—En primer lugar —comenzó la figura con voz serena—, debo decirte que aún no estás muerta, aunque ya te disponías a celebrarlo. Todavía estás a tiempo de regresar. Pero de eso hablaremos más adelante. Hizo una leve pausa. —En segundo lugar, ese espíritu protector al que hacías referencia… está agotado. […]