—Guardia, id a cocina y que corten unas cebollas; traédmelas enseguida —ordenó con nitidez fray Bernardo. —Sí, mi señor El dominico, sombrío, siguió rumiando sus pensamientos. En su terquedad no cabía dar por buena la versión que acababa de oír de labios de la monja. Se dejó caer en una […]