lo que quiere hacer cuando decide hacerlo. No hay una varita mágica para construir o impedir escenarios. A veces, tengo la sensación de que hay un discurrir en tu destino que por mucho que te empeñes, no puedes evitar. En mi vida, ha habido cosas sobre las que he decidido, pero te confieso que también me he topado con acontecimientos imposibles de prever y a los que he tenido que hacer frente. No te tortures con ese tipo de pensamientos, Sonia. Para tu tranquilidad, creo que actuaste de forma correcta. En este delicado asunto de la desaparición de tu padre, no caben culpabilidades ni otras actitudes negativas que te perjudiquen.

—Gracias por tu comprensión. Es un alivio escuchar tu opinión, aunque de vez en cuando, he de hacer verdaderos juegos de malabares para equilibrar mi mente. Continuando con mi historia, y no vayas a poner una cara de extrañeza, todo esto de los sueños no deja de ser un capítulo más de mi biografía.

—¿Cómo es eso? ¿Aún guardas más sorpresas en tu interior que yo deba conocer? Venga, no me digas que desde antes de que yo apareciera por tu café, tú ya habías soñado conmigo, con mi llegada a esta ciudad y con mi entrada por la puerta de tu local.

—¡Qué va! Es mucho más que eso. Agárrate a la silla, porque ahora voy a describirte con todo detalle la naturaleza de lo que me pasó el otro día, justo cuando te eché encima la cerveza que pensaba servirte. ¿Haces memoria?

—Es verdad, con todo esto del sueño sobre la figura de Gabriel, se me había olvidado que me debías una explicación sobre ese incidente tan curioso.

—Por supuesto. Has de saber, que los sueños, con ser importantes, no dejan de ser un aspecto menor en comparación a otras “fuerzas” que viven dentro de mí. Recuerda que cuando volví con aquel trapo para limpiarte, mi piel se puso en contacto con la tuya y entonces… ocurrió lo inevitable…

—¿Qué misterio es ese? ¿Qué pretendes mostrarme?

—Trataré de ser lo más concreta posible. Al tocarte, contemplé tu vida, o mejor dicho, una parte esencial de tu vida. Durante unos segundos, es decir, todo ese tiempo que permanecí como desvanecida, yo pude observar en mi cabeza, como si se tratase de una película, una serie de escenas sobre tu existencia y lo que acontecía en ellas.

—Ja, ja… Perdona por mis risas, pero no me lo creo. Mi capacidad para aceptar ciertos aspectos se paró en lo de los sueños anticipatorios. Sin embargo, lo que me acabas de confesar, excede cualquier límite de la comprensión racional. Venga, Sonia, no seas mala; te estás divirtiendo a mi costa y eso te encanta. Tal vez lo más prudente sería cambiar de tema y salir a otro sitio a tomar algo. ¿Qué te parece?

—Como ya preveía, me imaginaba esa respuesta por tu parte. Mira, entiendo tu falta de fe, probablemente debida a que nunca te has enfrentado a ese tipo de experiencias, pero, al menos, permíteme que te lo explique.

—Vale, como me caes bien y aunque se trate de mi vida, te escucharé. Está claro que posees un don para absorber mi atención con tus relatos. Si te empeñas, adelante. Igual hasta aciertas en algo; el azar, a veces, nos echa una mano. ¿Por qué no?

—Aquí el azar no interviene, León. Lo vas a reconocer al instante, porque lo que te voy a contar, es reciente y por tanto, lo tienes bastante fresco en tu memoria. Incluso te diría que se halla en la base de tu viaje a esta hermosa ciudad en la que yo vivo desde que nací. Venga, hombre, no pongas ese gesto asustadizo. Ja, ja, me has recordado la cara que tenías el día del famoso incidente.

—Oye, estás empezando a escamarme. Te lo aseguro, pero estoy ansioso por oír tus palabras.

—Claro, lo suponía. Qué curioso, ¿verdad? Un mundo se derrumba, una historia de años desaparece y produce una herida profunda en ti que aún no ha cicatrizado.

—Vale. Y ¿qué historia es esa y a qué herida te refieres?

—Simplemente se trata de la huella que una mujer a la que tú amabas dejó en ti.

—Un momento, disculpa por mi interrupción, pero eso es muy habitual en las parejas que se rompen, sobre todo cuando la relación ha sido prolongada en el tiempo.

—Bien, pero en tu caso, existe un claro detonante: la traición. La palabra suena como muy radical y podrías endulzarla con otra expresión: “pérdida de confianza”. Ese es el meollo de la cuestión. Ella hace algo que a ti te desagrada profundamente y a raíz de ese hecho, la relación se rompe porque te ves en la obligación de intervenir.

—No sé ni lo que responder. Admito mi perplejidad, Sonia. Me has dejado sin argumentos. Me duele por dentro, pues a nadie le gustar quedarse desnudo delante de alguien a quien no conoce, pero quiero seguir escuchando. La verdad es que no entiendo bien cómo con un simple roce de piel a piel puedes haber logrado toda esa información.

—Para mí, León, el cómo no es lo más importante, sino por qué me sucede todo esto. Siempre he creído que todo lo que le ocurre a las personas en la vida es por alguna razón. Mis esquemas mentales aborrecen la idea del azar. Cuando analizo la realidad, me vuelvo una inconformista y tiendo a buscar las relaciones de causa y efecto que existen en todas las cosas. Lo que me pasa, me pasa a mí y a nadie más. Estoy sola, y como tal, he de buscar explicaciones. Te aseguro que, a diario, indago para obtener respuestas, para hallar algún tipo de claridad en este fenómeno que vive en mí.

…continuará…

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