SONIA Y LEÓN (21) Telepatía de domingo

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—Pero, ¿qué estás diciendo, tonto? Además, no me gusta esa palabra, parece que estás hablando de esos héroes de cómics. Lo que a mí me llega a la mente son intuiciones, a veces, muy claras, otras, no tanto. Eso le ocurre a cualquiera, incluso a ti. Tal vez la diferencia esté en la frecuencia y en la intensidad de esa percepción interior que desfila por mi cabeza como una imagen viva o un mensaje muy potente. Veamos, ¿es que tú nunca has tenido una corazonada?

—Pues sí, aunque ahora mismo no recuerdo la última. Creo que lo que cambia es la fuerza del presentimiento, que en ti debe ser muy intensa. Y ahora que lo mencionas, toda esa información a la que accediste cuando me tocaste el primer día ¿no sería un producto de tu intuición?

—Hum… —expresó Sonia mientras que se llevaba su mano derecha a su barbilla en actitud pensativa—. Sí, ¿por qué no? Como poder, podría ser. Sin embargo, sucede una circunstancia muy curiosa. A menudo, cuando esas imágenes surgen, escucho una voz en mi interior que me describe lo que está pasando. Es como una herramienta para interpretar mejor lo que estoy percibiendo. Esto no me pasa siempre, porque a veces, las visiones son tan nítidas que no preciso ni siquiera de esa voz para ayudarme. Mira, León, quiero ser modesta con mis palabras y no me tomes por una persona orgullosa porque yo no me siento así. En cualquier caso, esas representaciones se asemejan a estar viendo una película de cine en la que se muestran las imágenes de un argumento, de una historia que se está desarrollando justo delante de mi vista. Veamos: ¿he satisfecho la curiosidad del apuesto caballero aquí presente?

—Desde luego. Siento obligarte a reflexionar tanto a esta hora y después de una noche tan agitada. Lo único que trato es de ubicar todo ese fenómeno sorprendente que te ocurre dentro de un marco lógico. Es que yo soy así, quizá por deformación profesional, pero me gusta explicar y razonar las cosas que observo. Y es que tu tema, perdona que te lo diga, no es nada fácil. Eso no significa que seas complicada, pero no me negarás que tu caso es un tanto especial. Tal vez me pase de la raya con mi espíritu científico ¿no crees?

—¡Ay, esa falta de fe! Y no estoy hablando de cuestiones religiosas; no confundamos las materias. Anda, cariño, dame la mano, que me siento muy receptiva a tu lado y más, contemplando esos hermosos ojos que Dios te ha pintado en el rostro. Está claro que pasar esta noche junto a tu lado, durmiendo juntos, me ha renovado por dentro.

—Pero, ¿estás loca? ¿No me dijiste que tu capacidad no funcionaba a voluntad sino que surgía espontáneamente?

—Tú sí que estás loco, tonto. Solo voy a comprobar contigo ese grado de espontaneidad que me transmite tu piel. Venga esa mano, León.

Durante unos segundos y en pleno proceso de concentración, la mirada de Sonia pareció perderse en el espacio. Tras bajar los párpados, la joven agachaba y subía ligeramente su cabeza en un movimiento rítmico. Cuando León comenzaba a preocuparse ante el silencio existente en la cocina de la casa, la dulce voz de la chica se empezó a oír en aquella mañana de domingo.

—Veamos, mi amor. Te voy a contar exactamente lo que he visto, ni más ni menos. Ya te anticipo que, en esta ocasión, no ha habido una película que discurriese por mi mente, sino que lo que he notado ha sido un efecto de telepatía. Ya ves que yo no he elegido el procedimiento. Este se ha presentado y listo. Además, vas a ser tú mismo el que me lo confirme o desmienta. Creo que he podido leer tu pensamiento, como si estuviese en mí y yo tuviera acceso a él.

—Vale, Sonia, pues explícate que me estoy poniendo nervioso.

—Voy a hablar con claridad —dijo la mujer mientras que apretaba con fuerza la mano del chico—. Tengo sentado enfrente de mí a un hombre que se siente muy feliz por lo que le acaba de pasar y que nota cómo su autoestima se ha recuperado. Aprecia con sinceridad a la mujer que tiene ahora mismo a menos de un metro de distancia. Hasta aquí, todo bien. Pero, pero… je, je, siempre hay un pero, ¿verdad, querido?

—Dios mío, me tienes intrigadísimo.

—He percibido dudas en tu interior y no es cierto, como dijiste antes, que te hayas olvidado por completo de tu antiguo amor, de tu antigua novia. Y ¿qué significa esto? Pues que hay cosas en la vida que no son tan fáciles de borrar de la memoria y que esa decepción sufrida no va a ser tan sencilla de superar. Hay una lucha en ti con respecto a lo que te acaba de ocurrir: estás comparando, León, entre tus viejas sensaciones con Marta y las que has podido experimentar conmigo. Incluso te preguntas si no será demasiado pronto para sumergirte en las complicaciones que toda relación afectiva conlleva. Ya he terminado. Me he quedado muy tranquila, relajada después de soltar todos esos argumentos que me llegaban a la mente.

La reacción del joven no pudo ser más evidente. Tras mantener la mirada a Sonia durante unos segundos, de repente, bajó su cabeza hasta esconderla entre sus brazos, los cuales, estaban apoyados en la mesa donde habían estado desayunando. Tras sentir la mano de ella acariciándole sus cabellos…

—Ah, esto es increíble. ¡Qué vergüenza voy a pasar delante de ti! ¿Te das cuenta? Esto es como permanecer desnudo cada vez que me cruce contigo, o incluso en la distancia, porque estoy convencido de que tú eres perfectamente capaz de leerme el pensamiento incluso aunque estemos en nuestros trabajos.

—Calma. Te aseguro que lo que yo pueda ver en ti, mi buen León, siempre será con el ánimo de ayudarte, porque a pesar de que nos conocemos desde hace muy poco, yo te aprecio con toda la sinceridad de mi corazón. Además, me resultaría imposible silenciar esa voz que a veces me habla, o de oscurecer esas imágenes que se me aparecen. No puedo luchar contra esa tendencia porque no la he creado yo, sino que acude a mí de forma natural.

…continuará…

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