—Pero… ¡si aquí todas vestimos igual! —expresó Verónica mientras se tentaba las ropas—. Bueno, no pasa nada, ya veo que ninguna de vosotras tenéis remedio. Y tú, Ana la menor, ¿cómo te encuentras? Llegaste un poco antes que yo a este lugar. ¿Te has acostumbrado a la vida monástica? —Poco […]