Minutos después, Rosario llamaba a la puerta del despacho del marqués… —¿Me estabas buscando, padrino? ¡Uy, vaya cara! ¿Ocurre algo malo? Me ha dicho que viniera doña Concha y ella tampoco tenía muy buena expresión. Parece que esto de los motoristas entregando cartas a domicilio no es muy buena idea. […]