—¡Levántate, desgraciada! —ordenó la Madame poseída por la furia—. Me hiciste perder un montón de dinero con tu marcha y eso, aún no lo he olvidado. Y todo por querer favorecerte, porque me daba pena de ti, porque incluso me acordaba de tu madre y de nuestros años juntas. ¡A […]