—Solo pronunciaba el nombre de aquel que te ha estado incordiando desde tu adolescencia —aclaró con serenidad la mujer—. Para ti, habrá sido un auténtico calvario. Disponer de este «amigo» tan peculiar las veinticuatro horas del día y sin que tú le llames ha debido resultar agotador. Qué agobio, ¿no? […]