RECUERDOS DE UNA VIDA PASADA (3)

—Ahora, centra tu atención en el aspecto de tus manos y dime cómo son —añadió el psicólogo.

—Mis manos están blancas, no tienen manchas o rasguños —respondió con calma Juan—. Al no tener que trabajar en el campo o con animales, se nota la diferencia.

—Volviendo al tema anterior, ¿crees que estás enamorado de María?

—Sí, pero soy consciente de mi impotencia. Es un amor platónico, imposible de consumar, pero amor al fin y al cabo.

—¿Piensas que ella siente lo mismo por ti?

—No estoy seguro. Cuando éramos adolescentes sí notaba esa atracción, pero al haber sido alejada de mí, esa influencia se interrumpió y las cosas cambiaron. Tal vez nuestras conversaciones de antes sean tan solo un recuerdo perdido en su memoria. Quizá perciba algo pero… ¿cómo saberlo, cómo confirmarlo si no tengo acceso a ella? No sé, tal vez sea mi imaginación la que crea eso para agarrarme a la esperanza.

—Muy bien, Henry. Quiero que te concentres, vas a avanzar unos años en esa vida para ver lo que sucede. Cuando termine la cuenta atrás me dirás dónde te encuentras… Tres, dos, uno… ¡Ya!

—Estoy en un bar —contestó Juan en un tono extraño.

—¿En un bar? ¿Cómo es eso posible? ¿Puedes explicarlo?

—Es que se trata de mi vida actual. Acabo de conocer a una chica joven que me han presentado y que me gusta mucho. Estamos hablando y cada vez tenemos más interés el uno en el otro.

—¿Puedes decirme de quién se trata?

—Sí, es mi mujer actual, con la que llevo casado años.

—Ah, interesante. Y ¿cómo es ella?

—Se parece muchísimo a la joven noble francesa que estaba en la catedral en aquella celebración. Observo la misma piel clara, la forma de su cara, el color de sus cabellos, su dulzura, incluso su aspecto tímido.

—Veamos, hagamos una cosa. Céntrate completamente en su mirada. Penetra en sus pupilas, estudia la forma de sus ojos y entonces te darás cuenta de si la reconoces, si es la misma mujer de antes, la del vestido celeste y blanco.

Tras unos breves pero intensos segundos de espera…

—Sí, no hay dudas, estoy seguro. Se trata de la misma persona.

—Correcto. Ahora quiero que vuelvas a la época de antes, pretendo que avances unos cuantos años en el tiempo con respecto al anterior escenario que relataste. Contaré hacia atrás y al terminar, me describirás lo que estás viendo… ¡Atención, ya! Háblame de lo que está sucediendo.

—Estoy trabajando. Me hallo sentado en una silla alta de madera que me permite escribir mejor sobre una mesa ligeramente inclinada hacia mí.

—¿Qué tarea concreta estás realizando?

—Estoy copiando un texto y me esfuerzo para que resulte idéntico al original. Hay que ser cuidadoso y poseer habilidad para hacerlo.

—¿Eso significa que te gusta tu trabajo?

—Sí, claro. No he de hacer frente al frío del invierno ni al riguroso calor del verano. Mis manos están limpias, no como las de la mayoría de la gente. Tengo cierto reconocimiento social por mi labor. No soy rico ni mucho menos, pero tampoco comparto la posición de casi todas las personas que apenas luchan por sobrevivir.

—Vale. ¿Qué edad tienes?

—Unos treinta años.

—Dime, ¿posees familia?

—No, vivo solo. No tengo esposa ni hijos. No he hallado aún a la persona que quiera compartir su vida conmigo. Me siento triste por ello. Para mí, mi sueño habría sido vivir junto a mi amor platónico; por eso hablo de un sueño, porque sé que es imposible.

—¿Te refieres a María?

—Desde luego.

—¿Acaso no la ves?

—Pocas veces. Ella vive aquí, en este palacio. Yo también, pero en otras dependencias, alejado de su presencia. Alguna vez he coincidido con María pero siempre desde la distancia. La verdad es que pienso que con el tiempo transcurrido debe haberse olvidado de mí. Recuerdo haber cruzado nuestra mirada en alguna ocasión, lo que me desgarraba por dentro, pero se trataba de breves instantes y al poco, ella se ocupaba de otros asuntos o se iba. Creo que actúa así porque no tiene otra opción, porque no puede desarrollar otra actitud conmigo. Medito y concluyo que ella no puede haberse olvidado de nuestros encuentros, de nuestros diálogos cuando éramos tan jóvenes.

—¿Cómo es la estancia en la que trabajas?

…continuará…

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