» Tras ese inenarrable momento de serenidad y de afecto, mi madre me deslizó en el oído lo siguiente: “Hija mía, somos inmortales. No desees para ti lo que Dios no quiere para ninguno de sus hijos. Vuelve a la vida y recomponte. Olvida tus preocupaciones. Yo cuidaré de tu […]