—Efectivamente —afirmó Concepción —. Además, ¿qué otra cosa hubiésemos podido hacer? Estábamos sometidas a una presión extrema. Nuestro propio confesor se retorcía de dolor en el suelo y medio inconsciente, se veía abocado al más trágico fin, con esos bubones pestilentes que solo anticipaban una muerte segura entre terribles dolores […]