—Buenos días, doña Verónica —saludó la desconocida mientras que inclinaba su cuerpo ligeramente ante la muchacha—. Soy la madre Juana, superiora de este convento. Vuestro padre me encargó que, por deferencia a vuestra familia y a lo que representáis para esta humilde orden, fuese yo quien os recibiera. Que nuestro […]