—Pero… bueno… ¿qué horas son estas? —afirmó una joven con cara de sueño y enfado—. ¿Es que no ha visto usted el horario en la puerta, por Dios? —Perdona, Jessica. Buenos días. ¿Cómo estás, amiga? —Pero… ¿cómo es posible? Qué cambiada estás, cariño. ¿Qué diablos te pasó? Ay, mi Eva. […]