Aborto: carta de un espíritu a su mamá

Madre, hoy me dirijo a ti aprovechando la magnífica ocasión que me brindan los nobles espíritus que habitan junto a mí. Como todavía no me he recuperado por completo de lo sucedido, ellos me han acompañado en largo viaje para contemplarte tan bella como siempre, como te imaginé antes de producirse todo lo que ahora paso a explicarte. He deseado tanto contactar contigo, mamá, que ansiaba la llegada de este sublime momento, pero no para exigirte nada, sino tan solo para que me escucharas, ya que resultaba necesario que yo te diera mi versión de lo ocurrido, pues creo que aquel fatídico día nadie preguntó mi parecer, quedando todas mis ilusiones cercenadas de raíz.

Empleando tus horas de bendito sueño nocturno o como mis amigos denominan aquí, tu desprendimiento, he escrito una carta para leértela y sobre todo, para que permanezca grabada en tu memoria, pues mis acompañantes me garantizaron que el contenido de esta misiva nos iba a beneficiar a ambos. A mí, porque me serviría de cumplido desahogo y a ti, madre, porque recibirías un testimonio que no solo aliviaría tus penas actuales sino que te valdría de victorioso estímulo para el futuro. En la esperanza de que al despertar obtengas recuerdos de mis palabras, paso pues a relatarte lo que compuse con esmero en la villa celestial donde ahora resido.

“Querida mamá: te llamo así, si me lo permites, porque yo era el ser destinado a surgir en tu vientre, proyecto de una vida desencadenada en la que caminaríamos juntos durante muchos años. Sin embargo, mis esperanzas de abrazar tu piel y ser acariciado, se vieron diluidas cuando tomaste la decisión de segar lo que estaba destinado a ser una fructífera convivencia, organizada y dispuesta por estos sabios señores aquí presentes y que de esto, te puedo asegurar que entienden.

Confieso que al principio, todo resultaba oscuro y desorganizado. Tras el luctuoso hecho, aquel por el que me arrancaron de mi húmedo y templado hogar, perdí la noción del día y de las horas y no es que en tu barriga yo tuviera lucidez sino tan solo sensaciones, pero…eran tan maravillosas…y yo me sentía tan cobijado bajo tu seno, que latía feliz sin saber por qué, tan solo era criatura que poseía morada segura donde crecer. Cuando la luz de mis ideas se apagó, sobrevino la negrura y me dejé en aquel lugar que olía tan amargo la conciencia de mis íntimos recuerdos. Admito que cuando recobré el conocimiento y me avivaron la memoria de lo sucedido, una tremenda huella de ira se instaló en mi pensamiento, reclamando reparo por el atropello recibido.

Mamá, tú me conoces como nadie, siempre he sido persona razonable y cariñosa y bastó con que me aclararan los detalles de lo acontecido y se me unieran los cordeles de mis remembranzas, para que mis emociones de cólera contenida se difuminaran y empezara a transformar mi enojo en comprensión, mi irritación en benevolencia hacia ti. Y es que sufriste tanto, mamá…tanto…que tus lágrimas vertidas durante una jornada sí y otra también, apagaron el incendio de la abrasada herida de mi indignación. Con el apoyo de mis mentores, fui poco a poco comprendiendo lo que desfiló por tu mente y de pronto, una mañana, volví a enamorarme de ti, pues este error no podía deshacer nuestro infinito caminar por el mundo de la carne donde tanto nos amamos y tanto compartimos, incluso en las circunstancias más espinosas.

Querida madre y compañera inmortal: ¿por qué volviste a aproximarte a él? ¿Por qué te dejaste atrapar por sus mentiras? Él tan solo pretendía aprovecharse de tu inocente belleza y regresó, como en pretéritas ocasiones, a tenderte una celada, esa farsa en la que finalmente yo también me vi implicado, fíjate cuánto, que hasta me privaste de lo más importante que tenía: la oportunidad de seguir cumpliendo con mi ruta evolutiva junto a ti. Esta vez, mamá, pedí que me educaras, que me mimaras, que marcaras mis pasos desde el principio y que añadieras a nuestra sempiterna convivencia nueve meses “extra” donde sintiera los latidos de tu corazón y el calor de tus senos sobre mi cabeza recién formada. Y es que te estreché tanto con mis brazos en el pasado que ya aspiraba a un “anticipo” en esos días de gestación. Reconozco que presenté mi solicitud ante estos ilustres señores que me recibieron en aquella luminosa urbe, los cuales prometieron estudiar el asunto. Cuando una tarde, me comunicaron su aceptación desde las alturas, no cabía en mí de gozo, pues volvía a verte ahora como hijo y no como en la última ocasión, marido y protector hasta de tu sombra, pues eran tiempos revueltos donde aceptaste dignamente que te acogiera entre mis manos puesto que tenías miedo del mundo en el que te había tocado vivir.

Por favor, mamá, haz memoria, trata de recordar aquella época turbulenta a la que fuimos lanzados. Nuestro casamiento fue concertado por ajenas voluntades pero resultó bienaventurado, porque ambos nos respetábamos y nos amábamos como afectuosa pareja. Pero él, déspota de la traición, tirano del engaño, apareció de nuevo en nuestra travesía para arruinar nuestro dulce matrimonio. Habiéndote pretendido desde muy joven, pero no para anhelarte de besos y ternura como yo, sino para utilizarte y extender el mal a través de su hostigamiento, no pudo soportar la visión de contemplarnos felices y dichosos. En aquella aciaga noche de terror, donde la lluvia me miró marchito y desparramado sobre el empedrado, clavó sus afiladas garras sobre mí, por la espalda y a su estilo, mutilando mi aliento y separándome temporalmente de lo que más quería: tu presencia.

Transcurrieron el tiempo y las generaciones, mas no mejoraron sus propósitos y en la actual ocasión, se acercó a ti sigilosamente, con más astucia aún, aquella que cuando da la cara provoca el sollozo amargo en quien la recibe. Y tú, mamá, en tu cándida inocencia, te dejaste arrastrar por sus cantos de sirena, por su bastarda conjura y de nuevo, como en el ayer, te destrozó, al mismo tiempo que me “asesinaba” otra vez. ¿Cómo no caíste en la cuenta de que la siniestra historia se repetía con el mismo guion? ¿Cómo no aprendiste del pasado, de su crueldad, de sus celos, de sus malditas intrigas? Sabía lo que hacía y esta vez te utilizó abiertamente para lacerarme, provocando con su actitud el temblor en tu punto más débil, la inseguridad, donde residen ocultos tus miedos y ansiedades, los cuales me transmitiste cuando al final, el hilo vital que me unía a ti fue cortado por la fatídica mano de un hombre de bisturí y ropajes verdes.

Mamá, intenta recordar su felonía. En cuanto escuchó de tus palabras la presencia del ser que llevabas dentro, su rostro cambió, permutó su semblante en crueldad inimaginable y sus sonrisas habituales se trocaron en desprecio hacia nosotros, seres unidos por el eterno tiempo, lo que suponía un lastre demasiado pesado para su atrasado espíritu. En su dinámica de perverso juego, se ocupó reiteradamente de que aniquilaras lo que portabas en tu interior, como si esa vida a punto de emerger le resultara un incómodo testigo de las vilezas de un infame ayer.

No te asustes madre, no me estoy imaginando nada, pues todo lo sé porque todo me lo contaron. Cuando recuperé mi forma y mi equilibrio, intuyendo en lo más profundo que una gran tragedia se había abatido sobre mí, pedí con humildad me fuera revelado el motivo de mis angustiosas inquietudes. El tutor a mí asignado, así lo hizo y la luz del recuerdo se despertó en mi ancestral memoria. Con su calidez y actitud amistosa, supo reconducir mi irritante respuesta hacia cauces más dulces, pues cuando entendí los fenómenos sucedidos, la claridad refulgió en mi interior y me separé de la ira para aproximarme a la paz de las evocaciones, ya que ahora soy capaz de desmenuzar el pasado y de aceptar los hechos con más tranquilidad, aunque no sin afectación.

Amada compañera de inmortales despertares: nuestro siniestro personaje de amarguras, ejecutó su golpe final cuando una mañana, después de observar que sus deseos exterminadores de vida no eran por ti correspondidos, recogió todo lo que tenía y te abandonó dejándote en la mayor de las indigencias, no solo la material sino la más dura y agria para ti, la emocional, pues sé por experiencia que nunca llevaste bien la coyuntura de la soledad. Claro que conozco lo ocurrido, tantos años te protegí que temí lo peor, tanto tiempo tus cabellos se posaron en mis firmes y acogedores hombros, que atisbé la desdicha de mis cortos días en mi nuevo hogar, aquel en el que el tic-tac de tu corazón me arropaba con susurros cariñosos y caricias de almíbar.

¡Ay, mamá! Con mi memoria más centrada vislumbré en mi interior el transcurso de tan triste fecha. Pude recordar tus pasos ligeros entre paredes desnudas de blanco, el ácido olor de aquella estancia gélida de afectos, la frialdad de las almas que por allí pululaban y sobre todo, padecí tus dudas, tus miedos, tu profundo e inmenso dolor, pues te contemplabas a ti misma tan frágil y quebradiza, que imaginabas con horror un futuro de aislamiento y desamparo, con una criatura a la que mantener sin medios y cuidar sin fuerzas.

Manuela, no soy quién, pero ¿cómo no iba yo a perdonarte, querida esposa, madre que pudo ser y no fue? Mas no pierdo la esperanza de volver a encontrarme contigo, pues los vínculos entre las almas como las nuestras resultan imperecederos y no son desgarrados por el transcurrir de las épocas. He entendido lo ocurrido gracias a la caridad de estos nobles hermanos que me atienden y mi espíritu se ha liberado de cualquier atisbo de represalia. Te aseguro que ahora mi ligazón contigo se ha reforzado aún más, pues solo pido coincidir con la calidez de tu alma nuevamente en el futuro, para que mis ansias de amarte hallen el canal adecuado por el que penetrar hacia ti. Te deseo tanto, que haría cualquier cosa por volver a estar junto a tu contorno, te lo juro. Pero si existe algo que aquí, en el plano desde el que me dirijo a ti, me han enseñado, es a tener paciencia y a saber que cada asunto requiere su tiempo, justamente el necesario para que todos los tejidos de la vida se entrelacen en nuestro destino común. Tú continuarás ahora tu camino y yo el mío, pero no tengas la menor duda, Manuela, que yo seguiré pidiendo amanecer junto a ti y no albergo dudas de que tú deseas lo mismo, mas todo llegará, amor mío, la ocasión propicia para prolongar nuestro transitar juntos en esta infinita senda de la evolución.

Y una última cosa, mamá, no temas más. Nuestro “amigo” ha sido “retirado” por largo período de nuestra ruta. Pasarán siglos antes de que volvamos a encontrarle. Te aseguro que no le deseo ningún mal, a pesar del daño infligido una y otra vez a nuestro proyecto existencial. Desde aquí, la perspectiva cambia y el deseo de perdón se acrecienta conforme uno entiende las vicisitudes de las causalidades. Espero que algún día, en su peregrinar de equivocadas intenciones, recapacite y advierta que el futuro solo se construye, no desde el odio o las inquinas, sino desde el amor, tan puro como el que yo te profeso. ¡Adiós, Manuela, no derrames más lágrimas! Que mi recuerdo no suponga para ti una pesada losa por sobrellevar sino una chispa de inicio a la más grata de las esperanzas, un espejo abierto que cruzar, que atraiga sobre ti el despertar de retos insondables. ¡Hasta pronto, mi amor!».

 

Se despide de ti con todo cariño, tu más incondicional espíritu.

11 Replies to “Aborto: carta de un espíritu a su mamá”

  1. José Manuel, ¿los medicos de la muerte serían capaces de leer esta carta a las madres a las que él va a destruirle la vida?

  2. Me ha encantado leer este relato. ¿Podría ocurrir tb que este espíritu volviera a ser engendrado por Manuela, si Manuela estuviera con otro hombre? Me refiero, a que si cuando una persona ha tenido más de un aborto, y al final decide engendrar, puede ser el mismo espíritu. M gustará conocer tu opinión.

  3. Podría ser, por supuesto; no conocemos los designios de los espíritus "programadores" que con su sabiduría y buen hacer, planifican las líneas maestras (acorde a la ley de causa-efecto) de la próxima vida de cada alma antes de descender a la carne. Además, se trata de un proceso dinámico que puede ir variando conforme se alteren también las circunstancias. Su labor resulta asombrosa y admirable. Un saludo cordial, Elena.

    1. Comparto opinión; hay muchos casos en los cuales el paso del tiempo presenta variantes que el propio espíritu encarnan te desconoce. La ley de causa-efecto determina y el espíritu pasa por un oscurecimiento similar al que tenemos en nuestra realidad consciente. En el grupo se manifestaron varios casos de espíritus que se despiden de los de “aquí y allí” y no llegan a tocar materia en la realidad humana; en su tiempo se vuelven a manifestar hablando de una experiencia que desconocían y les fortaleció. Tema importante para debate, en vivo. Manolo

  4. Acabo de perder a mi bebe de 20 semanas de embarazo…me duele mucho y no dejo de pensar en el espiritu que no pudo encarnar….

  5. Hola mucha paz y armonía
    Tengo que hacer una aclaración, que puede ayudar mucho en este asunto;
    El espíritu, abortado, nunca deja de tener la oportunidad de reencarnar, muchas de estas situaciones se producen porque el espíritu debe pasar esta prueba, o incluso como un ser espiritual evolucionado, necesita un pequeño paso en la tierra, en este caso dentro del vientre de la Madre para cambiar a otro plan.
    Estoy totalmente de entender su dolor, pero recuerde, que el Padre hace nada al azar y todo sirve para crecer.
    Dios no cierra una puerta, no hace falta abrir una ventana en la que tienen fe ..

    Bueno, hay

    Victor Pasos
    Portugal
    http://portugalespiritsmo.blogspot.com/
    http://espirito18.do.comunidades.net/
    esclarecimentodoutrinario@gmail.com

  6. Gracia Jose Manuelpor tan bello relato ;Yo no dejo de llorar y desgarrarme por dentro cuando recuerdo con 15 añitos (sin estos conocimientos) hice perder un bebe. ahora con 49 aunque tengo pareja siento una soledad y vacio inmenso pues aunque todavia lo intento no quedo en cinta, supongo la ley de causa y efecto me hace compensar mi error. Se que ha vuelto a nacer y siempre pido por ese ser alli donde este El Padre lo bendiga……. Disculpa pero me alivio poder compartirlo GRACIAS Dios los bendiga Maria

  7. Seria tão bom se todas as mulheres pudessem ter acesso a este texto…acredito que, o coração com certeza ficaria diferente..
    Sou mãe..e toda vez que leio este texto, agradeço por ter o conhecimento da Doutrina Espirita…e do quanto Deus Nosso Pai é MAravilhoso!

  8. hola José Manuel, me ha encantado este escrito. Estoy encargada de una cartelera ubicada en el Centro donde realizo mis estudios espíritas. Trataré de imprimirlo e incluirlo en dicha cartelera para que mis compañeros puedan leerlo y transmitir esa experiencia. Una vez más gracias y comprendo perfectamente a la amiga "Anónimo", podría interpretarse que está en una situación de compensación, eso solo lo confirmarás cuando estés en ese mundo espiritual. Fortaleza y solicita perdón a ese espíritu, es lo que te puedo recomendar desde mi humilde conocimiento, un abrazo fraterno y que la espiritualidad te ayude y acompañe, hasta siempre.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *