MARÍA, LA RATA Y LA FLOR AMARILLA (III)

 

—Verás, no hay nada en la vida que funcione de forma gratuita. Todo necesita una fuente de energía, por muy pequeña que sea…

—Pues mi corazón funciona solo…

—Claro, late mientras respiras, te alimentas, bebes, duermes… De no ser así, no solo tu corazón sino tu cerebro y el resto de tu organismo sucumbirían…

—Vale, pero el agua de la lluvia es gratis… no puedes negarlo…

—Eso es lo que alguien apreciaría a primera vista, pero no sabes el largo proceso que supone la formación de esas gotitas que llegado el otoño caen sobre tu cabeza y refrescan el ambiente.

—Sí, es verdad, lo había olvidado… Eso se estudia en Ciencias de la Naturaleza…

—María, lo que más te gusta desayunar por las mañanas es ese pan con pipas que te resulta tan delicioso. No ignorarás que hay alguien que por la noche se dedica a elaborarlo para que al alba esté a punto y tú puedas consumirlo…

—Hmmm… ¡Qué rico!

—Y esas camisetas con tus estampados favoritos y que tanto te favorecen… No me negarás que comienzan con la plantación y la recogida de algodón en algún lugar de este planeta hasta que llegan a una tienda donde alguien las expone y un cliente las compra… En fin, un laaaaargo proceso…

—¿De veras me sientan tan bien? Vale, vale, ¿adónde pretendes llegar? Esto parece una clase de filosofía. Me recuerdas a mi profesor hablando de las causas y las consecuencias de los actos…

—Tan solo quería mostrarte cómo funciona ese mecanismo a través del cual las cosas se desenvuelven y que al mismo tiempo permitirá el cese de tus
preocupaciones…

—Te lo agradezco, pero me gustaría que fueses un poco más concreta…

—Uy, sí, no es la primera vez que me hacen esa observación. Mis jefes me dicen a veces que sea más directa, que no me extienda tanto con mis discursos… pero es que me gusta hablar tanto y mirar la cara de las personas mientras me escuchan que a menudo no puedo evitarlo…

—Sí, creo que les comprendo, me refiero a los que te han enviado aquí…

—Mis disculpas, señorita. Retomemos el asunto por el que vine a tu casa. Mira, la flor amarilla posee una magia especial pero para activar toda su energía es preciso que practiques a la vez el pensamiento constructivo, es decir, lo mismo que yo estoy haciendo contigo desde que he aparecido ante tu presencia. ¿Recuerdas cómo me llaman? Pues eso…

—La verdad es que sigo igual de perdida…

—Has de entender que esa bella flor que te regalé no va a resolver ninguno de tus problemas. Así de simple.

—Entonces, querida amiga rata, tu “mágico regalo” es más bien una estafa, un objeto que me has vendido pero que en verdad no funciona… Supongo que no llevarás encima una hoja de reclamaciones… Desearía presentar una denuncia…

—Disculpa, María, no seas cruel conmigo, pero no yo te he vendido nada ni tampoco soy un comerciante, no tienes que abonar ninguna suma de dinero ni siquiera una moneda de un céntimo, tan solo has de realizar algunas pequeñas operaciones mentales que complementen el bendito efecto de la flor. Por decirlo de alguna forma… es como si a través de tu mente se pudiese liberar todo el poder que la flor guarda en su interior…

—Veamos, “mente constructiva”, o yo estoy tonta o tú no te acabas de explicar…

—Bien, imagina un aspecto. ¿Te has dado cuenta de que las cosas más importantes de este mundo no pueden comprarse? Ni siquiera puedes tasarlas a precio de mercado y desde luego que no vas a hallarlas en una tienda para su venta al público…

—¿Te refieres a esas “cosas” espirituales de las que nos hablan en los cuentos para críos?

—Sí, desde luego, mas piensa también en otros conceptos. ¿Te imaginas que alguien te cobrara por sentir los cálidos rayos del sol en tu piel durante el amanecer? ¿Crees que alguien podría hacerte pagar por el agua que cuando llueve fertiliza los campos? Y… centrándonos un poco más en el asunto… ¿has pensado alguna vez en qué precio tendría el amor? ¿Crees que podrías obtener en un banco un préstamo de cariño? ¿Podría cuantificarse exactamente el valor de ese sentimiento?

—¡Caramba, qué ratita más perspicaz…!

—Olvida las ironías o no estaremos aprovechando el tiempo de forma conveniente. Por favor, concéntrate en lo que te voy a pedir. Visualiza como si estuviese aquí mismo la presencia de tu querido Andrés, ese chico por el que suspiras…

—Ya…

—Bien, María. Dime, ¿estarías dispuesta a pagar unas monedas o miles de billetes por su amor?

…continuará…

 

 

 

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