LAS TRES VIDAS DE MARÍA (54) Huérfano dos veces

—Perdona que insista —dijo María después de reunir fuerzas—. ¿Cómo era tu madre antes de que ocurriera aquella tragedia?

Tony apartó la mirada.

—La verdad es que ya importa poco, ¿no cree?

María sintió que algo se encogía dentro de ella.

—No resulta agradable recordar a alguien que terminó haciendo semejante barbaridad.

La palabra cayó sobre María como un golpe. Tony continuó sin advertirlo:

—Supongo que no pensó demasiado en su hijo. Yo era lo único que tenía.

María tuvo que apretar los labios.

—¿Crees que no pensó en ti?

—Si hubiera pensado de verdad en mí, no lo habría hecho. Para mí fue una irresponsabilidad enorme.

María bajó la mirada al suelo. Durante unos segundos necesitó concentrarse únicamente en respirar.

Aquello era precisamente lo que Ángel había querido mostrarle. Hasta entonces había contemplado su decisión desde su propio dolor. Ahora la estaba viendo desde los ojos de Tony.

—Entiendo —consiguió decir—. Por tu expresión se nota que todavía te duele.

Tony se encogió de hombros, como si quisiera restarle importancia. María decidió cambiar ligeramente de dirección.

—¿Y tu padre? ¿No pudo hacerse cargo de ti? Debías de tener unos quince años cuando murió tu madre.

Tony la miró con suspicacia.

—Oiga, señora… ¿no será usted de Servicios Sociales?

María abrió los ojos, sorprendida.

—¿Yo?

—Hace demasiadas preguntas y todas en una misma dirección.

Una sonrisa apareció por fin en el rostro del muchacho.

—Lo que ocurre es que me ha cogido usted de buenas. Y, no sé por qué, hablar con alguien que no me conoce tampoco me molesta.

—Te aseguro que no trabajo para ningún organismo.

—¿Ni para el ayuntamiento?

—Ni para el ayuntamiento ni para nadie.

Tony la observó unos segundos.

—Espero que esto no sea uno de esos experimentos sociales y que me haya elegido como conejillo de Indias.

María consiguió sonreír.

—No. Nada de eso. Solo te pido un poco de paciencia. Sé que estoy abusando de tu tiempo.

Tony inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Y por qué le interesa tanto mi vida?

La pregunta sorprendió a María. Podía darle cien respuestas, mas ninguna de ellas era posible.

—Digamos que… me estás haciendo el favor de mi vida.

El joven soltó una carcajada breve.

—Eso sí que suena misterioso.

María sonrió con tristeza.

—Lo sé.

Tony se reclinó en el asiento.

—Quién me iba a decir a mí que una mujer iba a entrar en esta casa destartalada, donde medio barrio sabe lo que se vende, para hacerme una entrevista.

Miró alrededor con ironía.

—Y precisamente a mí, que tampoco soy ningún ejemplo para la sociedad.

—Quizá tengas más cosas que contar de las que imaginas.

Tony se quedó pensativo.

—Puede ser.

Después señaló hacia ella.

—Bueno. Ya que hemos empezado el examen, continúe.

María respiró profundamente.

—Me estabas hablando de tu padre.

—Sí. Definitivamente he tenido bastante mala suerte.

María guardó silencio.

—Mi padre murió cuando yo era un crío. Tendría unos diez años.

—Lo atropellaron.

Tony levantó la cabeza.

—¿Cómo sabe eso?

María sintió que el corazón se le detenía. Había hablado demasiado deprisa.

—Creo que… me lo has contado antes.

El joven frunció el ceño durante un instante y después asintió.

—Puede ser. Ya ni me acuerdo de todo lo que le estoy diciendo.

María respiró discretamente, aliviada.

—El caso es que murió —prosiguió Tony—. Y cinco años después mi madre se ahorcó.

Guardó silencio.

—Así que ya ve: a los quince años me quedé completamente solo.

María sintió que las lágrimas acudían de nuevo a sus ojos. Esta vez tuvo que apartar el rostro. Tony no pareció darse cuenta.

—Uf…

Se pasó una mano por el cabello.

—Se ve que tenía ganas de soltar toda esta mierda que llevo dentro.

María volvió a mirarlo.

—A veces hace bien hablar.

—Sí. Sobre todo, con alguien que no conoce tu vida y al que probablemente no volverás a ver.

Aquella frase le produjo un dolor casi insoportable.

Tony continuó:

—Hay cosas que uno guarda durante años en algún rincón y termina acostumbrándose a llevarlas encima.

María pensó inmediatamente en ella misma. En Antonio. En doña Ana. En todo cuanto había sucedido durante aquella experiencia.

—Hasta que pesan demasiado —murmuró.

Tony la miró.

—Exactamente.

Por unos instantes se creó entre ambos una intimidad extraña. Una madre hablaba con su hijo. Pero solo ella lo sabía.

María se inclinó ligeramente hacia él.

—Tony, cuando perdiste a tus padres… ¿no había nadie que pudiera hacerse cargo de ti?

El muchacho dejó de sonreír.

—¿Familiares, quiere decir?

—Familia, amigos… alguien. Todavía eras menor de edad.

Tony miró hacia la ventana.

—Mire, pese a todo, no le guardo rencor a nadie.

María sintió inmediatamente que aquella respuesta ocultaba algo.

—¿Rencor? Es una palabra muy fuerte.

—También fue fuerte lo que me ocurrió.

Tony apretó los labios. María notó que acababa de abrir una puerta que el muchacho llevaba mucho tiempo manteniendo cerrada.

—¿Qué pasó realmente después de quedarte solo?

Él tardó en contestar. Su expresión perdió toda ironía.

—Fuerte fue quedarme huérfano en plena adolescencia. Pero lo peor vino después.

María sintió un escalofrío. No dijo nada. Esperó.

Por primera vez desde que había entrado en aquella casa, temió más lo que Tony estaba a punto de contarle que todo lo que ya había visto.

…continuará…

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AS TRÊS VIDAS DE MARIA (54) Órfão duas vezes

Sáb Oct 17 , 2026
— Desculpe insistir — disse Maria, depois de reunir forças. — Como era sua mãe antes de acontecer aquela tragédia? Tony desviou o olhar. — Na verdade, isso já importa pouco, não acha? Maria sentiu algo se contrair dentro dela. — Não é agradável lembrar de alguém que acabou fazendo […]

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