Tras unos interesantes segundos de hacer cálculos en el papel, el empresario tomó de nuevo la palabra: —Caramba, es sorprendente. Con estos datos en la mano, tendría que desembolsar por ti unas seiscientas mil pesetas. Chica, eres un auténtico tesoro de valor incalculable. —Y creo que te has quedado corto. […]