—¿Está usted bien, don Sergio? Pero… ¿qué diablos ha ocurrido? —preguntó uno de los celadores. —Sí, sí, estoy bien, aunque me he dado con la espalda en el suelo. ¡Vaya susto que me he llevado! Por favor, conservemos la calma… —Se lo advertí, psicólogo —intervino Martín—. No juegue con él. […]