Confesiones de un espíritu vulgar (y IV): despedida

           

Y es que cada cual es como es. ¿No se ha dicho siempre que todos hemos sido creados por Dios y que Él nos ama y acepta tal y como somos? En cuanto a mi hijo, le di todo tipo de oportunidades, le costeé con mi sacrificio, un colegio privado donde recibió una de las mejores educaciones de su región e incluso traté de convencerle de la realidad de todos esos conceptos que había descubierto como puerta a la Verdad y de los que os hablé antes. Lo cierto es que el chico no fue muy agradecido con su padre, pero él se lo perdió, pues tampoco quiso penetrar por la entrada que yo gentilmente le había ofrecido. Debe ser efecto de la famosa cuestión del libre albedrío, pero se me hace difícil entender cómo hasta mi propio hijo no quiso compartir conmigo ni mis ideales ni mi visión sobre la existencia. Atendiendo a esa dulce libertad que todos poseemos pero que muchos no saben emplear adecuadamente, él malogró la
magnífica oportunidad que le brindé.

Con el transcurso del tiempo, he olvidado la memoria de todas las veces que he visionado distintos fragmentos de mi última biografía. Al ser yo el protagonista principal de la película, uno de mis maestros insiste mucho en reflexionar sobre mi carácter, en recapacitar sobre un fenómeno que se tradujo en mi vida física en una escasa disposición para relacionarme con mis semejantes. Sin embargo, no me callo ni creo que deba dar la callada por respuesta, pues no soy persona de tragarme y esconder cosas con las que no estoy para nada de acuerdo. Sencillamente, le contesto al profesor con la misma racionalidad y le devuelvo los argumentos con los que él me habla.

Yo no soy un mal individuo, aunque hay que reconocer que aquí jamás afirmaron eso de mí. Tampoco trato de molestar a nadie si bien no me gusta que los demás me molesten con nimiedades. En esto como en otros aspectos, procuro utilizar un sentido de reciprocidad. Es de lógica pensar que si tú no fastidias a nadie, lo más consecuente es que solicites no ser fastidiado a la vez. De no ser así, la balanza de la conducta humana quedaría gravemente perturbada. ¿No es así, amigos? Hay que pensar que si uno se dedica a arreglar los problemas de los demás, les está quitando a esas personas la oportunidad de superar sus conflictos por sí mismos, con sacrificio y paciencia. Acaso ¿no será mejor que se les enseñe a pescar en vez de estar regalándoles pescado todos los días?

Ya veis por lo que os digo que la experiencia es fuente de conocimientos y desde luego no me considero un novato en estas lides, lo cual no significa que lo sepa todo. Cuidado, que no podemos desviarnos hacia los extremos con tanta facilidad. Siguiendo con este asunto, aunque agradezco el tesón de estos nobles señores, no creo que me vayan a enseñar muchas cosas novedosas. ¿Cómo explicarme sin que se me malinterprete? Sí, ya lo sé. Sería como intentar introducir calderilla en una de esas huchas que se utilizan para ahorrar pero que está casi llena. Por más que se intente, cada vez costará un mayor esfuerzo introducir una nueva moneda y ya se sabe que eso de apretar y apretar para que encajen las piezas del mosaico de la vida no es bueno y puede resultar hasta contraproducente.

En fin, tampoco pretendo aburriros con más y más reflexiones. En otra ocasión, espero relataros más vivencias de las que a diario suceden en este colegio al que me han asignado. Con sinceridad, no sé hasta cuándo se extenderá este empeño en hacerme aprender conceptos que para mí están más que claros. Como no soy un desagradecido y valoro el trabajo de estos señores docentes, hay que apreciar en su justa medida el mérito de su labor, aunque insisto, este tipo de lecciones pienso que les conviene más a los pazguatos, dicho sea con todos los respetos, que han colocado en mi aula. En breve, deberé volver con el resto de alumnos a clase. Si esto continúa así, tendré que tomar una decisión.

Los maestros son buenas personas, de cordial disposición y saben escuchar cuando les expones alguna problemática particular. Tal vez haya llegado la hora de comentarles que me siento como un repetidor de curso en un nivel que no es el mío. Espero que se lo tomen a bien y que adopten algún tipo de medida para corregir lo que observo como un desequilibrio o yo diría hasta una pérdida de tiempo. En vida física estaba acostumbrado a optimizar los recursos de los que disponía. Por eso os hablo desde mi condición de veterano organizador. Eso sí, les explicaré mi coyuntura con el máximo de los respetos pues ellos son los que mandan, claro. Conviene no hacerles enfadar. He de ser prudente para no dar la sensación de que les estoy presionando.

Os digo esto porque si bien sus rostros siempre emanan calma, hace poco me ocurrió algo que me hizo temblar de miedo; no, os seré sincero, me causó pavor, que es peor aún. Al terminar una de las clases, una señora profesora que tiene una mayor responsabilidad entre el resto y para que me entendáis, que cumpliría la labor de algo parecido a una jefa de estudios, me comentó acerca de la posibilidad de volver a estar entre vosotros. ¡Dios! Un escalofrío me recorrió la espalda a toda velocidad. Era como si un rayo me hubiera atravesado, o fulminado o qué sé yo. El susto me duró el resto de la jornada y una ansiedad se apoderó de mí como hacía tiempo que no me sucedía.

Vale, lo confieso, si os estoy narrando todos estos acontecimientos es porque ando muy preocupado con este tema. De cobardía nada ¿eh? Os pasaría exactamente lo mismo. ¿Quién de entre vosotros optaría por ser expulsado de su verdadera casa cuando puede vivir perfectamente en su hogar y trabajar en lo que se proponga? ¿Quién en su sano juicio preferiría ser exiliado a un lugar tan cruel y desalmado como ese en el que habitáis? Cuando a veces nos llegan noticias de lo que sucede en vuestro plano, no sé, es como para llevarse las manos a la cabeza. No os estoy compadeciendo, simplemente estoy comparando con toda la objetividad de la que soy capaz la realidad de dos estructuras que se parecen tanto como la noche y el día.

Me temo que voy a tener que empezar a elevar mis plegarias hacia el Padre todopoderoso, no vaya a ser que de verdad cumplan con su amenaza. No he querido decir que sea una amenaza, sino que yo lo vivo como una amenaza. No creáis que exagero ni un ápice. ¿Sabéis lo que eso significaría para mí? Volver a perder mi identidad en el olvido, tener que empezar de nuevo, permanecer sometido a los caprichos de la carne, a las enfermedades, al cansancio…a la inconsciencia de tantos y tantos momentos. ¿Qué os voy a explicar a vosotros que vivís encarcelados en esa estructura de sangre y huesos que tantos disgustos os da al cabo del día? Porque, ¡no me diréis ahora que tenéis plena conciencia de quiénes sois, de dónde venís y hacia dónde vais! Permitidme que exhiba una ligera sonrisa ante vuestros certeros pensamientos. Ese es el problema de haber accedido al conocimiento de la Verdad. ¡Que lo sabes todo! Lo siento, pero admito que existen aspectos que no me terminan por convencer.

Espero que Dios, que todo lo organiza, me comprenda, y no tenga a bien conceder el propósito de esas incómodas intenciones por parte de estos señores. ¡Pero si yo estoy dispuesto a hacer lo que se me ordene! Digo yo que habrá otras tareas provechosas que no sean permanecer en la escuela todo el día como un estudiante que jamás ve llegar el final del curso. Por favor, volver a la caverna de Platón, a contemplar sombras, al aturdimiento, a la confusión…eso es lo último que desearía ahora. Si habéis habitado en un hotel lujoso y confortable ¿qué diríais si os comentaran que recogierais vuestras cosas porque vais a ser enviados a un vulgar hostal? Basta ya de hipocresía ¿acaso no iríais con vuestros mejores argumentos a reclamar a quien organiza esos destinos? Por favor, no me digáis que permaneceríais con los brazos cruzados. Además de echarme a llorar, es que no me lo creería. ¿A que estamos de acuerdo? Si es que lo que no resuelva el sentido común…Lo dicho, mañana mismo me pondré a orar como aquí bien me han enseñado…no vaya a ser que… ¡Dios mío, no más mediocridad!

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