—Debes creer en mí, aunque me cueste trabajo explicarte ciertas cosas, Alicia. Supongo que tú no notas nada. —¿Yo? Gracias a Dios, nada en absoluto. —Pues entonces, me alegro por ti —dijo la jovencita mientras que depositaba su mano sobre el hombro izquierdo de la otra mujer—. En mi caso, […]