—¿De veras pensáis eso, amantísima madre? —Sin duda. La priora Juana me lo pidió aquí mismo, y yo, aunque tuve dudas, cumplí su encargo. Ahora, muchos años después, te hago el mismo ofrecimiento. Debe de ser que la vida posee sus propios ciclos. Ha llegado tu sublime momento, hija mía. […]