RECUERDOS DE UNA VIDA PASADA (y 6)

 

 

—Muy bien —afirmó Vicente—. Para empezar y ahora que has vuelto a la “realidad”, te haré una pregunta muy simple. ¿Cuánto tiempo calculas que nos ha llevado el proceso de regresión?

—¿Eh? Bueno, me noto un poco aturdido —respondió Juan mientras se frotaba los ojos—. Yo diría que algo así como una hora.

—Je, je… así que una hora. Fíjate, comenzamos a las 18.00 y son las 20.35. Han sido más de dos horas y media.

—Caramba, parece increíble. He recordado ese concepto de la relatividad del tiempo… Está claro que al hacer una regresión, los minutos pasan más rápidos de lo que uno pueda imaginar.

—Bien, te recomiendo algo importante. Hoy, no hables más de este asunto con nadie, ni siquiera en tu casa. Date ahora un paseo, despeja tu cabeza, cena ligero y vete pronto a descansar a la cama. Mañana, con calma, una vez que te levantes, notarás cómo a través del sueño algunos datos de los que han salido aquí pueden haberse modificado o incluso completado con otras informaciones adicionales. Esto suele ocurrir y no te extrañes que suceda de ese modo. Si quieres recordarlo todo con detalle, ya sabes que tendrás que hacer un pequeño esfuerzo: antes de que los recuerdos se vayan disipando por el paso del tiempo, las primeras horas de la mañana serán clave para transcribir a papel todo lo sucedido esta tarde. Yo de ti no dejaría de hacerlo. De este modo, la experiencia de hoy será aún más beneficiosa.

—Está bien, tomo nota. Te prometo que así lo haré. No quisiera olvidar nada de lo sucedido. Me ha impactado, me noto como desubicado, extraño, algo confuso.

—Ah, claro. ¿Qué esperabas? No todos los días tienes la oportunidad de revivir una vida pasada viajando hacia siglos atrás, ja, ja… Le hemos dado un buen meneo a tu inconsciente, a toda esa memoria histórica que conservas muy adentro. ¿No te parece?

—Desde luego. Estoy impresionado. No va a ser fácil olvidar lo sucedido esta tarde en esta habitación.

—En fin, tú lo pediste de ese modo. Recuerda que lo hablamos varias veces antes de someterte a este “experimento”.

—Sí, y no me arrepiento de nada. Lo importante es el aprendizaje que extraiga de esta maravillosa oportunidad que me has concedido al revisar un pasaje de mi biografía inmortal. Por favor, antes de marcharme, ¿algún aspecto más a tener en cuenta, algún campo sobre el que trabajar en concreto?

—Sí, Juan. Mira, lo que ha brotado durante estas dos horas y media no puede alterarse. Ya sucedió y ahí está. Sin embargo, has de encontrar la correspondencia con la actualidad. Me explico. Por fortuna para ti, estás casado con una persona que por diversas razones, ya ha estado contigo desde hace mucho tiempo. En este sentido, ya te especifico la tarea a realizar.

—Te escucho con atención, amigo.

—Deberás examinar tu vida actual, esa que llevas tantos años compartiendo con tu esposa y analizar las coincidencias con ese trozo existencial que se ha revelado. No te permitas creer en el azar. Este fenómeno de la regresión no funciona así. Has podido recordar justamente aquello que tenías que recordar, ni más ni menos. Busca y encontrarás parecidos increíbles, no importa que te hayas sumergido en la Edad Media. Ya has comprobado por ti mismo que el tiempo es un concepto que podemos acelerar o enlentecer según las circunstancias. A menudo, comprobamos que a pesar de los años o siglos transcurridos, continúa habiendo aspectos entre las personas pendientes de resolver. Te recomiendo especialmente que investigues los retos pendientes, que evalúes tu recorrido con ella en esta vida de convivencia. Encuentra “deudas” irresueltas, responsabilidades compartidas, cuéntale con todo detalle lo sucedido, el material que ha aflorado aquí. Haz una puesta en común con tu mujer y te sorprenderás de los datos que pueden surgir. Todo ello siempre con el objetivo de progresar, de avanzar en el conocimiento, en vuestra comprensión, en desarrollar esa empatía mutua que os permitirá encarar el futuro mejor preparados.

—Impresionante. Escuchando tus razones, no lo dudes; haré ese trabajo como un deber moral. Creo que lo necesito, al igual que ella se puede beneficiar también. Bueno, estaba hablando de la pareja.

—Claro. El destino no os ha juntado por capricho. Piensa en una cosa significativa: podemos entrar en regresión en cualquier momento. No hace falta relajarse en un diván con la intervención de un profesional. Quién sabe, tal vez en las próximas fechas tengáis muchas cosas de las que hablar; el amor constituye el sentimiento más sublime entre las personas, el instrumento más directo para aclarar diferencias o resolver conflictos y estoy convencido de que esta experiencia, si esa es vuestra voluntad, mejorará los lazos de vuestra unión y pulirá las aristas que pueda haber pendientes desde el pasado.

—Gracias, Vicente. No sabes la ayuda que me has prestado. Ya te contaré sobre lo que pase. Y ahora, dame un abrazo. Ha sido una de las tardes más emotivas que yo recuerde desde que vine a este mundo.

Los dos amigos se fundieron en un largo y sentido abrazo. Fue así como en los días posteriores, Juan y su esposa hablaron y hablaron sobre lo acontecido, recordando aspectos inéditos de su larga convivencia. La fuerza de aquella regresión les dio ánimos para confesar determinadas cuestiones pendientes de mejora y la relación entre ellos se hizo más profunda, más intensa, anudando lazos de afecto al tiempo que desataban nudos de tensión. Con su libre albedrío y con una voluntad compartida, comprendieron que la vida actual no era sino un camino en el que habían coincidido nuevamente para perfeccionarse como seres humanos, como espíritus que de forma voluntaria habían pedido antes de nacer una nueva oportunidad para progresar como almas que estrechan sus manos mirando al infinito.

FIN

 

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