LAS TRES VIDAS DE MARÍA (53) La vida sigue

María tuvo que contener las lágrimas. Antonio. El nombre de su padre. El niño al que ella había llevado tantas veces de la mano era ahora aquel joven sentado frente a ella, hablando tranquilamente de drogas y moviéndose entre traficantes.

—Es como Pepe por José o Paco por Francisco —continuó él—. La gente abrevia los nombres porque resulta más cómodo. Tampoco ha descubierto usted América.

María sonrió sin ganas.

—No. Desde luego que no.

Se produjo una pequeña pausa. Ella sabía que estaba acercándose a una pregunta peligrosa.

—¿Puedo hacerte una pregunta algo personal?

Tony la miró con curiosidad.

—Bueno, llevamos ya unos minutos hablando. Además, usted me intriga.

—¿Sí?

—Mucho.

Se acomodó mejor.

—Y tampoco voy a estar hablando de drogas las veinticuatro horas del día. Sería bastante aburrido.

María sintió cómo se le secaba la boca.

—Quiero preguntarte por tu madre.

La expresión de Tony cambió ligeramente. No demasiado. Pero María lo notó.

—¿Mi madre?

—Sí.

—¿Qué quiere saber?

La mujer juntó las manos sobre sus piernas para evitar que le temblaran.

—¿Qué recuerdos guardas de ella?

Tony permaneció callado unos segundos.

—Vaya pregunta.

—Lo siento. Si no quieres responder…

—No, no pasa nada.

El joven la observó de nuevo.

—Como no tiene pinta de policía y, además, me cae bien, se lo contaré.

María contuvo la respiración.

—La verdad es que cada vez recuerdo menos cosas.

Ella sintió un estremecimiento.

—¿Menos?

—Sí.

Tony se encogió de hombros.

—Supongo que es normal. Los años pasan y la memoria va borrando detalles.

María sintió que una presión dolorosa le oprimía el pecho.

—¿No recuerdas su cara?

—Sí, claro. Todavía sí. Pero hay cosas que empiezan a desdibujarse.

Tony miró hacia un lado, buscando en su memoria.

—Su voz, por ejemplo. A veces intento recordarla y me cuesta.

María bajó la cabeza inmediatamente. No quería que él viera cómo sus ojos se llenaban de lágrimas.

—También algunas situaciones —continuó Tony—. Cosas que hicimos juntos cuando yo era pequeño. Sé que ocurrieron, pero cada vez las veo más lejanas.

María apretó con fuerza las manos.

—¿Y por qué crees que sucede eso?

Su voz salió más débil de lo que pretendía. Tony la miró.

—No sé. Porque ha pasado mucho tiempo, supongo.

—Yo soy mayor que tú y todavía recuerdo perfectamente a mis padres.

El joven dejó escapar una pequeña sonrisa.

—Ese será su caso. El mío fue diferente.

María sintió que algo dentro de ella le advertía de que se preparase.

—Mi padre murió cuando yo era un crío.

Ella asintió muy despacio.

—Y después murió mi madre.

María dejó de respirar.

Durante unos instantes no oyó nada más. Ni los ruidos procedentes del exterior. Ni las voces de aquellos jóvenes. Ni siquiera a Tony. Solo aquella frase. Murió mi madre.

—¿Cuándo? —consiguió preguntar.

Tony hizo un pequeño cálculo mental.

—Hace unos cinco años.

La sangre pareció desaparecer del rostro de María. Cinco años. Exactamente el tiempo que separaba aquella escena del presente que ella había abandonado.

—¿Y… cómo murió?

Tony titubeó.

—Se quitó la vida. Debía estar muy mal.

María cerró los ojos.

—¿Qué… qué ocurrió?

—Se ahorcó.

La frase cayó sobre ella como un golpe físico. Durante unos segundos creyó que iba a derrumbarse. Tuvo que clavarse las uñas en las palmas de las manos para recordar dónde estaba y por qué había llegado hasta allí.

Aquello no había sucedido. Todavía no. Era una posibilidad. Un futuro.

Pero Tony hablaba de su muerte con la naturalidad de quien llevaba años viviendo con ella.

—Ahora entenderá por qué algunas cosas se me van borrando —añadió el joven—. Entre unas cosas y otras, llevo muchos años prácticamente solo.

María sintió que las lágrimas amenazaban con escapar.

—Lo siento —consiguió decir.

Tony se encogió de hombros.

—Ya está. La vida sigue.

Aquellas tres palabras le hicieron todavía más daño. La vida sigue. Antonio se las había dicho de otra manera. Ángel también. Y ahora las pronunciaba su propio hijo en un futuro donde ella había decidido no continuar.

María lo miró.

—Entonces debes de tener unos veinte años.

—Justo.

Tony sonrió ligeramente.

—Supongo que lo habrá deducido por mi aspecto.

María negó lentamente.

—No.

El joven frunció el ceño.

—¿No?

Ella tuvo que hacer un esfuerzo inmenso para contenerse.

—Digamos que… he hecho mis cálculos.

Tony aceptó la explicación. María, en cambio, ya no podía pensar en otra cosa. Si aquella escena llegaba a convertirse algún día en realidad, su hijo no solo perdería a su madre. Poco a poco también empezaría a olvidarla.

Desde que comenzó aquella tercera prueba, María comprendió que la muerte que había elegido para acabar con su propio sufrimiento podía prolongarse durante años en la memoria de quien más amaba.

…continuará…

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AS TRÊS VIDAS DE MARIA (53) A vida segue

Mié Oct 14 , 2026
Maria teve que conter as lágrimas. Antonio. O nome de seu pai. O menino que tantas vezes ela havia levado pela mão era agora aquele jovem sentado diante dela, falando tranquilamente sobre drogas e convivendo com traficantes. — É como Pepe para José ou Paco para Francisco — continuou ele. […]

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