LAS TRES VIDAS DE MARÍA (12) El viaje que comienza

—Por supuesto —respondió María con una leve sonrisa—. Me encantó esa novela. Y cada vez que hacen una nueva versión en el cine, procuro verla. Es una historia… —dudó un instante— tan emotiva que siempre consigue removerme por dentro. Creo que es uno de esos relatos que nunca envejecen.

—Coincido contigo —asintió Ángel—. Recuerda que su protagonista, Ebenezer Scrooge, se enfrenta a una serie de pruebas a través de la visita de tres espíritus.

María reaccionó con un destello de entusiasmo.

—¡Claro! —interrumpió—. El de las Navidades pasadas, el de las presentes y el de las futuras.

—Exacto —confirmó él—. Aunque en tu caso no será exactamente igual. Te enfrentarás a tres escenarios distintos. En cada uno de ellos aparecerán personas importantes en tu vida. Interactuarás con ellas… y a partir de ahí, extraerás tus propias conclusiones.

María guardó silencio. Aquella explicación parecía sencilla… quizá demasiado.

—¿Eso es todo? —preguntó finalmente, con una leve mueca—. Perdona que lo diga, pero esperaba algo más… complicado.

Se encogió de hombros.

—No sé… algo más difícil.

Ángel la observó con calma.

—Has sido demasiado rápida al juzgarlo.

María frunció el ceño.

—¿Recuerdas si Scrooge disfrutó de ese viaje?

Ella se llevó la mano al rostro, pensativa.

—Ahora que lo dices… no. En absoluto. De hecho… lo pasó bastante mal.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo.

—Creo que me he precipitado. Sí… lo reconozco. He sido arrogante.

Se abrazó levemente a sí misma.

—No sé por qué… pero de pronto me he puesto nerviosa.

Ángel asintió, como si aquello fuese lo esperado.

—Empiezas a comprenderlo.

María tragó saliva.

—Dime… ¿me va a ocurrir algo malo? No me asustes…

Ángel negó suavemente.

—No es una cuestión de «bueno» o «malo», María.

Ella frunció el ceño, desconcertada.

—¿Cómo que no?

—Esa forma de pensar pertenece a tu mundo —explicó él—. Aquí… esas categorías se quedan cortas.

Hizo una breve pausa, buscando las palabras.

—Nosotros valoramos las experiencias de otro modo: en función de si te hacen avanzar… o si te estancan.

María lo miró con atención.

—¿Avanzar… hacia qué?

—Hacia tu evolución —respondió con serenidad—. Todo lo que piensas, sientes o haces puede ayudarte a crecer… o puede detenerte.

Ella asintió lentamente.

—Creo que lo entiendo.

Esbozó una leve sonrisa, con un matiz irónico.

—Supongo que tendré que acostumbrarme… a este “nuevo mundo”.

—No te preocupes —respondió él—. Es normal. Lo importante es que te tomes este proceso en serio. Lo que vas a vivir no es un simple tránsito. Es una oportunidad.

Se inclinó ligeramente hacia ella.

—Y al final… decidirás.

María guardó silencio unos segundos. Esta vez no había resistencia, sino reflexión. Respiró hondo.

—De acuerdo.

Lo miró directamente.

—Estoy nerviosa… pero también tengo ganas de empezar.

Sus palabras se volvieron más sinceras.

—Es extraño… como si una parte de mí tuviera miedo… y otra necesitara esto. Creo que necesito arriesgarme.

Cerró los ojos un instante y sonrió.

—Está bien, Ángel. Me has convencido.

Volvió a abrirlos.

—Adelante. Que sea lo que tenga que ser, lo que Dios quiera.

—Así será.

Hizo una pequeña pausa.

—Siempre es así.

*******

—Bueno, doctor… ¿todo bien hasta ahora?

La voz de María devolvió la escena a la consulta.

—Veo que toma notas —continuó—. Me gustaría saber qué le está pareciendo todo esto. Si no le importa, haré una pequeña pausa. Necesito beber algo de agua.

El psicólogo dejó el bolígrafo sobre la libreta.

—Me parece una idea excelente —respondió.

La observó con interés.

—Le confieso que el tiempo se me está pasando volando. Todo lo que me está contando resulta… fascinante.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—Como comprenderá, no es habitual que un paciente me describa con tanto detalle no solo un intento de suicidio… sino lo que usted denomina una experiencia posterior a ese hecho.

María lo miró con curiosidad.

—Supongo que habrá tratado casos similares.

El psicólogo asintió.

—He tratado a muchos pacientes con ideación suicida. La depresión, por desgracia, es cada vez más frecuente. Es como llevar una mochila que pesa cada día más… hasta que uno desea desprenderse de ella a cualquier precio.

María bajó la mirada un instante.

—Entonces… ¿qué es lo que le sorprende?

El psicólogo la miró fijamente.

—La naturaleza de su relato. No estamos hablando solo de un intento autodestructivo… sino de algo que usted describe como una experiencia espiritual que acompaña a ese proceso. Y eso… es nuevo para mí.

Se inclinó ligeramente hacia delante.

—En todos estos años, nunca había escuchado algo así. Por eso le digo que lo que está contando es… abrumador.

…continuará…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Entrada siguiente

AS TRÊS VIDAS DE MARIA (12) A viagem que começa

Sáb May 9 , 2026
— Claro — respondeu Maria, com um leve sorriso. — Eu adorei essa história. E, sempre que fazem uma nova versão no cinema, eu procuro assistir. É um relato… — hesitou por um instante — tão comovente que sempre me remexe por dentro. Acho que é uma dessas histórias que […]

Puede que te guste