¿Un Espiritismo sin Jesús? (I)

            

Hace algún tiempo, conocí a unas personas que me propusieron utilizar la extraña fórmula que encabeza este escrito. Según entendían, la Doctrina se había quedado caduca después de siglo y medio de andadura, muchos de sus postulados se habían visto superados por el simple paso del tiempo y al parecer, el factor más sangrante que más la ataba a un ayer ya rebasado, era todo lo relacionado con la figura de Jesús, pues este constituía de alguna forma una rémora asociada al fenómeno religioso, el cual impedía iniciar una actualización que venciera la inercia del pasado. Dicho de otra forma, la presencia del Maestro significaba más bien un obstáculo para el avance del Espiritismo que una ayuda.

Al principio, me sentí desconcertado por tales palabras, pues no soy persona que desee rebatir cualquier fundamento sin detenerme antes a reflexionar, pero transcurridas las jornadas y en un ataque de racionalidad, me decidí por contestar a esta nueva “nomenclatura” que algunos deseaban establecer. Lo que sigue, no es más que mi réplica a la disyuntiva planteada.

Devanándome los sesos, comprobé que mi argumento era nítido, pero que no hallaba el camino para traducirlo en palabras. Un día, cuando menos pensaba en ello, me acerqué a la playa. ¿A quién de vosotros no le ha ocurrido que cuanto más piensa o se obsesiona con algo menos respuestas encuentra? Dicen que la cercanía del mar te aclara las ideas y te renueva por dentro. Empujado por el soplo tenue de una brisa que olía a sal, me senté encima de una de esas grandes rocas erosionadas que a veces hallamos cerca de la orilla. Allí, con el agua de las olas rompiendo suavemente bajo mis pies, concentrado en el devenir de las pequeñas embarcaciones que surcaban en lontananza por el horizonte, descubrí la clave para plasmar en letras mis cábalas.

Para responder a la importante cuestión arriba planteada, tuve la seguridad de que lo mejor sería invertir el sentido de la pregunta. Y me dije, ¿cómo entender a Jesús sin el Espiritismo? Veamos lo que nos expone la pregunta número 625 de “El libro de los espíritus”:

625. ¿Cuál es el tipo más perfecto que Dios ha ofrecido al hombre para que le sirviese de guía y modelo?

—Contemplad a Jesús.

Jesús es para el hombre el tipo de la perfección moral a que puede aspirar la humanidad en la Tierra. Dios nos lo ofrece como el modelo más perfecto, y la doctrina que enseñó es la más pura expresión de su ley; porque estaba animado del espíritu divino y es el ser más puro que ha venido a la Tierra.

Debo suponer por puro sentido común que este mensaje transmitido al contestar a tan fundamental cuestión, pretendía establecer algo esencial de una forma muy rotunda. De no ser así, no habría figurado en tan magna obra. En otras palabras, si se hubiera tratado de un dato irrelevante, el codificador no lo habría incluido en el texto. ¿Qué significa todo esto? Que para el ser humano, al fin y al cabo espíritu en evolución, no existe ejemplo más elevado, más grandioso, que el aportado por la figura del hombre de Nazaret, actor principal de un relato planificado por el Padre Celestial, de una crónica organizada por Aquel que todo lo calcula a la perfección y que conocía de las consecuencias que para nuestro planeta tendría la llegada y la enseñanza de un espíritu perfecto como el del Maestro.

Bien está que no divinicemos a Jesús. Esto iría más allá de la razón. Alejado de los mitos históricos que le han encumbrado hasta llegar a igualarle a Dios, nuestro querido y admirado hermano no es más que un espíritu perfecto que ha alcanzado su máximo grado de desarrollo, tanto en el campo intelectual como en la vertiente moral. Ni más, ni menos. Alguien que con el ejemplo de su vida nos mostró el auténtico camino, el que nos conduce a la Verdad. Él respondió a los interrogantes más exigentes del hombre de la época. ¿Alguien se atrevería a borrar con su mano una sola coma o un solo punto de sus enseñanzas sin que su propia conciencia le propinara un bastonazo entre sus dedos? ¿Alguno puede aspirar a comprender lo que representa la Doctrina espírita en nuestra vidas sin recurrir al amor por él promulgado?

Como todos los conocimientos de las épocas, su testimonio debió adaptarse a las personas de su tiempo. Esto explica por qué no se adentró con mayor profundidad en el más allá de la existencia. Los seres humanos de aquel período bastante tenían con sobrevivir en el día a día y eran poco dados al estudio o a la reflexión sobre ciertos dilemas que hoy consideramos como habituales. Diecinueve siglos después, las dudas quedarían despejadas con el anuncio del Espíritu de la Verdad recogido por el pedagogo de Lyon.

Si estamos hablando del alma más perfecta que haya pasado por la Tierra ¿alguien puede ignorar que las enseñanzas recogidas en “El libro de los espíritus” se transmitieron merced a su consentimiento y que este a su vez tuvo el beneplácito del Padre? Ni el más mínimo detalle quedó suelto en tan esencial encomienda. ¿Acaso no fue él quien afirmó “aun hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados todos” (Lc, 12-7)?

El mensaje de Jesús fue de amor. Por eso, incidió más en el camino moral que debía recorrer el hombre que en el trayecto intelectual. Hasta en eso se amoldó a la etapa de su existencia física entre nosotros. Sabía perfectamente que lo que más le costaba al individuo era abrir su corazón al otro, darse a los demás incondicionalmente, entregarse a Dios a través de la donación hacia el prójimo. Todo ello se refleja a las claras en la obra compilada por Denizard Rivail. Gracias a su generoso trabajo, entendimos en su día y sabemos ahora del verdadero rostro de Jesús, del carácter de su misión, de por qué cumplió con la llamada celestial al descender entre nosotros, cuando residía en los planos más sublimes correspondientes a su excelsa naturaleza.

Merced a la Doctrina hemos alcanzado a descifrar la auténtica significación de lo que él pretendía al presentarse entre los hombres. En definitiva, no podemos penetrar en la esencia del Maestro si no nos valemos de las explicaciones aportadas por Kardec. Esto posee una lógica aplastante si se acepta que fue el carpintero de Nazaret el principal impulsor de que las enseñanzas espíritas se transmitieran a los habitantes de este planeta.

En diversas fases de la Historia, muchos emisarios enviados por él han encarnado en el plano material, a fin de recordarnos los pilares de su erudición, muchas veces acomodada por el hombre para que sirviera a sus propios intereses, donde predominaban el orgullo y el más brutal egoísmo. Pero las intrigas protagonizadas por diversos individuos no le restan ni un ápice de certeza a lo transmitido por él.

Claro que el Maestro nació de la carne. No podemos seguir obviando los argumentos de la razón ni nadie debe pretender explicar algo que la razón no reconoce. Porque pensemos, ¿qué necesidad iba a tener Dios de alterar sus propias leyes, las que rigen el funcionamiento del Universo? Sería tan absurdo como el intento estéril de atribuirle a Jesús unas características santificadoras que para nada precisaba, simple deseo del ser humano por elevar a alguien que cambió el curso de la Historia al pedestal de la admiración.

Otros alteraron el ritmo de las crónicas ganado batallas, derrotando naciones o gobernando pueblos, mas la propuesta de Jesús no resultó de efectos limitados sino una invitación atemporal, pues se limitó a anunciar las leyes de Dios. Sabemos que estas no se alteran ni se modifican por el transcurrir de los años. Sus palabras constituyen el “mensaje” por excelencia, aquel que se nos manifiesta como la conquista suprema del sí mismo a través del amor.

Otras enseñanzas han caducado o simplemente se han visto superadas por el transcurrir de los tiempos. Demuéstrese qué palabra o qué discurso de Jesús ha perdido validez tras veinte siglos con sus días y sus noches y yo agacharé mi cabeza mirando hacia el suelo.

Silencio.

…continuará…

 

 

One Reply on “¿Un Espiritismo sin Jesús? (I)”

  1. Con mucho interés he leído este artículo. El Espiritismo en esencia pretende que aprendamos a encontrar el camino que nos conduzca al adelantamiento espiritual. Nos enseña que reparando nuestras faltas cometidas y mejorando cada día nuestro comportamiento logramos alcanzar ese objetivo. No existe ninguna forma posible en el adelantamiento espiritual y es haciendo y practicando el bien, el bien común. ¿Cómo se puede lograr que un mensaje de bien común que proviene del propio Jesús se pueda llevar, si lo extirpan de la Codificación Espírita? Los que pretendan eso, demuestran total desconocimiento del propósito de la Codificación Espírita. ¿Qué otro mensaje puede ser más conducente que no sea inducir mediante la educación el bien Común? Si Jesús es la mejor representación del bien a la humanidad.

    De manera que aquel que quiera presentar el Espiritismo sin Jesús, está presentando algo que no es Espiritismo. El Espiritismo no se ha adelantado por culpa de Jesús, sino por culpa de los que no creen que Jesús sea la clave para lograr un cambio del comportamiento humano. Ningún mal espíritu es conducido a salir en una obsesión espiritual, ningún mal espíritu es posible que sea neutralizado sino es mediante el Bien. No es la parte científica ni racional lo que adelanta el espíritu, Es el mensaje de Jesús en nuestra Codificación Espírita, y es por eso que el Espiritismo no adelanta como algunos dicen, pero los que así piensan no hacen nada para expandir el Espiritismo. Se conforman con criticar a Jesús en la Codificación o con tratar de presentar al Espiritismo como algo arcaico y fuera de vigencia, cuando el Espiritismo sí está haciendo que millones miren el Bien Común como algo que si les ayuda a encontrarse consigo mismos y ser mejores seres humanos. Los que creían que el Espiritismo estaba muriendo y estaban esperando ver su agonía, hoy tienen que aceptar que no es así. El Espiritismo está Vivo y es un Dinamo que logra introducirse en las redes sociales con fortaleza por personas como tu amigo mío que escriben y ayudan en la educación a nivel mundial.

    Me siento más que privilegiado en llevar un mensaje de educación, con Jesús, y lo que él representa en su mensaje sin temor a lo que digan sus detractores. Cambiar la esencia del Espiritismo como fue codificado es atentar contra su integridad y se constituyen entonces como críticos y no como divulgadores de nuestra Filosofía Espírita tal como Allan Kardec la presento hace 156 años.

    Son millones los que hoy ven el Espiritismo cuando se les presenta como fue concebido en la Codificación que ha hecho que caminemos hacia el progreso de la humanidad. Jesús es y será el motor que mueva el Espiritismo hacia el futuro de la humanidad. Gracias amigo mío por traer a la luz esto que ha estado ocurriendo solapadamente. Los que defendemos El Espiritismo tal como fue Codificado te damos las gracias. No nos quedaremos cayados ante esas intensiones de tratar de tergiversar la Integridad del Espiritismo.

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